De todos los personajes que Marilyn Monroe interpretó, el de Roslyn en The Misfits (John Huston, 1961) y el de Sugar Kane en Con faldas y a lo loco (Billy Wilder, 1959) tienen la estatura del mito. La primera es una película icono por muchos motivos, entre otros, porque fue la última de Clark Gable y de Monroe, cuyo personaje, escrito por su entonces marido, Arthur Miller, guarda claras similitudes con la actriz. Pero la borracha perdedora y descerebrada Sugar Kane de la película de Wilder responde mejor que ninguna al misterio y al genio de Marilyn, cuyo centenario se cumple el próximo 1 de junio con decenas de artículos, nuevos libros y exposiciones que confirman la modernidad de una mujer inagotable.
De todos los personajes que Marilyn Monroe interpretó, el de Roslyn en The Misfits (John Huston, 1961) y el de Sugar Kane en Con faldas y a lo loco (Billy Wilder, 1959) tienen la estatura del mito. La primera es una película icono por muchos motivos, entre otros, porque fue la última de Clark Gable y de Monroe, cuyo personaje, escrito por su entonces marido, Arthur Miller, guarda claras similitudes con la actriz. Pero la borracha perdedora y descerebrada Sugar Kane de la película de Wilder responde mejor que ninguna al misterio y al genio de Marilyn, cuyo centenario se cumple el próximo 1 de junio con decenas de artículos, nuevos libros y exposiciones que confirman la modernidad de una mujer inagotable. Seguir leyendo
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
En el centenario del nacimiento de la actriz, Sugar Kane, su personaje en ‘Con faldas y a lo loco’, demuestra la modernidad del mito


De todos los personajes que Marilyn Monroe interpretó, el de Roslyn en The Misfits (John Huston, 1961) y el de Sugar Kane en Con faldas y a lo loco (Billy Wilder, 1959) tienen la estatura del mito. La primera es una película icono por muchos motivos, entre otros, porque fue la última de Clark Gable y de Monroe, cuyo personaje, escrito por su entonces marido, Arthur Miller, guarda claras similitudes con la actriz. Pero la borracha perdedora y descerebrada Sugar Kane de la película de Wilder responde mejor que ninguna al misterio y al genio de Marilyn, cuyo centenario se cumple el próximo 1 de junio con decenas de artículos, nuevos libros y exposiciones que confirman la modernidad de una mujer inagotable.

Billy Wilder decía que Marilyn, como Greta Garbo y Marlene Dietrich, transformó el cine y, por tanto, la historia del arte del siglo XX. Su existencia estuvo marcada por la tragedia, pero en la pantalla fue una clown inimitable, una payasa triste con aspecto de bomba sexual. El rodaje de Con faldas y a lo loco, como el de The Misfits, fue una tortura para sus directores por culpa de los problemas de la actriz. Pero el propio Wilder confesó que, pese a todo (retrasos inaceptables, dificultad para retener los textos, repeticiones de tomas hasta la exasperación…), cuando Marilyn al fin acertaba todo lo demás quedaba en un segundo plano ante su incomparable talento.

Wilder y su coguionista, I.A.L. Diamond, se habían inspirado para el guion de Con faldas y a lo loco en el vodevil francés Fanfare d’Amour (Richard Pottier, 1935), que trata sobre dos hombres en paro que se visten de mujer para encontrar trabajo. Los tres personajes que interpretan Jack Lemmon, Tony Curtis y Marilyn juegan en todo momento con la idea de la feminidad como un disfraz incómodo y complejo. En el caso de los dos hombres, para descubrir en qué consiste sentirse como un objeto. En el de ella, para mostrar sus fatales consecuencias. Pocas películas de aquella época desafían con tanta inteligencia el male gaze que acuñó la ensayista Laura Mulvey y ninguna expone de forma tan brillante (y divertida) cómo bajo las capas del exagerado maquillaje de una de las mujeres más observadas y deseadas de la historia solo había mala suerte y desgracia.
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