Mucha luz, colores saturados, el turismo como una forma de consumo global y personajes auténticos que no temen caer en lo vulgar. La huella del fotógrafo británico Martin Parr es tan reconocible que pronto se hizo inevitable su encuentro con otro fenómeno único en su especie: Benidorm. La ciudad se convirtió ya en los años noventa en la musa de uno de los miembros más ilustres de la agencia Magnum, el gran cronista del costumbrismo contemporáneo. Desde entonces, el irrepetible ADN de la ciudad alicantina no ha dejado de inspirar a cineastas, escritores y a creadores televisivos. Los más recientes son los responsables de la serie policiaca Benidorm is Murder, que acaba de estrenar la televisión británica con buenos registros de audiencia. El proyecto, conectado con el grupo español iZen y con la cadena pública alemana ZDF, tiene la mirada puesta en el mercado internacional, con vistas a estrenarse próximamente en España y en otros países europeos.
Del objetivo de Martin Parr a la imaginación de creadoras como Isabel Coixet y Esther García Llovet, la irrepetible ciudad alicantina es ahora el marco de ‘Benidorm is Murder’, ficción británica con la mirada puesta en el mercado internacional
Mucha luz, colores saturados, el turismo como una forma de consumo global y personajes auténticos que no temen caer en lo vulgar. La huella del fotógrafo británico Martin Parr es tan reconocible que pronto se hizo inevitable su encuentro con otro fenómeno único en su especie: Benidorm. La ciudad se convirtió ya en los años noventa en la musa de uno de los miembros más ilustres de la agencia Magnum, el gran cronista del costumbrismo contemporáneo. Desde entonces, el irrepetible ADN de la ciudad alicantina no ha dejado de inspirar a cineastas, escritores y a creadores televisivos. Los más recientes son los responsables de la serie policiaca Benidorm is Murder, que acaba de estrenar la televisión británica con buenos registros de audiencia. El proyecto, conectado con el grupo español iZen y con la cadena pública alemana ZDF, tiene la mirada puesta en el mercado internacional, con vistas a estrenarse próximamente en España y en otros países europeos.
La ficción de Channel 5 no tiene muchas ambiciones creativas más allá de ser entretenida y, a su vez, única en un océano de series similares. Quiere ser una de esas propuestas de cosy crime, ideal para ocupar horas y horas en las cadenas de TDT, que sea inmediatamente reconocida por el espectador cuando haga zapping. La premisa es de lo más corriente. Es un Crimen en el paraíso, pero en otra costa. De hecho, comparte guionista con esa exitosa producción de la BBC, Ian Jarvis.
La trama se centra en un exdetective británico algo atormentado, que dejó el cuerpo policial para mudarse a la costa española y regentar un bar para expatriados como él. Sin quererlo, se ve envuelto en la investigación de las muertes de turistas en la zona, junto a la camarera del local, una apasionada de las historias de crímenes reales. Él, a diferencia de lo que ocurre en otros relatos televisivos del género, no tiene ninguna gana de descifrar misterios.
Los creadores de esta historia se apoyan en la personalidad arrolladora de su escenario, un Benidorm que la gran masa de espectadores a la que va dirigida puede identificar en apenas segundos. Una de las productoras que ha impulsado el proyecto, Capperboard Studios, forma parte del grupo español iZen, por lo que el equipo técnico de la serie que ha rodado en la costa alicantina es enteramente local. “Gracias a Benidorm podemos crear personajes extraños, entusiastas y excéntricos que viven su vida de una manera muy auténtica y honesta en un lugar que les posibilita hacerlo, porque les permite ser como quieran ser”, comentaba el protagonista a EL PAÍS, el actor John Hannah, una de las estrellas de Cuatro bodas y un funeral, durante la presentación el pasado julio de esta nueva ficción en el festival Italian Global Series.
En el Benidorm actual sigue vivo el espíritu de Pedro Zaragoza, el alcalde más visionario del lugar. Llegó en los años cincuenta a la alcaldía de forma interina, con la idea de permanecer en el cargo unas semanas. Se quedó más de 15 años. En ese tiempo, construyó la ciudad disparatada tal y como la conocemos. Potabilizó y escolarizó la ciudad, alentó la construcción en vertical, viajó a Madrid en Vespa para seducir a Franco y convencer al dictador de legalizar el biquini, envió cajas de vino local —que llamaba “sol embotellado”— a la reina de Inglaterra, impulsó que su festival de música se pareciera al famoso San Remo y estableció relaciones diplomáticas con Laponia para atraer al turista del norte. Pedro Zaragoza logró que el enclave costero se convirtiera en ese “lugar donde nos relajamos y perdemos las inhibiciones”, como lo describía el recientemente fallecido Martin Parr.
“Grabando el día a día de la ciudad, con gente que no son actores, para incluir las imágenes en la serie, ya nos aseguramos de que la historia tuviera mucha verdad. Sale gente bebiendo, en la playa o quedándose dormida mientras toma el sol”, revela el director de la serie, Simon Delaney, quien también lo ha sido de Crimen en el paraíso.

Una ciudad poética y mundana
“Benidorm es una ciudad chicle que crece y decrece, que muta y cambia y se hace poética y mundana y sofisticada y chabacana”, dice de ella la directora Isabel Coixet. Su película Nieva en Benidorm(2020)está protagonizada precisamente por uno de los actores británicos más sólidos y reconocidos, Timothy Spall, el hombre que ha dado rostro en pantalla a varios iconos de su país, desde el primer ministro Winston Churchill hasta el pintor Turner. En la película de Coixet, rodada en inglés, interpreta a otro cliché nacional: hombre gris que trabaja en un banco y que se muda al sol mediterráneo tras lograr una jubilación anticipada. “De noche, en invierno, las palmeras y sus edificios casi vacíos son como extras de una adaptación al cine de una novela de J. G. Ballard”, explicaba en su momento la cineasta, cuando en 2021 expuso un fotoensayo creado durante el rodaje de su película, dentro de la programación de PhotoEspaña.

Lo curioso (o no tan curioso) del relato de Coixet es que la ciudad alicantina sirve de escenario perfecto para construir una intriga mucho más sombría de lo que el sol y la playa parecen anunciar. Esa identidad soterrada es la que también sedujo a la autora Esther García Llovet para escribir la novela negra Spanish Beauty (Anagrama), publicada en 2022, primera entrega de su Trilogía de los países del Este. Su protagonista, una policía corrupta a un paso del nihilismo más absoluto, se mueve en un Benidorm lleno de pillos y personajes al margen, mafiosos ingleses, rusos millonarios, billares cutres y rascacielos a medio construir. La autora pasó unos días en Benidorm en 2019 para elaborar un reportaje para EL PAÍS sobre gente que vivía en lo alto de los rascacielos. Se dio cuenta de inmediato de que el trasfondo de la ciudad era perfecto para una historia de intriga. Por varias razones, resulta el espacio idóneo para retratar personajes heridos.
“Es el Mulholland Drive español”, dice la autora a este periódico en conversación telefónica, en referencia a la extraña película del siempre singular David Lynch. “Parece un lugar luminoso, dirigido al ocio, pero pronto te das cuenta de que hay algo más. Se crean grandes contrastes: entre la gente que está de paso y los que viven allí todo el año; entre sus habitantes más acomodados y la gente de a pie”, explica. La escritora siguió explorando la ciudad en sucesivas visitas, para crear su novela y más tarde para preparar una adaptación cinematográfica del texto que no llegó a ver la luz. Se pasó días caminando y charlando con la gente por la parte trasera de Benidorm, alejada de la gran fachada en torno a la playa, “donde el paisaje ya es casi como el de un wéstern”, define. Habló con camareros, “de esos que son una fuente ingente de conocimiento”, que encierran los secretos locales y se convierten con el paso del tiempo en una guía humana sobre las personas que habitan la ciudad, de policías a traficantes. García Llovet, como la propia Coixet, también intentó captar con su cámara fotográfica la esencia de este lugar “demasiado marciano para ser considerado español”, comenta. Como es habitual en ella, una de esas imágenes ilustra la portada de su Spanish Beauty.

“Creo que la gente disfruta de los crímenes. Por supuesto, vistos desde fuera. Mirar pero sin estar allí les hace sentirse mejor y más seguros con sus vidas”, barrunta Simon Delaney, el director de Benidorm is Murder, quien también se aprovecha de la democratización social que ofrece este enclave turístico para diferenciarse de otras series del género. “El cozy crime en la literatura, el cine o la televisión suele ser un relato ambientado en lugares muy burgueses. Benidorm nos permite ser más reales, al ser en buena parte el destino vacacional soñado por la clase trabajadora”, explica. García Llovet describe a su musa como un lugar atemporal y transversal. “La gente va a divertirse y follar, así que allí siempre es verano; siempre es fin de semana en Benidorm”, insiste.
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