
El videopodcast emergente que se caracteriza por la presencia de plantas, neón y ladrillo visto, pero —sobre todo— por tener en set sofás con mucho fondo (los tendrían de oferta en algún almacén para mayoristas), de modo que la postura del presentador siempre imita a un plátano, a un escriba egipcio, a un reloj derretido de Dalí. Añaden a la pose el clásico gesto la mano debajo del mentón con el índice junto a la mejilla, sugiriendo una escucha activa. A veces creo que están pensando en otra cosa, a tenor de los goles que les meten sus invitados.
Nos topamos con un sinfín de ‘videopodcast’ donde se le da pábulo a datos y opiniones que ni se contrastan ni se confrontan. Y tragamos como ocas en fábricas de paté
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Nos topamos con un sinfín de ‘videopodcast’ donde se le da pábulo a datos y opiniones que ni se contrastan ni se confrontan. Y tragamos como ocas en fábricas de paté


El videopodcast emergente que se caracteriza por la presencia de plantas, neón y ladrillo visto, pero —sobre todo— por tener en set sofás con mucho fondo (los tendrían de oferta en algún almacén para mayoristas), de modo que la postura del presentador siempre imita a un plátano, a un escriba egipcio, a un reloj derretido de Dalí. Añaden a la pose el clásico gesto la mano debajo del mentón con el índice junto a la mejilla, sugiriendo una escucha activa. A veces creo que están pensando en otra cosa, a tenor de los goles que les meten sus invitados.
Mi tipo favorito de podcastes aquel en el que los participantes se ríen a carcajadas, pero de esos no hay tantos. Me gustan los que exploran algún tema en profundidad, pero es aquí donde la mayoría se estrellan; en vez de compartir conocimientos, vomitan datos curiosos hilvanados sin orden ni concierto tras patearse el resto de podcast del mismo tema, y de ahí las construcciones y malas traducciones que sufrimos a diario en todas partes: el “eventualmente” y el “actualmente”, el “abusivo”, el “controversial” y el “delusional”, por no hablar de todas esas palabras anglosajonas que tienen un equivalente (anterior y preciso) en nuestro idioma. Pero no le vas a pedir peras al olmo de la viralidad.
Me recomiendan a menudo podcasts sobre temas que me interesan. Rarísima vez me encuentro con algo que no sean miradas a cámara y una voz adelantándome que voy a escuchar “lo que nadie quiere que sepas”. Tanto si se trata de podcast sobre temas ignotos (tan ignotos como la génesis de Toy Story) o de cháchara insustancial (donde no se ríe nadie, ni siquiera ellos), hay una puesta en escena que te advierte de la calidad del videopodcast: Hombre o mujer solo frente a la cámara con muñecos funkos de fondo. Hombre o mujer haciendo el escriba con el dedo índice sobre la mejilla. “Cinco cosas que no te habían contado sobre vivir en Yakutia. Uno: hace mucho frío”.
Tiene gracia que en las épocas en las que menos se lee haya tanta gente interesada en escribir o en transmitir ideas, porque a priori para transmitir algo primero hay que conocerlo. Y como hay tanta gente sin pudor, nos topamos con un sinfín de videopodcast donde se le da pábulo a datos y opiniones que ni se contrastan ni se confrontan. Y tragamos como ocas en fábricas de paté.
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