“El deporte no es sano, es mejor dejarlo”, solía repetir la madre de un amigo. Lo decía desde la experiencia personal: cada vez que su hijo salía de casa a correr o a jugar un partido de fútbol con los amigos, regresaba lesionado. O al menos esa era la sensación que le quedaba a ella. Que si un día la rodilla, que si otro el tobillo… Lo que la madre del chico no sabía -quizás porque ella no era deportista- era que más allá de que el ejercicio físico tenga más o menos virtudes, hay algo incuestionable: que el deporte es muy ingrato. Se puede estar toda una vida entrenando, dejarlo dos semanas y, a la vuelta del receso, encontrarse con lo desagradecido que puede llegar a ser. Y es como una bofetada.
El exjugador de fútbol sala Julio García Mera recoge testimonios de otros deportistas tras su retirada
“El deporte no es sano, es mejor dejarlo”, solía repetir la madre de un amigo. Lo decía desde la experiencia personal: cada vez que su hijo salía de casa a correr o a jugar un partido de fútbol con los amigos, regresaba lesionado. O al menos esa era la sensación que le quedaba a ella. Que si un día la rodilla, que si otro el tobillo… Lo que la madre del chico no sabía -quizás porque ella no era deportista- era que más allá de que el ejercicio físico tenga más o menos virtudes, hay algo incuestionable: que el deporte es muy ingrato. Se puede estar toda una vida entrenando, dejarlo dos semanas y, a la vuelta del receso, encontrarse con lo desagradecido que puede llegar a ser. Y es como una bofetada.
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