Si alguien tiene autoridad para hablar sobre la última pintura en Andalucía es el artista Curro González (Sevilla, 1960), quien sostiene que pintar ha significado durante muchos años «un ejercicio de resistencia». Y hace González esta afirmación en virtud de un prejuicio alimentado, en gran parte, por las instituciones públicas: «Yo he sido víctima de eso. Más de una vez me han consultado por si me incluían en una exposición y, al ver que les ofrecía mis pinturas, han pasado de largo o me han preguntado si no tenía otra cosa. Porque su criterio era que la pintura ya no le interesaba a nadie, que estaba fuera del mercado. Al mismo tiempo, muchos artistas han seguido pintando, sencillamente, porque necesitaban hacerlo», confiesa. González es, junto con Alberto Figueroa, comisario de La última pintura, la exposición que revisa en el CAAC de Sevilla el estado de la cuestión con más de 200 obras de 27 jóvenes pintores andaluces (nacidos entre 1977 y 1998) y, en un diálogo bien interesante, cinco referentes vivos y en activo pero de generaciones anteriores.
El CAAC de Sevilla reinvindica en la exposición ‘La última pintura’ a la joven escudería de artistas andaluces que renuevan el género e inventan nuevos códigos pictóricos
Si alguien tiene autoridad para hablar sobre la última pintura en Andalucía es el artista Curro González (Sevilla, 1960), quien sostiene que pintar ha significado durante muchos años «un ejercicio de resistencia». Y hace González esta afirmación en virtud de un prejuicio alimentado, en gran parte, por las instituciones públicas: «Yo he sido víctima de eso. Más de una vez me han consultado por si me incluían en una exposición y, al ver que les ofrecía mis pinturas, han pasado de largo o me han preguntado si no tenía otra cosa. Porque su criterio era que la pintura ya no le interesaba a nadie, que estaba fuera del mercado. Al mismo tiempo, muchos artistas han seguido pintando, sencillamente, porque necesitaban hacerlo», confiesa. González es, junto con Alberto Figueroa, comisario de La última pintura, la exposición que revisa en el CAAC de Sevilla el estado de la cuestión con más de 200 obras de 27 jóvenes pintores andaluces (nacidos entre 1977 y 1998) y, en un diálogo bien interesante, cinco referentes vivos y en activo pero de generaciones anteriores.
La exposición, apunta por su parte Figueroa, nació por iniciativa del CAAC para mostrar una panorámica general de la pintura andaluza contemporánea. «De inmediato nos encontramos con una efervescencia y una diversidad que hemos querido reflejar. El título La última pintura hace referencia a un testimonio presente de algo que está muy vivo, que muestra signos de un dinamismo tremendo», señala.
Entre los 27 artistas jóvenes reunidos, el visitante podrá descubrir la revisión del lenguaje del cómic en Carlos Cañadas, las evocadoras miniaturas de Fátima Calderón realizadas en rotulador sobre papel, los paisajes herederos del impresionismo de José Luis Valderde, el homenaje a Hogarth de Juan José Fuentes, la reinvención del pop en clave contestataria de Fran Baena, la radical experimentación formal de Irene Anguita, la abstracción en lucha por la forma de Julia Llerena… Por su parte, los cinco referentes mayores son José María Bermejo, Juan José Fuentes, Victoria Gil, Francisco Peinado y Juan Suárez. El criterio generacional tiene aquí, eso sí, una intención en negativo, tal y como explica Curro González: «Al reunir a artistas jóvenes con referentes mayores queríamos demostrar que la división generacional no es muy acertada. Siempre hay conexiones y cuestiones transversales, especialmente la capacidad de resistir, el empeño en seguir pintando cuando el mundo no le da valor a eso. La capacidad de diálogo entre generaciones distintas ha quedado bien contrastada».
Del mismo modo, la selección de obras y artistas (cada pintor participa en la muestra con varias piezas de distintos formatos) aspiraba a articular un discurso que no quedara «como el del típico salón de pintura». «La división por disciplinas no tiene mucho sentido en el ámbito contemporáneo, pero lo cierto es que la pintura está viviendo un momento muy interesante en Andalucía, por lo que esta atención exclusiva está justificada», mariza González. Y añade Figueroa: «Queríamos demostrar que no hay generaciones espontáneas, que la influencia de los referentes es inevitable en la formación de cualquier artista. Lo cierto es que la cantera de pintores andaluces es enorme. De hecho, muchos se han quedado fuera de la exposición. Tradicionalmente, la pintura ha tenido cierto predicamento, por accesibilidad, por comodidad o por la razón que sea, pero no siempre se ha visto con buenos ojos. Aunque al mismo tiempo la tradición pictórica nunca se ha perdido en Andalucía».
La diversidad en la nómina de artistas incluidos hace honor también a su visibilidad: «Algunos de los artistas que hemos reunido tienen una cotización notable, pero otros no la tienen en absoluto, o no trabajan con galerías. Queríamos reivindicar criterios distintos del mercado a la hora de armar la exposición. Hemos ido a conocer a estos artistas, los hemos visitado en sus estudios, los hemos visto trabajar in situ. Porque creíamos que este proyecto lo demandaba, independientemente de que los artistas pudieran tener más o menos visibilidad institucional. El mercado del arte en Andalucía es prácticamente inexistente, pero eso no ha impedido que muchos de ellos sigan pintando», apunta Curro González.
La mayoría de los artistas optan por el lienzo como base para sus obras, aunque hay otros soportes, desde el lino hasta la madera pasando por diarios y los más diversos tipos de papel. «La pintura es muy agradecida, muy natural. Puedes hacerla incluso en un cuaderno. También es muy fácil de hibridar. Aquí hemos dejado fuera a artistas urbanos, pero sí hay creadores como Andrés Aparicio que, viniendo del arte urbano, han evolucionado después hacia técnicas propias de la tradición pictórica», añade González. Ya sea tinta o acuarela, óleo o acrílico, la pintura sigue contando, y mucho, en el tablero del arte.
Arte – Noticias de arte

