El director y guionista zaragozano Nacho G. Velilla tenía 12 años cuando secuestraron a Quini. El 1 de marzo de 1981, Enrique de Castro González, Quini, era el pichichi de la Liga. Tras un partido en el Camp Nou, el delantero del F.C. Barcelona fue raptado a punta de pistola. Sus secuestradores pidieron 100 millones de pesetas (600.000 euros) a cambio de su liberación. “Fue una conmoción en toda España. Todo el mundo pensaba que había sido ETA o el GRAPO”, recuerda ahora Velilla. Pero no. A Quini lo secuestraron tres mecánicos en paro de Zaragoza que pensaron que así podrían obtener dinero rápido y fácil. Sin embargo, no resultó ni tan rápido como pensaban ni, mucho menos, tan fácil.


Una miniserie de Movistar Plus+ recuerda, en clave de tragicomedia, uno de los sucesos más rocambolescos de la historia reciente española
El director y guionista zaragozano Nacho G. Velilla tenía 12 años cuando secuestraron a Quini. El 1 de marzo de 1981, Enrique de Castro González, Quini, era el pichichi de la Liga. Tras un partido en el Camp Nou, el delantero del F.C. Barcelona fue raptado a punta de pistola. Sus secuestradores pidieron 100 millones de pesetas (600.000 euros) a cambio de su liberación. “Fue una conmoción en toda España. Todo el mundo pensaba que había sido ETA o el GRAPO”, recuerda ahora Velilla. Pero no. A Quini lo secuestraron tres mecánicos en paro de Zaragoza que pensaron que así podrían obtener dinero rápido y fácil. Sin embargo, no resultó ni tan rápido como pensaban ni, mucho menos, tan fácil.
“Siempre me acordaré de la portada del Heraldo, una portada enorme con la foto de la liberación de Quini y que ponía ‘Quini, liberado en nuestra ciudad’. Me acuerdo de decir con mis hermanos, ¿pero esto qué es?”. Años más tarde, Velilla descubrió detalles de aquel rocambolesco suceso. “En cuanto empezamos a tirar del hilo y a documentarnos, aparecieron anécdotas berlanguianas de no dar crédito”, dice el guionista Oriol Capel. Un ejemplo: los tres secuestradores capturan al futbolista a punta de pistola; al meterlo en su coche, descubren con sorpresa que es automático y no saben conducirlo, y termina siendo el propio Quini, encapuchado, quien les explica cómo arrancarlo. “Fue real, nosotros tenemos imaginación, pero no tanta”, dicen Velilla y Capel en una entrevista por videollamada.

Ambos son los creadores de la miniserie de tres episodios Por cien millones, que Movistar Plus+ estrena el jueves 26 de marzo y que relata uno de los sucesos más peculiares de la historia reciente española. A diferencia de la mayoría de las series sobre crímenes reales, Por cien millones tiene un particular tono tragicómico. Para sus historia, Nacho G. Velilla explica que le gusta partir de una premisa dramática y una premisa cómica claras. En este suceso encontraron ambas. Por un lado, la tragedia de una familia, la del futbolista, que vivió con angustia los 24 días que duró el secuestro. Y por otro lado, la comedia que surge de situaciones absurdas como esa especie de casting previo en el que los secuestradores, repasando las revistas del momento, eligen quién será su víctima.
“Mi obsesión fue el respeto a la familia de Quini”, dice Velilla. Por eso, contactó con los hijos del futbolista para explicarles en qué consistiría la serie. Dieron su visto bueno y también fueron los primeros en verla una vez terminada. Tras el visionado, uno de los cuatro hijos del delantero, Enrique, le confesó sus sensaciones: “Me dijo, muy honestamente, que el 90% le parecía estupendo, pero que había un 10% de dolor que había sufrido”. Como explica Capel, en Por cien millones se permitieron el tono cómico gracias a que el suceso tuvo un final feliz y, pese al sufrimiento y la incertidumbre, se logró rescatar al jugador e incluso perdonó a sus captores de palabra y con hechos, condonándoles la indemnización que le tenían que pagar según la sentencia.

Una de las obsesiones de Velilla y Capel fue lograr la mayor veracidad posible. Para ello, grabaron en la misma calle donde se produjo el secuestro y donde Quini permaneció retenido, incluso en el zulo donde estuvo encerrado. “La calle donde se le secuestró era una calle privada de seis portales y no teníamos permiso para el rodaje. Afortunadamente, aún quedan vecinos de la época de Quini que le tenían mucho cariño. Celebraron un referéndum para ver si nos permitían rodar y salió que sí. Le da mucha verdad que sea el mismo portal y en las mismas circunstancias”, relata Nacho G. Velilla. Tal fue la obsesión por dotar de realidad a la ficción que incluso la televisión que los secuestradores facilitan al jugador para que vea el partido entre España e Inglaterra es del mismo modelo que la que tuvo en ese zulo.
También en el acento de los personajes buscaron esa similitud. Agustín Otón, que interpreta a Quini, trabajó dos meses con un coach para lograr el acento asturiano del delantero. En cuanto a Raúl Arévalo, Vito Sanz y Gabriel Guevara, que interpretan a los tres secuestradores, debían lograr el acento zaragozano. “Teníamos un actor, Jorge Asín, que es de Zaragoza, y le pedí que grabara los tres capítulos leyendo él a todos los personajes. Y se lo envié a los actores para que vieran cómo hablarían. Era mi obsesión, no perder la verdad”, rememora Velilla. Además, ese acento fue precisamente una de las pistas que manejó la policía en su investigación.

Por muy surrealistas que parezcan algunas situaciones narradas en la ficción, el director asegura que el 80 o 90% de lo que se muestra sobre el secuestro en la serie ocurrió así. Incluso las llamadas telefónicas de los criminales reproducen las que tuvieron lugar entonces. Donde sí se separaron de la realidad fue en la identidad de los secuestradores para respetar el hecho de que no tuvieron contacto con lo criminal antes ni después y siempre han declarado estar totalmente arrepentidos. Pero para la construcción de los personajes, se inspiraron en tres perfiles reales tal y como los describió la revista aragonesa Andalán: “Fueron de los pocos que contactaron con el entorno de los secuestradores y el titular del artículo era ‘El listo, el manitas y el torpe”, explica Velilla.
En sus tres capítulos, la serie tiene también tiempo para incluir retazos del contexto político y social. Pocos días antes del secuestro, hace ahora 45 años, había tenido lugar el 23-F. “Era una España muy dura, la España de la economía sumergida, la inflación, la crisis política, la crisis del petróleo, atentados de ETA, los GRAPO, violencia en las calles…”, rememora Capel. Y también, muestran el impacto que el secuestro tuvo en el mundo del fútbol. Algunos jugadores, como Schuster, plantearon parar la Liga, y el Barcelona reclamó 25 millones de pesetas a los secuestradores porque consideraron que el suceso les hizo perder la competición. “Imagina que esto ocurre en la actualidad y secuestran a Lamine Yamal, ¿seguiría jugándose la Liga como si no pasara nada? Porque entonces pasó”, reflexiona el director.
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