De los tablaos que proliferan en Madrid y de tantos que cerraron, el Corral de la Morería es de los que acumulan mejor prestigio. Durante años se repartió el primer puesto con Zambra, pero éste desapareció en 1975 y el Corral de Blanca del Rey tomó la corona. Ahora que escribo el nombre de la estupenda bailaora Blanca del Rey conviene decir que ella es la fundadora, junto a su marido, Manuel del Rey, de este rincón del centro de la ciudad donde el flamenco vive. El Corral abrió en 1956 y esa noche salió a cantar Pastora Imperio, que andaba ya de retiro y penumbra voluntaria. Aquí vi por penúltima vez a Enrique Morente cuando convocó una de sus fiestas de presentación de cartel el Festival del Cante de Las Minas, que entonces dirigía con brío Francisco Bernabé y hoy capitanea con pulso bueno Joaquín Zapata.
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De los tablaos que proliferan en Madrid y de tantos que cerraron, el Corral de la Morería es de los que acumulan mejor prestigio. Durante años se repartió el primer puesto con Zambra, pero éste desapareció en 1975 y el Corral de Blanca del Rey tomó la corona. Ahora que escribo el nombre de la estupenda bailaora Blanca del Rey conviene decir que ella es la fundadora, junto a su marido, Manuel del Rey, de este rincón del centro de la ciudad donde el flamenco vive. El Corral abrió en 1956 y esa noche salió a cantar Pastora Imperio, que andaba ya de retiro y penumbra voluntaria. Aquí vi por penúltima vez a Enrique Morente cuando convocó una de sus fiestas de presentación de cartel el Festival del Cante de Las Minas, que entonces dirigía con brío Francisco Bernabé y hoy capitanea con pulso bueno Joaquín Zapata.
El Corral de la Morería es el Museo del Prado de los tablaos. Igual bailaron Antonio Gades y Mario Maya que fue posible escuchar el cante largo de Fosforito. A la Fernanda y a la Bernarda de Utrera. A la Paquera de Jerez. Y después a José Mercé o a Diego El Cigala. Buena parte de lo que importa del flamenco ha ocurrido también en este espacio de tiniebla exacta, de luz concreta, de vida intensa y madrugada. Madrid acumuló algunas de las mejores sucursales flamencas lejos de Andalucía. Aquí se forjaron gargantas y leyendas. Casi todos pasaron por este pueblo grande a buscarse el sitio, a hacerse un nombre. Y los tablaos fueron la estafeta de la gloria o del olvido de los flamencos y flamencas en la segunda mitad del siglo XX. De aquella capital de la gloria del cante, Madrid con pulsos de fiebre, queda el decanato del Corral de la Morería, renovado y esencial, añejo y posmoderno. Los hijos de Blanca del Rey, Armando y Juan Manuel, dieron otra vuelta de tuerca al negocio familiar en los 2000 y sumaron la cocina y ensancharon la bodega. Cenar en el Corral de la Morería es un feliz aquelarre. Beber los vinos generosos de Jerez, entre otros, un gozo. Alguna vez en la vida, qué sé yo, conviene dejarse caer por el tablao y que la noche vuele sus puentes entre dos colirios.
Más allá de los abrevaderos para turistas con afán de pintoresquismo (que lo ponen todo perdido), el de la Morería (en el barrio de los Austrias) es un refugio de buen gusto, de buen arte, sofisticado sin perder el contraluz necesario para el flamenco y, a la vez, manteniendo la candela del rango popular. Setenta años de cante, de baile, de aventura resistente. De tanto buen pasado que le queda se hace el futuro del Corral de la Morería.
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