En la exposición Piedra de toque, en La Casa Encendida de Madrid, Cristina Garrido (Madrid, 1986) pone a conversar piezas de artistas como Dalí o Miró con objetos del Monte de Piedad para interrogarnos sobre el valor de una obra.
En la exposición Piedra de toque, en La Casa Encendida de Madrid, Cristina Garrido (Madrid, 1986) pone a conversar piezas de artistas como Dalí o Miró con objetos del Monte de Piedad para interrogarnos sobre el valor de una obra. Seguir leyendo
En la exposición ‘Piedra de toque’, en La Casa Encendida de Madrid, la artista pone a conversar piezas de artistas como Dalí o Miró con objetos del Monte de Piedad

En la exposición Piedra de toque, en La Casa Encendida de Madrid, Cristina Garrido (Madrid, 1986) pone a conversar piezas de artistas como Dalí o Miró con objetos del Monte de Piedad para interrogarnos sobre el valor de una obra.
En su exposición se pregunta cuál es el valor de una obra de arte. ¿Cuál es su respuesta en pocas palabras? Que el valor de una obra nunca depende solo de la obra en sí. Hay muchas personas, espacios, saberes y sistemas que intervienen en cómo se construye. Además, cambia con el tiempo.
¿Cuándo supo que se dedicaría al arte? Probablemente, en un aula de la universidad a oscuras, mientras un profesor proyectaba imágenes y nos hablaba de arte contemporáneo.
¿Qué obra de arte ajena le habría gustado crear? The Clock, de Christian Marclay.
¿Hay alguna obra de arte indeseable? Hace poco, vi una obra del artista mexicano Roger Muñoz que me produjo una repulsión física tremenda. Me puse literalmente mala. La pieza, en cambio, me pareció muy buena.
Al echar la vista atrás a su trabajo, ¿cuáles diría que han sido sus obsesiones recurrentes? Tengo una obsesión por aquello que descartamos, por las cosas que dejan de tener valor y quedan fuera de circulación. También por cuestionar quién y qué decide dónde se pone el foco en el ámbito del arte.
¿Qué es lo más bonito que le han dicho sobre su trabajo? No le puedes gustar a todo el mundo.
¿Y lo más extravagante? Que un visitante me confundiera con la galerista en una feria, junto a mis trabajos, y me dijera que le parecían obra de un artista mayor.
¿Qué ha aprendido de la práctica del arte que no se pueda aprender en un libro? La experiencia vivida: aquello que no se termina de entender del todo y que pasa por el cuerpo. Eso que no queda recogido en los textos sobre las obras.
¿Qué libro tiene abierto en la mesilla de noche? La lección de anatomía, de Sara Mesa.
¿Uno que no pudo terminar? He dejado sin terminar mil veces En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust.
¿Cuál es la película que más veces ha visto? Nunca me canso de ver Heat, de Michael Mann.
Si tuviese que usar una canción o una pieza musical como autorretrato, ¿cuál sería? Spellbound, de Siouxsie and the Banshees.
¿La última serie que vio del tirón? Me ha gustado Babies, de Stefan Golaszewski.
¿En qué museo se quedaría a vivir? Sin duda, en el Musée d’Orsay en París.
¿Qué está socialmente sobrevalorado? La obsesión por ser políticamente correctos.
¿Cuál es el suceso histórico que más admira? La necesidad humana de crear imágenes.
¿Tiene algún placer culpable en materia cultural? El cine de terror de los ochenta, especialmente Creepshow y compañía.
De no haberse dedicado al arte, sería… Creo que también sería muy feliz siendo peluquera de perros.
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