<p>Acompañando a estas líneas hay dos imágenes de una misma actriz aunque no de una misma mujer. Para contar bien esta historia, podría haber incluso nueve. Porque en el escenario, aunque no se cambie de vestuario, <strong>Ángela Conde</strong> es Soledad de niña, de adolescente y de adulta, es su madre, la abuela Milagros, Pepita, Lola, Marisa y Candela, <strong>mujeres de cuatro generaciones</strong> en las que la intérprete va mutando a través de su voz y su cuerpo con la idea de narrar la realidad femenina de nuestro pasado (y nuestro presente) para adentrarse en el futuro que viene.</p>
Ángela Conde se desdobla en el escenario para poner en valor en ‘Todas las mujeres que habito’ a las heroínas de nuestro pasado y presente
Acompañando a estas líneas hay dos imágenes de una misma actriz aunque no de una misma mujer. Para contar bien esta historia, podría haber incluso nueve. Porque en el escenario, aunque no se cambie de vestuario, Ángela Conde es Soledad de niña, de adolescente y de adulta, es su madre, la abuela Milagros, Pepita, Lola, Marisa y Candela, mujeres de cuatro generaciones en las que la intérprete va mutando a través de su voz y su cuerpo con la idea de narrar la realidad femenina de nuestro pasado (y nuestro presente) para adentrarse en el futuro que viene.
A través de esos personajes, en Todas las mujeres que habito (Teatro Infanta Isabel, los jueves hasta el 12 de marzo), Conde «reinvindica la memoria de esas mujeres invisibles que han estado cuidando, trabajando y sosteniendo la sociedad», mujeres con quienes el teatro, asegura, tenía (tiene) una deuda.
«No se ha contado lo suficiente lo que han sostenido los hombros nuestras abuelas. Ha habido hombres escritores, científicos, que han hecho historia y que no podrían haberlo logrado sin el apoyo de una mujer. Para mí, ellas son igual de heroínas», decía Conde justificando la obra, que desde que se estrenó hace tres años en la Sala Tarambana de Carabanchel ha logrado el reconocimiento del público y de la crítica (Mejor Actriz en los festivales Filigrana y Mar de Plata en 2024 y candidata a los Max como Mejor Obra Revelación y Mejor Autoría Revelación en 2025).
En su trabajo más personal -además de ser la única intérprete es autora del texto y productora-, Conde ha aparcado a esa actriz cómica e improvisadora que atesora dentro, y con la que lleva años girando por España junto a Paloma Jiménez -con quien forma el dúo Las Raras-, para homenajear lo femenino pero «sin poner el dedo sobre nadie». «Es una obra conciliadora. Habla del perdón y de cómo nosotras hemos perpetuado ciertas cosas», puntualiza.
Sin salir en ningún momento del escenario, y con la única escenografía que compone un baúl que va cambiando de forma, Todas las mujeres que habito, con la dirección de Montse Rangel, cuenta «la historia de Soledad, una escritora de novela romántica comercial que se separa y entra en una crisis personal y profesional. Esa situación le lleva a emprender un viaje que le enfrenta al pasado, al recuerdo de su madre, de su abuela, de sus amigas…», detalla la autora.
Tirando de anécdotas personales, y de otras que le han contado, porque «en el teatro todo ha ser verdad, pero no ha de ser realidad», dice, su obra hila historias que aunque no haya vivido, asegura, habitan en ella. «Durante el proceso de escribir me fui metiendo en cada uno de esos personajes. Aunque no haya vivido en esas mujeres, eso me ha hecho entender muchas cosas, muchos comportamientos, como que los tiempos no son iguales, que las circunstancias te hacen una forma de pensar diferente a las mía… Ha sido un trabajo de empatía que me ha servido de mucho y que también conecta con el público», sostiene Conde antes de asegurar que su texto incluso ha conquistado el género masculino. «Esto es una homenaje a todas las mujeres que todos tenemos en nuestras vidas. Y todos los hombres tienen abuela… Muchos, cuando termina la obra, vienen con el corazón encogido. Y no sólo conecta con todo el mundo, sino con todas las ideologías», añade.
Aunque la obra, que comenzó a escribir en plena pandemia con la supervisión de Alejandra Jiménez-Cascón, parte de una necesidad propia de la autora -en ella hay muchas cosas que vienen de su entorno, como el perfil de sus abuelas o la chacha que cuidó a tres generaciones de su familia- también parte, dice, de una necesidad de la sociedad. «Mientras siga habiendo errejones y epsteins hay mucho que reivindicar. Y eso hablando del primer mundo. Si hablamos de otros…», dice la actriz, quien señala que aunque «se ha avanzado, queda mucho por decir».
Con el arte japonés del Kintsugi de fondo, una técnica que tiñe de oro las grietas de un objeto roto para mostrar su historia en vez de ocultarla, Todas las mujeres que habito apura sus últimos días en el Infanta Isabel entre la celebración del Día de la Mujer. Después seguirá girando por España por localidades como Hinojosa del Duque, el pueblo de la madre y la abuela de Conde, que no puede más que sentirse «orgullosa de que un proyecto pequeñito como éste llegue a tanta gente».
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