Cuando el director Marc Pujolar llegó al piso barcelonés donde iba a rodar su nuevo proyecto, sintió algo casi “distópico”. “Todas las cámaras y pantallas estaban giradas en vertical”, recuerda una semana después del final de la grabación que lo ha llevado a capitanear una nueva tendencia de ficción: las microseries en vertical. Quizás esta nueva faceta no se pueda tildar de distópica, pero sí presenta algo que este realizador “no había visto” en 20 años detrás de cámaras. “Choca, pero somos usuarios de redes y es un lenguaje que conocemos”, explica por teléfono. La conversación con EL PAÍS tiene lugar poco después de rodar dos temporadas de su serie con Atresplayer en solo dos semanas, un reto maratoniano y “falto de referentes” que imponía pero que también le daba espacio para jugar y probar a “aportar algo más cinematográfico al vertical, no tan culebronesco o superficial”.
Los directores, guionistas y actores de ‘Baddie’, de Atresplayer, prueban con este nuevo formato a través de un ‘thriller’ que habla de las redes sociales y la salud mental
Cuando el director Marc Pujolar llegó al piso barcelonés donde iba a rodar su nuevo proyecto, sintió algo casi “distópico”. “Todas las cámaras y pantallas estaban giradas en vertical”, recuerda una semana después del final de la grabación que lo ha llevado a capitanear una nueva tendencia de ficción: las microseries en vertical. Quizás esta nueva faceta no se pueda tildar de distópica, pero sí presenta algo que este realizador “no había visto” en 20 años detrás de cámaras. “Choca, pero somos usuarios de redes y es un lenguaje que conocemos”, explica por teléfono. La conversación con EL PAÍS tiene lugar poco después de rodar dos temporadas de su serie con Atresplayer en solo dos semanas, un reto maratoniano y “falto de referentes” que imponía pero que también le daba espacio para jugar y probar a “aportar algo más cinematográfico al vertical, no tan culebronesco o superficial”.
A la coguionista Laia Foguet, responsable de series como Olympo, fue su amigo Marc quien le habló del proyecto. La serie Baddie, que produce la plataforma juvenil Flooxer de Atresmedia, nació pensada específicamente para aprovechar este nuevo fenómeno del microdrama. Esto es, los cambios no solo se limitaban a girar el plano, sino que tenían que construir una trama con episodios de un par de minutos. Para la primera temporada de 30 capítulos narrarían un thriller alrededor de las redes sociales y sus consecuencias.

“Yo le decía: todo esto no entra en capítulos de dos minutos, porque tenía tanto contenido como las series de 50. El reto era no quitar profundidad a los conflictos, así que, por ejemplo, hicimos la investigación más básica”, recuerda Foguet, que ha escrito el guion con Pujolar y su hermana Aura Foguet. “Cada capítulo está escrito como una escena o dos, pero todos tienen contenido, emociones y están dialogados más rápido y directo. Hay que aprovechar recursos y que todas las escenas sean potentes, sin transiciones ni demasiada explicación. Y cada uno debe acabar con un cliffhanger para que enganches al próximo”. De lo rodado en esas dos semanas, saldrá un metraje de 120 minutos, así que para la guionista siempre fue una película dividida “en la que todo el rato se va al grano”.
“Queríamos hablar de móviles y salud mental directamente a los jóvenes, porque su uso ya es un problema de salud pública. El mensaje tenía que ser sencillo, aunque no simple”, explica Foguet a EL PAÍS. En Baddie, la influencer Lucía de la Puerta interpreta a una joven que investiga qué le ha ocurrido a su hermana (Rita González), ingresada en un hospital. Mientras reconstruye el caso, descubre el efecto que han tenido en ella las redes y un alter ego conocido como Baddie. Así, la serie debate sobre conceptos de plena actualidad en la vida social y política. Entre constantes giros, en la segunda temporada, el espectador retrocederá en el tiempo para conocer la realidad de su historial en redes.

Los creadores tenían claro que el continente marcaba el contenido, que la trama justificaba el rodaje en vertical. “Tenía sentido contar así una serie que trata sobre los problemas de internet. Nos dirigimos directamente a los adolescentes, y es la manera de llegar. Además, permitía rodar conversaciones por mensaje, pantallas, directos de redes, videollamadas… habituales en nuestro mundo pero que en ficción suelen quedar forzadas. Queríamos integrarlas”, cuenta Foguet. “Ojalá con 16 años me hubieran enseñado contenido creado específicamente y que me tratara como inteligente. Es una manera de que las jóvenes piensen qué suben a Internet”, apunta Rita González, que reconoce que de primeras se resistía al formato.
“Era trabajo de ocho a ocho. En una hora rodábamos lo que se suele rodar en media jornada de una película normal”, recuerda De la Puerta, que aportaba sus consejos cuando veía que no se rodaba como ella haría en reels: “Ese trípode no está donde lo pondríamos en un directo”, recuerda que aconsejaba González, más formada en el audiovisual clásico. En vez de seis páginas de guion diarias, grababan 12. “Todo el rato sonaba ‘acción’, y es supergozoso como actriz. No había tiempo para planteárselo, había que hacerlo muy a tope y siempre en alto”, agrega.

En España todavía hay pocas productoras preparadas, pero fuera despuntan. Este tipo de producciones nacieron hace unos años en China, y en 2026 el Informe Estadístico sobre el Desarrollo de Internet del país aseguraba que 662 millones de usuarios habían visto microseries, con una tasa del 59,7% de los internautas enganchados. Y la producción crece con el uso de la IA. En EE UU, 30 millones de adultos han visto este año series verticales, según la consultora tecnológica Activate.
Económicamente, estos microdramas ingresaron en 2025 14.000 millones de dólares en el mundo, según la firma tecnológica Omnia, y aplicaciones propias como ReelShort o DramaBox tienen mayor uso diario que Netflix, Amazon Prime o Disney+, que estudian cómo incluir verticales en su entorno de usuario. Las cifras no paran de crecer, dado que la generación Z, apuntaba el informe, prefiere consumir vídeo vertical, la manera natural y equilibrada de coger un teléfono, que cada vez se gira menos salvo para ver deportes o jugar. Por eso personalidades de Hollywood como Isaa Rae apuestan por su futuro con la primera ficción propia de TikTok, Screen Time, mientras que la plataforma Peacock prueba incluso a emitir la NBA en vertical. Un lenguaje visual con limitaciones que, aunque hoy priorice romance y drama adolescentes, se adapta bien al entretenimiento y concurso, pero no tanto a superproducciones como Juego de tronos.
En España, la industria no está desarrollada, pero hay numerosas iniciativas. RTVE ha rodado el microdrama romántico juvenil Estúpido cupido que emitirá en PlayZ; la plataforma Dramyx mezcla IA y el contenido más tradicional para lanzar un servicio prémium propio; Castilla-La Mancha Televisión tiene su propio certamen para descubrir talento en el vertical a través del Festival de Almagro, y Atresplayer fue pionera con las dos temporadas de Una novia por Navidad (la primera sumó 20 millones de reproducciones) y la próxima Una choni muy legal, en Flooxer. “Es un mercado inicial y no se quedará ahí. La comedia y el romance lo copan, pero queremos probar más géneros y la no ficción, quizás el true crime”, explica Emilio Sánchez Zaballos, director de Atresplayer.
“Es un intento de ir por delante en innovación. Son nuevas vías creativas y tecnológicas que nacen de factores sociales, económicos y de movilidad. Buscamos abrir mercado y contar nuevas historias”, detalla Sánchez su estrategia. “No queremos sobresaturar el mercado como en China, sino encontrar la serie que encaje”, añade. Y todo, teniendo en cuenta que en el gigante asiático o EE UU se benefician de producción no sindicada y barata. Atresplayer quiere “mantener los estándares pese al menor coste, para ser coherente con la plataforma”, rebate Sánchez. El equipo de Baddie lo formaron unas 50 personas, los ocho actores tuvieron dos semanas de ensayos para adaptarse y hubo unos cinco localizaciones, incluyendo exteriores.

Eso llevó al equipo a encontrar complicaciones que en horizontal ni habrían planteado. “Nos dimos cuenta de que no podíamos iluminar tanto desde arriba y que el micro se colaba en plano. Al ser en vertical, hay más aire, se ve todo”, recuerda Pujolar, que tuvo que adaptarse ya en guion. “Planteábamos las limitaciones y modificábamos. No podían salir tantos personajes juntos, no podíamos movernos de localización… Había que verlo como una oportunidad, no una frustración, y se volvía divertido».

Para adaptar todo a ese lenguaje, Pujolar y el director de fotografía se pusieron semanas antes a recortar “películas de bajo presupuesto como Fish Tank” para recomponerlas en vertical de manera casera y “entender el plano y si funcionaba su composición”. “Los planos largos o de conjunto no funcionan, pero lo importante es que el espectador ni se entere de las restricciones”, reconoce. A veces, sin embargo, ayudaba a la barrera presupuestaria: “En una escena de fiesta, en vez de 100 figurantes metes 20, y ya está llena”.
Sánchez Zaballos cree que por eso “hay que buscar la historia que se adapte al formato y público. No todas valen”. El vertical es para él “una nueva narrativa en la que experimentar y aprender e irá evolucionando. El reto de las compañías es probar y adelantarse a dónde va el mercado”. El desafío de las series será tratar de retener al espectador y no perderlo antes de los dos minutos porque quiera mirar quién le escribe en Whatsapp o preguntar una duda a ChatGPT.
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