Entre lentejuelas, plumas, tacones vertiginosos de doce centímetros y cadenas de oro se desplegaba la colosal alfombra roja de los Premios Juventud 2026 en el Auditorio Starlite de Marbella. Aforo completo y una multitud cuyo rugido ya presagiaba la gran fiesta de la música hispana.
El actor malagueño recibió un galardón por su labor social y aprovechó su intervención en la gala para dedicar el premio a los vecinos de la ciudad de Ceuta
Entre lentejuelas, plumas, tacones vertiginosos de doce centímetros y cadenas de oro se desplegaba la colosal alfombra roja de los Premios Juventud 2026 en el Auditorio Starlite de Marbella. Aforo completo y una multitud cuyo rugido ya presagiaba la gran fiesta de la música hispana.
Tras una excitante cuenta atrás que había disparado las expectativas, Farruko irrumpió en el escenario para prender la mecha de la noche. España se rindió definitivamente al reguetón en una velada en la que el respeto entre generaciones tuvo un protagonismo absoluto. El puertorriqueño protagonizó uno de los momentos más significativos al entregar un galardón a Yandel, recordando ante el público que fue precisamente él quien le brindó su primera oportunidad en una gala de premios hace años.
Wisin recogió el testigo para impartir una auténtica cátedra de ritmo urbano. Comenzó con el clásico ‘Saoko’ y, a continuación, arrastró al público a un baile desenfrenado al compás de ‘Universidad del perreo’. El veterano artista contó con la compañía de Kapo para presentar su nuevo tema, ‘Muévelo pa mí’, reafirmando su condición de leyenda viva ante las nuevas generaciones.
Los principales ganadores de la noche fueron Shakira, Bad Bunny, Aitana, Karol G, Morat y Prince Royce.
El orgullo local y la proyección internacional confluyeron en la figura de Quevedo, absoluto triunfador de la gala tras alzarse con el galardón por su éxito ‘Yo y tú’. El canario volvió a situar a España en lo más alto después de haberse coronado recientemente como el artista español más escuchado. En los pasillos y durante el desfile de estrellas, la admiración cruzada entre ambos lados del Atlántico se hizo evidente. Numerosas voces latinoamericanas citaron de forma recurrente al isleño y a Judeline como sus artistas españoles predilectos de cara a futuras colaboraciones.
La sola presencia de la gaditana sobre el escenario para entregar un galardón provocó un murmullo unánime de admiración entre las gradas. Quevedo firmó además una de las actuaciones más aclamadas de la noche al compartir escenario con Elvis Crespo para interpretar por primera vez en directo ‘La graciosa’. Inmediatamente después, Las Kuatro pusieron a bailar a todo el auditorio con la energía veraniega de ‘Al golpito’.
El momento más reflexivo y solemne de la gala llevó la firma de Antonio Banderas. En su tierra natal y visiblemente emocionado al recoger su reconocimiento como ‘Agente de Cambio’ por su labor filantrópica, el actor malagueño compartió una reflexión sobre los riesgos de la libertad individual: «El peligro de la libertad individual es la agresión que se ha de sufrir al tener la capacidad para hacer frente a los que no les conviene tu opinión o tu resistencia a ser manipulado».
Banderas advirtió a los jóvenes sobre el peligro de la manipulación y les invitó a no quedarse en la superficie de las redes sociales, sino a buscar la verdad escuchando a todas las partes de un conflicto. En declaraciones a EL MUNDO, el actor señaló: «Esta noche me gustaría dedicarles el premio a los ceutíes para que se les permita regresar a lo que ellos son, una ciudad muy bella de cuatro religiones, multicultural, en paz. Y eso es lo que reclaman ellos de nuevo».
La elegancia atemporal y la nostalgia pop alcanzaron su cumbre en la gala con la reaparición de La Oreja de Van Gogh, que recogió el galardón ‘Agente de Cambio’ por sus tres décadas de trayectoria. Xavier San Martín caminaba sonriente por la alfombra roja y aseguraba, con complicidad, que a Amaia Montero «ya no la sueltan más», mientras la cantante deslumbraba con el magnetismo propio de una gran estrella de Hollywood.
Su discurso, en el que recordó aquel juego que comenzó en la universidad, concluyó con una ovación atronadora, justo después de regalar una interpretación de ‘Rosas’ que puso a bailar a figuras como Marc Anthony y al propio Quevedo, incapaces de resistirse a corear el clásico. La complicidad patria también brilló con la presencia de Marta Sánchez y Carlos Baute, cuyo reencuentro evocó de inmediato aquellas «noches mágicas de Marbella» que marcaron a toda una generación.
El glamour caribeño tomó el recinto con la entrada de Marc Anthony, distinguido también como ‘Agente de Cambio’ por su incansable labor social. Al ritmo inolvidable de ‘Valió la pena’, el suelo de Marbella retumbó con el despliegue de caderas y tambores de una leyenda que hizo erupción sobre el escenario y terminó profundamente emocionada ante los coros del público, que reclamaba una canción más.
El tono de la velada cambió de piel con la llegada de Christian Nodal. Su ranchera mexicana dejó estampas de parejas abrazadas y lágrimas contenidas en una masa de asistentes completamente entregada al sentimiento azteca.
Andalucía también sacó pecho de la mano de Manuel Carrasco, que contagió a las gradas con su garra, mientras Ana Mena elevaba la temperatura con un despliegue de actitud, coreografía e impacto escénico al ritmo de ‘Pa ti toa’. Ya en el tramo final, el pop rock de Morat inyectó una dosis extra de adrenalina gracias al estribillo inmortal de ‘Besos en guerra’.
El sabor caribeño de Elvis Crespo devolvió la fiesta al auditorio antes de que la noche se despidiera definitivamente entre acordes de merengue y dembow. Fue el broche de oro para una gala de fusión que supo unir la frescura de las nuevas generaciones con la trayectoria de las grandes leyendas.
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