Ha tenido que venir una australiana a Eurovisión para dar caché y recuperar algo de brillo a un festival sumido en la mayor crisis de popularidad de sus 70 años de historia. Su nombre es Delta Goodrem. Estrella internacional y discípula de Olivia Newton-John y de Céline Dion, su nombre se ha disparado en las apuestas oficiales desde que este jueves actuara en el Wiener Stadthalle de Viena, sede de esta edición del concurso.
Discípula de Olivia Newton-John y de Céline Dion, su nombre se ha disparado en las apuestas oficiales desde que interpretara ‘Eclipse’ en la segunda semifinal del concurso
Ha tenido que venir una australiana a Eurovisión para dar caché y recuperar algo de brillo a un festival sumido en la mayor crisis de popularidad de sus 70 años de historia. Su nombre es Delta Goodrem. Estrella internacional y discípula de Olivia Newton-John y de Céline Dion, su nombre se ha disparado en las apuestas oficiales desde que este jueves actuara en el Wiener Stadthalle de Viena, sede de esta edición del concurso.
Australia compite en Eurovisión. Lo hace desde 2015 ya que es uno de los países que más en serio se toma el festival. Y eso que la diferencia horaria hace que se emita a las 5 de la mañana en Sídney. “Australia es un país epítome de la fusión de culturas y llevamos 50 años viendo el festival. Los migrantes europeos lo trajeron consigo y el resto de la población lo abrazamos”, comenta a este periódico Clint Drieberg, reportero australiano desde Viena.
Cuando llegó la oportunidad de participar en Eurovisión, el nombre de Delta Goodrem (Sídney, 41 años) surgió como la opción más evidente. Es una estrella desde la infancia en un país que ha visto crecer a la cantante ante sus ojos en los últimos 25 años. Primero apareció en televisión como actriz de Neighbours, el longevo culebrón australiano que también alumbró en sus comienzos a Kylie Minogue, Jason Donovan, Natalie Imbruglia, Guy Pierce y Margot Robbie.
En su salto a la música, Goodrem ha vendido cerca de 10 millones de discos en todo el mundo, ha conseguido el triple platino en un mercado tan exigente como el del Reino Unido, triunfando especialmente en los países germanoparlantes, Alemania, Suiza y Austria, lo que puede ayudarle en el televoto en la final del sábado. Además, ocupar una de las sillas rojas de los coaches de La voz Australia. “Prefirió no presentarse a Eurovisión a la primera. Ella ha esperado al momento adecuado en un movimiento que ha sido brillantemente calculado”, destaca Drieberg.
La delegación australiana tenía claro lo que iba a encontrar en ella como representante en Eurovisión: “una voz inconfundible, un sonido pop de vocación cinematográfica y una imponente presencia en directo“, comentan desde Special Broadcasting Service (SBS), la cadena pública del país. Sus responsables describen la propuesta de Delta Goodrem, Eclipse, compuesta por ella misma, como un tema pensado para el escenario. “Su puesta en escena captura ese instante único e impactante en el que la luz y la sombra se funden en perfecta armonía: una metáfora de claridad, alineación y entrega total a tu propósito”.
Eclipse se clasificó este jueves, durante la segunda semifinal del concurso, para competir por el Micrófono de cristal este sábado. A medida que pasan las horas, la australiana se acerca cada vez más a Finlandia, la favorita en las apuestas oficiales. Delta Goodrem cuenta con todos los elementos de una diva del pop que llena estadios y, también, con los de una ganadora de Eurovisión. Por un lado, está la épica de una balada que va in crescendo, a la que se suman los delicados motivos de un piano clásico que preside el escenario. A su portentosa voz llena de efectos dramáticos le acompaña un coro que garantiza la apoteosis final, mientras la cantante se eleva en una plataforma a lo Beyoncé. Su feroz melena rubia y las brillantes prendas de su vestuario hacen el resto.
La carrera de la cantante está íntimamente ligada a dos iconos de Eurovisión. Ha compuesto canciones para la canadiense Céline Dion, un claro referente en su carrera y en Eclipse, y ha sido la ahijada artística de la también australiana Olivia Newton-John. Con la protagonista de Grease ha compartido muchos momentos personales y profesionales. “A ambas les ha unido su biografía. Eran chicas de clase media que representaban esa idea dulce, luminosa y optimista y que acabaron convertidas desde muy jóvenes en iconos. Además, ambas han compartido una dura lucha personal con el cáncer”, apunta a EL PAÍS Michael Idato, responsable de la sección de Cultura del diario The Sydney Morning Herald.
Goodrem tuvo que compaginar el tratamiento de un cáncer diagnosticado a los 18 años con su carrera, justo en el momento en el que estaba logrando el éxito internacional con sus dos primeros discos, Innocent Eyes (2003) y Mistaken Identity (2004). “Delta es una estrella y a la vez es la chica de al lado para los australianos”, comenta Idato, quien también destaca de ella que, además de compositora, es instrumentista. “Es una de esas cantantes que sabe que debe mantenerse siempre cerca de un instrumento. Así que el piano tenía que estar junto a ella en el escenario de Eurovisión”, argumenta. “Recibió todo el reconocimiento posible siendo todavía una niña y la enfermedad hizo que madurara rápido. Le hizo entender que solo tienes una oportunidad en la vida. Por eso es una artista tan determinada. Sería bonito que ganara Eurovisión 52 años después de que Olivia lo intentara”, comenta el periodista.
Las normas del certamen impiden que Australia se convierta en anfitriona aunque gane el concurso, por lo que otro país europeo debería convertirse en la sede de la edición del 2027. “Así debe ser. Es lo lógico por diferencia horaria y la distancia geográfica”, apunta Drieberg. “Además, sería hasta deprimente para los australianos ver un Eurovisión en Sídney. Se quedaría sin ese encanto europeo que nos atrapa. ¡Perdería toda la gracia para nosotros!”, coomenta Idato.
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