<p>No hay nada que me pueda dar menos pena que las lágrimas de los millonarios. Me dieron <strong>muy poca pena </strong>en<i> El triángulo de la tristeza </i>y me siguieron dando muy poca pena en <i>White Lotus</i>.</p>
Los criptobros, las creadoras de contenido y los empresarios tecnócratas llevan una semana conectado con Susanna Griso para contarnos la odisea que están viviendo para volver a casa
No hay nada que me pueda dar menos pena que las lágrimas de los millonarios. Me dieron muy poca pena en El triángulo de la tristeza y me siguieron dando muy poca pena en White Lotus.
Esta semana la realidad ha superado la ficción y los influencers millonarios de Dubái han tenido algún que otro susto con los misiles iraníes sobrevolando la fantasía que han construido a base de reels y de fotos en sus yates y en sus piscinas de lujo.
Las imágenes y los vídeos grabados desde sus apartamentos gigantescos con el cielo de Dubái estallando han recorrido internet, como muestra quizá de lo fácil que es despertar hoy del sueño de un paraíso. Y también como muestra de que ni siquiera el más rico va a poder salvarse en el mundo contemporáneo.
Los criptobros, las creadoras de contenido y los empresarios tecnócratas llevan una semana conectado con Susanna Griso para contarnos la odisea que están viviendo para volver a casa. Una odisea llena de traslados a hoteles de lujo, todo hay que decirlo. Pero, aunque han querido tocar la fibra de la empatía, no les ha salido muy bien porque es muy difícil empatizar con una persona que reclama su nacionalidad solo cuando necesita ser rescatada. Y porque, aunque todos lleven su banderita encima, muy poco patriota es quien se va de su país para evadir impuestos.
Lo que sí que debería de darnos pena es la población civil iraní que, por si no tenía suficiente con los ayatolás y las horribles represiones que están sufriendo, ahora tienen también a los genocidas lanzándoles bombas encima. A esto se suma lo muy preocupante que es que no tengan ni siquiera internet para denunciar la cantidad de derechos humanos que seguro se están violando. Ya sabemos todos que internet es lo único con lo que la población gazatí pudo comunicarnos la barbarie.
No me alegro de las bombas en Dubái, como no me alegro de ninguna bomba en ningún sitio. Porque, además, los efectos de esas bombas también nos van a llegar a nosotros en forma no tan dañina, pero sí sangrante, con las próximas facturas y la inflación en el precio de los alimentos. Irán sabe que bastan unos misiles sobre las fantasías imperialistas de Occidente para desestabilizar la economía mundial. No hay nada bueno aquí. Pero si se puede aprender algo de todas estas lágrimas en las limusinas y en los lamborghinis que sea esto: que todos los hijos de Trump que andan por el mundo inventándose fantasías aspiracionales se despierten y se den cuenta de que nadie sale indemne del imperialismo. Ni siquiera los que se creían protegidos por él.
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