<p>Lanzaba un eslogan promocional sobre su próximo estreno en cines -<i>La mujer más rica del mundo</i> (17 de abril)- que «Isabelle Huppert era más Isabelle Huppert que nunca» y la redundancia elogiosa no podía ser más obvia. Porque la diva francesa, proclamada como la mejor actriz del cine mundial, según una clasificación del <i>The New York Times</i> en 2020, no hace otra cosa en cada nueva interpretación que convertir cada personaje en <a href=»https://www.elmundo.es/cultura/cine/2023/06/15/648461a9fc6c83e1308b458d.html» target=»_blank»><strong>Isabelle Huppert</strong></a>. Es más, incluso sobre los escenarios puede llegar a ser «la sinécdoque del arte de actuar en el teatro occidental», según palabras del maestro escénico italiano <strong>Romeo Castellucci</strong>, pues ella misma encarna «el propio teatro», alaba, «se manifiesta en ella».</p>
La diva francesa presenta en Teatros del Canal la versión libre del maestro Romeo Castellucci
Lanzaba un eslogan promocional sobre su próximo estreno en cines –La mujer más rica del mundo (17 de abril)- que «Isabelle Huppert era más Isabelle Huppert que nunca» y la redundancia elogiosa no podía ser más obvia. Porque la diva francesa, proclamada como la mejor actriz del cine mundial, según una clasificación del The New York Times en 2020, no hace otra cosa en cada nueva interpretación que convertir cada personaje en Isabelle Huppert. Es más, incluso sobre los escenarios puede llegar a ser «la sinécdoque del arte de actuar en el teatro occidental», según palabras del maestro escénico italiano Romeo Castellucci, pues ella misma encarna «el propio teatro», alaba, «se manifiesta en ella».
Esa es la pretensión casi única, además de convertir cada montaje en una embriaguez estética, que el italiano presenta en su Bérénice protagonizada por Huppert, un icono también de culto como el propio Castellucci, que bien vale la hora y media del monólogo a medida que sostiene en solitario y del tirón, pese a que, tras su estreno en Francia en marzo de 2024, no fuese elevado a los altares de manera unánime por la crítica.
Se estrena ahora en Madrid, tras su desembarco en España el pasado noviembre como ingrediente estelar del festival gerundense Temporada Alta, y lo hace ocupando Teatros del Canal con las entradas ya agotadas para los tres días de función (10, 11 y 12 de abril). Un sold out al cubo, mérito de la francesa, pues en escena es ella, que recita en francés, y apenas la presencia sin texto de los intérpretes Cheik Kébé y Giovanni Armando Romano, en sus papeles de Tito y Antíoco, y de una docena de intérpretes locales como senadores romanos. E, incluso, el sonido es de nuevo Huppert, pues el artista sonoro Scott Gibbons lo ha generado a partir de procesar la voz de la actriz, que comparece entre neblinas de humo y una escenografía etérea y de hipnótica estética, y vestida por la diseñadora neerlandesa Iris van Herpen, famosa en la alta costura por fusionar moda, arte y tecnología.
La adaptación de Bérénice que ha ideado Castelluci es una versión libérrima sobre la tragedia clásica de Jean Racine, de 1671, que recoge la historia de amor entre esta princesa judía y el futuro emperador Tito, quien, después de acceder al poder tras su victoria en la primera guerra judeo-romana, es obligado, por la oposición del Senado y del pueblo romano, a renunciar a este matrimonio con una extranjera. La firme ruptura es comunicada a Bérénice por Antíoco, amigo de Tito, también enamorado de la soberana, y ella termina por abandonar la ciudad.
En un estado de desesperación, entre la verdad y la mentira de amar y ser amado, pendula la actuación de Huppert, como una figura al borde de la locura, extrema, febril, que es un registro que bien maneja la actriz de El pianista (2001) o de Elle (2016), magistral en explorar figuras entre la razón y la enajenación. Pues también la pieza de Castellucci es una transformación drástica del original, tan dado a privilegiar la potencia del universo escénico sobre el lenguaje -el mismo final de la pieza lo demuestra-. «Para una obra insuperable es necesario un intérprete radical como Isabelle para abordar uno de los textos más radicales de la historia occidental», explicó el vanguardista director en la puesta de largo. Tampoco es la primera vez que la actriz se sube a las tablas en Madrid con desafíos tales, pues ya encarnó a la María Estuardo de Robert Wilson. El espectáculo Huppert siempre promete.
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