Hace pocas semanas la República francesa se vistió de gala para celebrar una de las liturgias memoriales a través de la cuales más se gusta y así reafirma sus valores como si viviera aún días de grandeza: los restos del historiador Marc Bloch —miembro de la resistencia contra la ocupación nazi— entraron en el Panteón. Si alguien quiere sentir la potencia de la memoria democrática, como una evolución cívica de los rituales religiosos, debe visitar aquel edificio de estética neoclásica y ambición arquitectónica de eternidad. En España no existe un lugar igual. Imposible.
Hace pocas semanas la República francesa se vistió de gala para celebrar una de las liturgias memoriales a través de la cuales más se gusta y así reafirma sus valores como si viviera aún días de grandeza: los restos del historiador Marc Bloch —miembro de la resistencia contra la ocupación nazi— entraron en el Panteón. Si alguien quiere sentir la potencia de la memoria democrática, como una evolución cívica de los rituales religiosos, debe visitar aquel edificio de estética neoclásica y ambición arquitectónica de eternidad. En España no existe un lugar igual. Imposible. Seguir leyendo
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia
El documentado estudio de Antonio Niño muestra cómo los restos del poeta, enterrado en Collioure, han sido objeto de batalla política y cultural desde su muerte
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Hace pocas semanas la República francesa se vistió de gala para celebrar una de las liturgias memoriales a través de la cuales más se gusta y así reafirma sus valores como si viviera aún días de grandeza: los restos del historiador Marc Bloch —miembro de la resistencia contra la ocupación nazi— entraron en el Panteón. Si alguien quiere sentir la potencia de la memoria democrática, como una evolución cívica de los rituales religiosos, debe visitar aquel edificio de estética neoclásica y ambición arquitectónica de eternidad. En España no existe un lugar igual. Imposible.
No disponemos de un relato consensuado que permita identificar los grandes hombres y mujeres que encarnen para la inmensa mayoría aquello que nos dignifica como comunidad política. La Ley de Memoria Democrática se atacó como una fractura de los pactos convivenciales de la Transición y aún no sabemos qué hacer con el mausoleo del horror del Valle de los Caídos. Seguramente por ello el mejor lugar donde puede estar aquel hombre bueno, en el buen sentido de la palabra, sea en el pequeño pueblo costanero de Collioure. Como testimonio del drama del exilio. La tumba de Antonio Machado es un espejo que ilumina los problemas de España con su memoria. Así se desprende del valioso y documentado ensayo de historia cultural que ha escrito el profesor Antonio Niño.
En septiembre de 1938, en la gran revista de la intelectualidad republicana en guerra que fue Hora de España, Machado reseñó un estudio monumental: Erasmo en España, de Marcel Bataillon. El conocimiento del erasmismo substanciaba una secular tradición liberal a la que Machado se sentía inscrito. Esa tradición, como al poeta, la desterró el franquismo. Durante toda la dictadura, Bataillon fue el principal responsable intelectual de la dignificación de los restos de Machado. La principal aportación del libro es la exploración del archivo del hispanista francés que, con la confianza del hermano José Machado, asumió una misión: no permitir que los restos de Machado volviesen a una España sin democracia. Incluso durante la Transición, como evidencia su correspondencia con Alfonso Guerra.
Machado fue enterrado en Collioure el 23 de febrero de 1939. El arco temporal que analiza Antonio Niño alcanza desde ese instante de fonda emotividad hasta la visita oficial al cementerio que hizo Pedro Sánchez como presidente en 2019 —y que fue boicoteada por el independentismo catalán más grotesco—. A lo largo de estos 80 años, en especial durante la dictadura, aquel lugar de memoria fue también un territorio de batalla cultural porque Machado, por su ejemplaridad y por su poesía, fue adquiriendo una sólida centralidad en el imaginario que explica la España del siglo XX. Tanto la Real Academia como diversos ministerios de la dictadura (Fraga también, claro), activaron mecanismos intelectuales y jurídicos para reintegrar a Machado en su proyecto nacional. No coló, gracias Bataillon. Diversos grupos del exilio, a lo largo del tiempo y en la lógica de la Guerra Fría, fueron construyendo la gramática del mito y el orden de una liturgia cuya función era la legitimación de diversas posiciones antifranquistas. El año clave fue 1959 con la peregrinación de los poetas del medio siglo -ese episodio merecía más desarrollo-. Aquella jornada los niños de la guerra dieron un paso al frente para hacerse con el control el sistema literario y quisieron escenificarlo honrando la memoria de Machado.
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