Nos pongamos como nos pongamos, en el fútbol, como en la vida, hay racismo. Y nos pongamos como nos pongamos, el racismo no va por gradas, sino por estadística. A mayor número de personas, mayores probabilidades de que la xenofobia haga acto de presencia. Hace tiempo ya que los estadios se convirtieron en uno de los espacios favoritos para gritar contra nuestras frustraciones y miedos. Porque los insultos, en realidad, hablan de nosotros mismos y son una radiografía de un alma que se aferra a los temores más atávicos. Hay personas que tienen pavor a lo diferente, a los cambios —porque entienden que serán para peor, quizás para situarse en el lugar de lo que odian— y su manera de demostrarlo es atacando a otras personas. Seguramente muchas de ellas no se comportarían igual en otro escenario, pero en un estadio, acompañadas por una masa, con la adrenalina por las nubes, afloran muchos sentimientos primarios. Y el principal es el miedo. Pero entenderlo y aceptarlo es mucho más difícil que ponerse a gritar insultos, claro.
Alberto Edjogo-Owono reflexiona en un libro sobre fútbol, identidad y xenofobia
Alberto Edjogo-Owono reflexiona en el libro ‘Heridas en la piel’ sobre fútbol, identidad y xenofobia


Nos pongamos como nos pongamos, en el fútbol, como en la vida, hay racismo. Y nos pongamos como nos pongamos, el racismo no va por gradas, sino por estadística. A mayor número de personas, mayores probabilidades de que la xenofobia haga acto de presencia. Hace tiempo ya que los estadios se convirtieron en uno de los espacios favoritos para gritar contra nuestras frustraciones y miedos. Porque los insultos, en realidad, hablan de nosotros mismos y son una radiografía de un alma que se aferra a los temores más atávicos. Hay personas que tienen pavor a lo diferente, a los cambios —porque entienden que serán para peor, quizás para situarse en el lugar de lo que odian— y su manera de demostrarlo es atacando a otras personas. Seguramente muchas de ellas no se comportarían igual en otro escenario, pero en un estadio, acompañadas por una masa, con la adrenalina por las nubes, afloran muchos sentimientos primarios. Y el principal es el miedo. Pero entenderlo y aceptarlo es mucho más difícil que ponerse a gritar insultos, claro.
Heridas en la piel (geoPlaneta) es el libro en el que el exfutbolista profesional y periodista Alberto Edjogo-Owono recoge las historias de varios futbolistas que sufrieron el racismo, que se enfrentaron a él y que, con su actitud, ayudaron a la sociedad a progresar. Como el día en el que el brasileño Taison, jugador del Shakhtar Donetsk, harto de los insultos que estaba recibiendo, agarró el balón, lo lanzó contra la grada de la hinchada del Dinamo de Kiev y les dedicó una peineta. O la noche en la que Pierre Webó, técnico del Basaksehir turco, demostró la importancia del lenguaje y las palabras y encontró el apoyo de Mbappé, Neymar y Marquinhos para suspender el encuentro. Edjogo-Owono abarca también el dilema sobre si se debe seguir jugando aún a pesar de los insultos, la presencia de los grupos de radicales en las gradas o la lamentable tradición internacional de lanzar plátanos a los jugadores africanos. Un libro sobre referentes y avances. Una invitación a la reflexión sobre cómo será el racismo para las personas anónimas si los futbolistas lo sufren así.
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