Quim Gutiérrez (Barcelona, 44 años) no ha pasado una buena noche. Uno de sus hijos lo despertó a las tres de la madrugada por una pesadilla, así que estuvo hasta el alba “cazando” arañas imaginarias. Disimula bien el cansancio. “Es lo bueno de ser actor. Se nos da bien interpretar papeles”, dice. Lleva toda su vida actuando. “De pequeño quería llamar la atención de la gente. Veía a los políticos en televisión y quería eso. Quería ser alcalde de Barcelona”, recuerda. Debutó a los 12 años en la exitosa serie Poblenou. A los 25 ganó el Premio Goya a mejor actor revelación por su papel en la comedia dramática AzulOscuroCasiNegro. Ahora, a punto de cumplir 45, se estrena como “chico Almodóvar” en Amarga Navidad, la nueva película del director manchego. Es difícil imaginar un mejor regalo de cumpleaños para un actor. “Estoy en un buen momento. Me gusta hacerme maduro. Voy perdiendo pelo por delante, pero de momento aguanto”.
Quim Gutiérrez (Barcelona, 44 años) no ha pasado una buena noche. Uno de sus hijos lo despertó a las tres de la madrugada por una pesadilla, así que estuvo hasta el alba “cazando” arañas imaginarias. Disimula bien el cansancio. “Es lo bueno de ser actor. Se nos da bien interpretar papeles”, dice. Lleva toda su vida actuando. “De pequeño quería llamar la atención de la gente. Veía a los políticos en televisión y quería eso. Quería ser alcalde de Barcelona”, recuerda. Debutó a los 12 años en la exitosa serie Poblenou. A los 25 ganó el Premio Goya a mejor actor revelación por su papel en la comedia dramática AzulOscuroCasiNegro. Ahora, a punto de cumplir 45, se estrena como “chico Almodóvar” en Amarga Navidad, la nueva película del director manchego. Es difícil imaginar un mejor regalo de cumpleaños para un actor. “Estoy en un buen momento. Me gusta hacerme maduro. Voy perdiendo pelo por delante, pero de momento aguanto”. Seguir leyendo
Quim Gutiérrez (Barcelona, 44 años) no ha pasado una buena noche. Uno de sus hijos lo despertó a las tres de la madrugada por una pesadilla, así que estuvo hasta el alba “cazando” arañas imaginarias. Disimula bien el cansancio. “Es lo bueno de ser actor. Se nos da bien interpretar papeles”, dice. Lleva toda su vida actuando. “De pequeño quería llamar la atención de la gente. Veía a los políticos en televisión y quería eso. Quería ser alcalde de Barcelona”, recuerda. Debutó a los 12 años en la exitosa serie Poblenou. A los 25 ganó el Premio Goya a mejor actor revelación por su papel en la comedia dramática AzulOscuroCasiNegro. Ahora, a punto de cumplir 45, se estrena como “chico Almodóvar” en Amarga Navidad, la nueva película del director manchego. Es difícil imaginar un mejor regalo de cumpleaños para un actor. “Estoy en un buen momento. Me gusta hacerme maduro. Voy perdiendo pelo por delante, pero de momento aguanto”.
Pregunta. ¿Qué se siente ser “chico Almodóvar”?
Respuesta. Me esfuerzo mucho por verlo con naturalidad, pero me está resultando difícil. Es difícil desprenderse de toda la mitología que rodea a Pedro y sus películas: lo esperado de sus estrenos, las opiniones contrarias que pueda generar, los premios que recibe, los castings que escoge… Una película de Almodóvar nunca es un proyecto más. Es un escaparate excepcional, el más excepcional al que puedes acceder en España. No hay mejor escaparate que una película de Almodóvar.
P. ¿Recibió una llamada de Pedro o tuvo que hacer una prueba?
R. Me llamaron para una prueba, pero no me dijeron para qué era. Había cierta aura de misterio.Cuando hay esa aura, ya sospechas que se trata de una película de Pedro. Meses después, me lo confirmaron y vino la reunión con él.
P. ¿Cómo fue esa primera reunión?
R. Fue apabullante en muchos sentidos.Adopté la posición de espectador, quería escucharlo hablar. Impresiona tenerlo enfrente. El contenido de una conversación con él es tan rica en referencias. Yo estudié Humanidades y soy un ferviente lector, así que hablamos de Emmanuel Carrère y de otros escritores que utilizan su vida para escribir ficción. Ese es uno de los temas de la película, el uso de la realidad como material de ficción y sus límites. Me impresionó su vulnerabilidad, eso me pareció enternecedor, pero no desde un sitio condescendiente. Cuando alguien es capaz de enseñarte sus heridas, te motiva a estar a la altura.

P. ¿Alguna vez se inspiró en gente que conoce para construir un personaje?
R. Como actor, no me ha pasado.Pero en las promociones, donde soy yo mismo, sí. Ahora las promociones ya no se tratan de un actor hablando de su personaje y una película. Se nos obliga a hablar de nuestra vida personal y además a contarlo de manera graciosa. Hay que ser ingeniosos, casi con dotes de stand-up. Cuando llevas muchos años en esto, se te acaba el material bueno y empiezas a tirar de material de otros. La promoción es un trabajo extra, a veces más complejo que un rodaje. Todo esto está potenciado por las redes.
P. Se rumorea que ahora se contrata a los actores por su número de seguidores en las redes. Se dice que la industria quiere actores-influencers. ¿Siente esa presión?
R. Sí, yo estoy en redes un poco a la fuerza. Yo, por voluntad propia, haría menos de lo que hago. Tengo una pequeña campaña individual de desdigitalización personal porque he probado en mis carnes que no me gusta el sitio al que me lleva. Pero sí, ahora muchas veces es más importante tu capacidad para atraer a la gente durante la promoción que tus talentos interpretativos. Muchas veces no te ofrecen un papel por tu talento interpretativo, sino por tu capacidad para resolver la promoción. Eso me parece muy injusto. Hay muchos actores que son introvertidos y me cuento entre ellos.
P. ¿Qué opina de la intrusión de los influencers en los festivales de cine y en premios como los Goya? Ha habido cierta polémica en las últimas semanas.
R. Los cambios siempre nos generan resistencia y hartazgo, pero entiendo la controversia. Yo ya lidio con dificultad con mantener mi privacidad como para convertir mi vida en el eje de mi carrera. No me interesa. Tengo muchos amigos influencers, pero jamás me metería en su pellejo. No entiendo por qué se someten voluntariamente a ese escrutinio.
P. ¿Lo invitaron a la última gala de los Goya?
R. Este año no, pero el año pasado fui. Hay muchos actores y las caras tienen que ir rotando.
P. Antes decía que las redes lo llevan a un sitio que no le gusta. ¿A dónde lo llevan?
R. Lo digital te quita de lo terrenal y creo firmemente en una vuelta a lo terrenal. A lo mejor es porque me estoy haciendo mayor y soy padre. Me alegro de que la edad y la paternidad me estén llevando a ese sitio. Estoy evaluando seriamente pasarme al dumb phone. Al fin una moda tecnológica que me interesa. Está demostrado que las redes tienen unos efectos devastadores en el cerebro. En mi casa hay una política de cero teléfonos. El smartphone se guarda en un sitio y no se coge. No se hace scroll en el sofá.
P. Durante años ha sido carne de la prensa del corazón. ¿Le han tentado para lucrarse con su vida privada?
R. ¿Te refieres a si me propusieron hacer un posado o algo así? No, siempre he dejado muy claro que no me interesa eso. De hecho, no puedo evitar recordar puntuales enfados con la prensa del corazón. A veces, me sigo enfadando.
P. ¿Lo siguen persiguiendo?
R. Sí, hace dos veranos una revista sacó un vídeo mío con mi chica y mi hijo en la playa. Directamente no he hecho más cosas con esa cabecera. Hace unos años sacaron unas fotos mías desnudo. Pleiteé y gané. No quise publicitarlo en ese momento. Ahora que han pasado los años, puedo decir que gané. Cuando eres famoso, se enfrentan dos derechos fundamentales: el de la información y el de la privacidad. Pero el derecho a la información no puede poner en el mismo saco a un tipo metido en el caso de las tarjetas black y a un actor que sale con el culo al aire. No tiene el mismo valor informativo.
P. ¿Diría que eso es lo malo de su profesión?
R. Es una de las partes más difíciles de llevar, pero, por otro lado, es necesaria porque haces un trabajo que tiene interés para el público.

P. Amarga Navidad va a competir en las salas con Torrente. ¿Le gusta ese tipo de cine?
R. Me alegro de que la gente vaya al cine, pero Torrente no es el tipo de película que me atrae.
P. Después de Almodóvar, ¿a qué se puede aspirar? Además de a repetir con Almodóvar.
R. [risas]Sí, esto lo pensamos todos. Te vas del rodaje y piensas: ¿le habré caído bien a Pedro? Intento ser cauto con mis expectativas, pero tengo sueños de grandeza.
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