Afianzar el hábito lector en la infancia es un trabajo diario, tanto como hacer deporte para estar sano o lavarse los dientes para prevenir caries. Pero no es un esfuerzo que los niños deban hacer solos una vez que comienzan a tener fluidez, sino todo lo contrario. “Cuando los menores empiezan a leer, sobre los seis años, no son autónomos; somos los adultos quienes debemos transmitirles el gusto por la lectura”, sostiene Nadina Gómez-Merino, doctora en Lectura y Comprensión e investigadora del grupo ERI Lectura, de la Universidad de Valencia, dedicado a promover el estudio de la lectura.
Promover la lectura en voz alta cuando los adultos realizan distintas tareas del hogar, dialogar con ellos sobre los textos, respetar sus tiempos y apoyarles cuando se frustren son algunas de las recomendaciones para que no se pierda esa práctica diaria entre los seis y los nueve años
Afianzar el hábito lector en la infancia es un trabajo diario, tanto como hacer deporte para estar sano o lavarse los dientes para prevenir caries. Pero no es un esfuerzo que los niños deban hacer solos una vez que comienzan a tener fluidez, sino todo lo contrario. “Cuando los menores empiezan a leer, sobre los seis años, no son autónomos; somos los adultos quienes debemos transmitirles el gusto por la lectura”, sostiene Nadina Gómez-Merino, doctora en Lectura y Comprensión e investigadora del grupo ERI Lectura, de la Universidad de Valencia, dedicado a promover el estudio de la lectura.
Entre los seis y los nueve años se desarrollan las bases que permiten decodificar los mensajes para pasar al siguiente paso, la comprensión lectora de un texto, según explica Gómez-Merino. “Cuando adquieren esa fluidez de lectura, los menores dejan de preocuparse por la rapidez con la que leen para adquirir otras habilidades, como comprender lo que les transmite el texto, y es en ese momento cuando se descubren las carencias si no ha habido un acompañamiento previo”, detalla. “Cuando llegan a un examen y se dan un batacazo, ahí se ve que la lectura no ha sido efectiva y no ha cumplido su rol esencial: el del aprendizaje del vocabulario”, apunta la docente.
Según la última encuesta de 2025, titulada Hábitos de lectura y compra de libros en España, con los datos que publica la Federación de Gremios de Editores de España en colaboración con el Ministerio de Cultura, en el último lustro los lectores de seis a nueve años han disminuido un 10%. Es decir, son menores que fuera del colegio no dedican un rato de su tiempo de ocio a la lectura. Para Gómez-Merino, también coautora del libro Aprender a enseñar y a escribir. Cómo aplicar evidencias científicas sobre el aprendizaje de la lectura y la escritura (SM, 2024), hay dos elementos esenciales para que adquieran esa rutina de lectura a estas edades: acompañar al menor que está aprendiendo a leer y la exposición diaria a la lectura porque, según señala, “es importante que aprendan que la lectura sirve como instrumento, no solo de entretenimiento, sino también de aprendizaje”.
Para implantar un hábito lector diario, la doctora recomienda que se busquen “oportunidades de lectura compartidas” más allá del cuento antes de dormir. Por ejemplo, que acompañen a los padres a hacer la compra y que ellos lean la lista o que enumeren los ingredientes de la receta de un libro en vez de ver el proceso en un vídeo. Para ella, esos son momentos donde el menor puede comprobar que la lectura es más que un instrumento para entretenerse. Y, sobre todo, aconseja “que las familias no se empeñen en leer al pie de la letra una historia. Si el interés del niño es el sombrero de un personaje, quizás no continuemos la historia, pero vamos a hablar sobre ese comentario del niño”, indica.

Esther Miguélez, con más de 55.000 seguidores en su cuenta de Instagram @profeestherconh, es profesora de los primeros cursos de Primaria en el colegio Gredos San Diego de Alcalá, en Alcalá de Henares (Comunidad de Madrid). Ella coincide con Gómez-Merino en que el acompañamiento por parte de un adulto es esencial a estas edades para que adquieran los hábitos de lectura, porque comprueba en el aula que no existe un rechazo hacia la lectura, sino más bien frustración. “A los niños les gusta leer y coger cuentos, pero cuando algunos sienten que van más despacio que sus compañeros empiezan a desconectar”, explica. Para ella, se confunde “lo que es leer con decodificar”, añade.
La evidencia científica apunta a que el mejor método para aprender a decodificar es el fonológico, el que enseña la relación entre los sonidos y las letras, detalla Gómez-Merino. Pero no todos los niños están preparados a la vez para aprenderlo. “Unos niños maduran a últimos de Infantil y otros lo hacen en primero de Primaria”, indica Miguélez, para quien es importante que las familias entiendan que la etapa de Infantil no tiene como objetivo que los niños lean: “Lo que necesitamos es que desarrollen las bases, la conciencia fonológica y el vocabulario y que tengan el interés de familiarizarse con el vocabulario escrito”.
La lectura como una experiencia (y sin pantallas)
La docente, nominada dos veces a los premios Educa Abanca al mejor profesor de España, cree que es importante levantar la autoestima a esos niños que van más despacio, acompañar, respetar sus tiempos y no dramatizar. Como ejemplo, no recomienda tener como rutina la lectura de tres capítulos todas las noches porque puede funcionar un día, pero otro no. “No todos los niños leen lo mismo y lo importante es entender la lectura como una experiencia y no como un castigo”, valora. Otro de los consejos que ofrece es la lectura en voz alta, por todos los beneficios que aporta para la conciencia fonológica y la comprensión lectora. “Hay niños que saben leer el texto, pero no saben responder a preguntas como qué ha pasado o quién es el personaje principal”, explica, y considera que el uso cada vez mayor de la tecnología por parte de los menores “hace que pierdan la concentración y la comprensión en una lectura un poco más extensa”.
El estudio PASOS (Physical Activity, Sedentarism and Obesity in Spanish Youth), elaborado entre 2023 y 2025 por la Fundación Gasol con alumnos entre los 8 y los 12 años, apunta a que solo en tres años el uso de las pantallas ha aumentado en más de 11 horas a la semana. Gómez-Merino explica que, durante el proceso de lectura, se realiza un “esfuerzo cognitivo” donde se desarrollan “habilidades como el lenguaje y la atención en un largo periodo de tiempo”. Pero con las herramientas digitales lo que obtienen los menores es “un reforzador que resulta placentero a una velocidad muy grande”, lo que entra en conflicto con la lectura, una actividad que requiere paciencia, detalla. En relación con esto, la doctora destaca que a estas edades la lectura es esencial llevarla a cabo en papel, tal y como recomiendan los estudios científicos. También que exista en casa una exposición diaria a la lectura, que haya libros a su alcance y que se hable de esas lecturas. “Los niños deben disfrutar desde pequeños con la lectura, que perciban que es una actividad placentera, porque de esa forma se genera la motivación”, concluye Gómez-Merino.
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