Atraído por el misterio de lo cotidiano, el periodista Javier Cáceres lleva dos décadas persiguiendo a futbolistas profesionales retirados, leyendas eternas, respetables especialistas, próceres de barrio o memorables cromos perdidos, para someterlos al autoanálisis que supone toda discriminación: “¿Podría usted pintarme su gol más importante?”. Al cabo de más de 150 encuentros con las deidades, el autor publica El gol de mi vida (Libros Cúpula), una selección de dibujos única, obra hilarante, fronteriza entre el álbum de anécdotas y el tratado de antropología.
Atraído por el misterio de lo cotidiano, el periodista Javier Cáceres lleva dos décadas persiguiendo a futbolistas profesionales retirados, leyendas eternas, respetables especialistas, próceres de barrio o memorables cromos perdidos, para someterlos al autoanálisis que supone toda discriminación: “¿Podría usted pintarme su gol más importante?”. Al cabo de más de 150 encuentros con las deidades, el autor publica El gol de mi vida (Libros Cúpula), una selección de dibujos única, obra hilarante, fronteriza entre el álbum de anécdotas y el tratado de antropología. Seguir leyendo
Atraído por el misterio de lo cotidiano, el periodista Javier Cáceres lleva dos décadas persiguiendo a futbolistas profesionales retirados, leyendas eternas, respetables especialistas, próceres de barrio o memorables cromos perdidos, para someterlos al autoanálisis que supone toda discriminación: “¿Podría usted pintarme su gol más importante?”. Al cabo de más de 150 encuentros con las deidades, el autor publica El gol de mi vida (Libros Cúpula), una selección de dibujos única, obra hilarante, fronteriza entre el álbum de anécdotas y el tratado de antropología.
No hay empresa más difícil que explicar lo evidente. Todo el mundo entiende qué es el gol. La Real Academia emplea 12 palabras: “En el fútbol y otros deportes, entrada del balón en la portería”. Abundan los sobreentendidos. La obviedad consagrada, sedimentada, popularizada, confirma que el último siglo de la humanidad ha sido el más peligroso, el más destructivo y, probablemente, el más frívolo y feliz, gracias, entre otras cosas, muy pocas, al gol. Javier Cáceres lo aprendió de su padre Gonzalo. Gonzalo Cáceres fue funcionario del Ministerio de Agricultura del Gobierno de Salvador Allende. Tras el golpe militar de 1973, salvó la vida saltando la valla de la sede de la embajada alemana en Santiago de Chile. Exiliado en Bremen con su familia, trabajó para la Deutsche Welle y colaboró para El Periódico de Cataluña y el diario Sport, aventura que le llevó a convivir varios días con Franz Beckenbauer en el Mundial de España. “Beckenbauer”, sonríe Cáceres, “se negó a dibujarme su gol hasta que le mostré una foto en la que aparecía junto a mi padre. Me dijo: ‘¡Recuerdo a ese hombre!”.

Hubo héroes, como Mario Götze, autor del gol que le dio la victoria a Alemania en la final del Mundial de 2016, que llamaron a Cáceres expresamente para inmortalizar su obra y unirse a la colección. Otros, como Uwe Seeler, goleador en cuatro Mundiales sucesivos, huyeron ante la propuesta. Cáceres, que renunció la corresponsalía de Bruselas para dedicarse plenamente a escribir de fútbol para el diario bávaro Süddeutsche Zeitung, recuerda que Bobby Charton se revolvió: “¡Nunca nadie me pidió algo así!”. Tan sorprendido como indignado, este mito viviente del equilibrio y la potencia en armonía, el mejor futbolista británico de todos los tiempos, se internó a regañadientes en el territorio inhóspito de las artes plásticas. Sir Bobby cogió el rotulador y el cuaderno, y dibujó. Su obra, un conjunto de flechas temblorosas, es, en su narración, la memoria de la liberación espiritual colectiva. Su impresionante gol a México en el Mundial de 1966 desató a Inglaterra camino de la conquista de la Copa del Mundo.
El estupor de Charlton reproduce un patrón. Los hombres se sintieron perturbados, contentos, molestos o emocionados, ante la idea de representar en un papel algo sagrado. Una vez que lo vieron publicado, los supervivientes se maravillaron por unanimidad. Chartlon murió en 2023 pero su viuda, Norma Ball, el destino es su nombre, recibió una copia del libro. “Norma me mandó un mensaje”, recuerda Cáceres. “Me dijo: ‘Su libro es un acto de amor”.
Hay psicólogos que invitan a los niños a dibujar para revelar un mundo interior de sueños y terrores que de otro modo permanecería secreto. Los encuentros de Cáceres con los autores de estas proezas físicas tienen mucho de retrato profundo y al mismo tiempo provocan risa. Una risa contagiosa, como la de los futbolistas cuando celebran el gol. Una risa sin sentido, ya que cuanto más se explican, menos explicación parece tener el valor concedido a este ritual. La sucesión de hombres adultos evocando sus goles es de un patetismo conmovedor que nos remonta al paleolítico, a la fundación de la especie humana, al primer mono que se bajó del árbol y empezó a usar los pies para correr. “Tienen una deformación profesional”, observa Cáceres. “Casi todos los goles están representados en plano cenital como si fueran dibujos en una pizarra. No existe la perspectiva. Muchos se olvidan del portero. Los porteros no existen, salvo para Xabi Alonso que recuerda y pinta las manos grandes de Dida en el penalti de la final de la Champions en 2005”.

Probablemente, la culminación del viaje sea el encuentro con O Rey. “A Pelé lo entrevisté en el Mundial de 2006, en el último turno de una serie interminable de entrevistas”, recuerda. “Él tenía que coger un avión y no tenía tiempo. Cuando le pregunté por su gol más importante, empezó a enumerarlos: el más importante, el 1-0 con Gales; el más bonito, el del sombrero contra Suecia en 1958; el más difícil, su gol 1.000 porque lo esperaba todo el mundo… Cuando le pasé la libreta para que hiciera su gol favorito, rechazó mi bolígrafo y pidió un rotulador. Pintó durante dos minutos y cuando acabó me dijo: ‘Todos mis goles fueron importantes’. Dibujó una portería con el número 1.282”.
Los expertos no se han puesto de acuerdo. Pero gracias al arte, ahora sabemos que Pelé murió convencido de haber metido 1.282 goles.
EL PAÍS
