Las películas deportivas no suelen ser tan crudas. Corredora, mucho más que una película sobre el atletismo, es una obra que se adentra en la dicotomía entre el desequilibrio y el equilibrio asociados al deporte de alta competición: en ocasiones ayuda, sostiene e impulsa las personalidades; otras, las aprieta, las trastorna y las destruye. Lo hemos visto no pocas veces en el profesionalismo. Y lo hace, como otro de los títulos españoles estrenados este viernes, A la cara, a través de un estilo radicado en el rigor formal y la contención.
La directora debutante aborda la caída en desgracia de una atleta con una puesta en escena reglada por la distancia y el encuadre preciso, sin grandes alardes de movimientos
Las películas deportivas no suelen ser tan crudas. Corredora, mucho más que una película sobre el atletismo, es una obra que se adentra en la dicotomía entre el desequilibrio y el equilibrio asociados al deporte de alta competición: en ocasiones ayuda, sostiene e impulsa las personalidades; otras, las aprieta, las trastorna y las destruye. Lo hemos visto no pocas veces en el profesionalismo. Y lo hace, como otro de los títulos españoles estrenados este viernes, A la cara, a través de un estilo radicado en el rigor formal y la contención.
Su directora, la novel Laura García Alonso, ha puesto su ojo punzante y sus métodos austeros en una adolescente de categoría juvenil, corredora de 800 metros, que aspira al triunfo no solo desde la constancia y el trabajo; también desde el ímpetu, la soberbia, la seguridad en sí misma y una cabeza tan alta y una mirada tan altiva que roza el precipicio de la estabilidad personal. La clave, y ahí se mueve la película desde que sufre un brote psicótico con delirios, está en si necesita un psicólogo o un psiquiatra. Y García Alonso, al lado de Pol Cortecans en el guion, reflexiona con sentido acerca de, por un lado, el tratamiento farmacológico, y por otro, la ayuda familiar.

La directora aborda la caída en desgracia de la joven con una puesta en escena reglada por la distancia y el encuadre preciso, sin grandes alardes de movimiento, con una música disonante cercana al diseño sonoro, una fotografía tan naturalista que casi traspasa la línea de lo feísta e interpretaciones matizadas pese al evidente descontrol de sus vidas. La de la protagonista —interpretada con rotunda sequedad por Alba Sàez, abriendo desde ya las apuestas para las nominaciones al Goya de mejor actriz revelación—, y las de su hermana mayor y su padre viudo, a los que dan vida los también estupendos en el manejo del control Marina Salas y Alex Brendemühl.
En Corredora la furia de la historia brota desde dentro. No hay melodrama que valga. No hay énfasis de cámara ni interpretativo. Y conmueve con la información justa, dejando las explicaciones y las conclusiones a expensas de lo que quiera suponer o dictaminar el espectador. La película no es un tratado psicológico ni psiquiátrico, aunque se aborden situaciones sobre la presión y la exigencia en los entrenamientos y en la competición que puedan estudiarse en los Centros de Alto Rendimiento, donde precisamente vive la atleta en compañía de otros como ella (o no tanto), para el manejo de casos presentes o futuros.
“Supongo que desde que me puse a pensar mientras corro, me arriesgo a que se me forme en la cabeza cualquier idea, a que crezca y me revuelva las tripas y la sangre”, escribió el angry young men Alan Sillitoe en el magnífico relato La soledad del corredor de fondo, llevado al cine con maestría por Tony Richardson en 1962. Jóvenes airados como una parte de nuestros contemporáneos, con el enfado tatuado en el rictus de la frente y en el tono de voz, alérgicos a la frustración, seguramente por poderosas razones. Jóvenes solos como la chica de Corredora, expuestos a que también se les revuelvan las tripas y la sangre mientras otros los azuzan y ellos acaban de exprimirse sin tener en cuenta los límites de la ambición en ciertas personalidades. Y lo bueno de esta película es que esas dos vueltas a la pista que conforman los 800 metros podrían ser el símbolo de otras muchas cosas a esas edades, aparte del deporte. La forja de un futuro a costa de la armonía vital.
Corredora
Dirección: Laura García Alonso.
Intérpretes: Alba Sàez, Marina Salas, Alex Brendemühl, Marta Bessa.
Género: drama. España, 2026.
Duración: 92 minutos.
Estreno: 29 de mayo.
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