“La historia de África merece ser narrada con la dignidad que se le ha negado durante siglos”, escribe Joseph Nkongo, activista antirracista, en el prólogo de El latir de un continente (Plaza & Janés, 2026), el libro que acaba de publicar el camerunés Sani Ladán. Es la última frase con la que se encuentra el lector antes de sumergirse en 86 historias que tratan de abordar la inmensidad y diversidad de un continente cuyas memorias, atravesadas por la colonización, siguen siendo a menudo ignoradas por el Norte Global.
El analista y divulgador camerunés ha publicado ‘El Latir de un continente’, un libro que, a través de 86 relatos, desafía el relato eurocéntrico
“La historia de África merece ser narrada con la dignidad que se le ha negado durante siglos”, escribe Joseph Nkongo, activista antirracista, en el prólogo de El latir de un continente (Plaza & Janés, 2026), el libro que acaba de publicar el camerunés Sani Ladán. Es la última frase con la que se encuentra el lector antes de sumergirse en 86 historias que tratan de abordar la inmensidad y diversidad de un continente cuyas memorias, atravesadas por la colonización, siguen siendo a menudo ignoradas por el Norte Global.
Ladán (Duala, Camerún, 31 años) ha escrito relatos breves que organiza en siete capítulos. El recorrido arranca en la historia precolonial, con una aproximación a lo que fueron el reino de Kush o los imperios de Ghana y Malí, y avanza por episodios de colonización y resistencia, como los experimentos de repatriación en Liberia y Sierra Leona. En las páginas también se nombra a hombres y mujeres clave en los movimientos independentistas y panafricanistas, como las mujeres Igbo de Nigeria o la feminista Funmilayo Ransome-Kuti. Además, se adentra en las múltiples espiritualidades, saberes ancestrales y manifestaciones culturales del continente.
“Este es un libro pensado para esa juventud africana y afrodescendiente que crece fuera, con ganas de referentes identitarios”, asegura el analista geopolítico, conferenciante y divulgador, en una entrevista con EL PAÍS en Madrid. Agrega que de niño soñaba con un libro así y que se lo regalaría a los profesores para que lo utilicen en sus clases.
Pregunta. En su anterior libro, La luna está en Duala, afirma que su migración desde Camerún hacia España estuvo impulsada por su deseo de seguir estudiando y por un hambre de conocimiento. ¿Es este nuevo libro un fruto de aquel sueño?
Respuesta. El primer libro habla sobre mi experiencia personal y ya mostraba hacia dónde quería llegar con esa hambre de conocimiento que siempre he manifestado. Tiene que ver con las inquietudes que tengo en relación con la falta de fuentes sobre la historia de África, un continenteque está a tan solo 14 kilómetros de las costas de Europa, pero que es un gran desconocido. Por esa razón, creé [en 2020] el podcast África en 1 click y luego comenzó el proyecto de este libro. Es una especie de excavación epistémica para hacer justicia.
P. ¿Qué fuentes utilizó?
R. La mayoría de los autores y autoras que cito son africanos o afrodescendientes. Quería rendirles homenaje y dejar claro que hay personas que han escrito sobre esto desde la geopolítica, la sociología y la historia.

P. ¿Cuál es el objetivo de El latir de un continente?
R. Divulgar y abrir un debate. Llevamos tiempo diciendo que hay una falta de fuentes y de interés por el continente y parece que nadie hace nada al respecto; pero hay africanos y afrodescendientes con propuestas desde la literatura, el arte, el cine, el teatro, la moda. Hay una nueva generación que está creando para que la sociedad donde vive conozca sus orígenes. Buscan resituar al continente en el lugar donde se merece. Es contradictorio decir que África es la cuna de la humanidad y al mismo tiempo decir que no ha aportado nada a la historia.
P. ¿Cómo escogió las 86 historias?
R. Uno de los primeros criterios fue elegir temas desconocidos y que permitieran ensalzar la resistencia, la esperanza y la dignidad de África. El segundo fue incluir la voz femenina que no ha sido reconocida en la lucha por la independencia y en la época moderna. También he querido arrojar luz sobre temas que se han contado mal, como la espiritualidad africana, a menudo presentada como algo profano.
Hay una nueva generación que está creando para que la sociedad donde vive conozca sus orígenes. Buscan resituar al continente en el lugar donde se merece
P. ¿A quiénes está dirigido el libro?
R. Está pensado para un público curioso y muy amplio, desde principiantes hasta expertos. Ahora, yo quedaría satisfecho si la gente africana y afrodescendiente se hiciera con el libro. A mí me habría gustado tener algo así cuando empecé a hacerme preguntas y no obtenía respuestas. Este es un libro pensado para esa juventud africana y afrodescendiente que crece fuera del continente, con ganas de referentes identitarios.
P. Si pudiera regalárselo a un personaje, ¿a quién se lo entregaría?
R. A la gente que hace las políticas públicas relacionadas con la educación en España y en cualquier parte del mundo.También se lo regalaría a los profesores para que forme parte del currículo educativo.
P. ¿Se publicará en América Latina?
R. Estamos trabajando en eso. De hecho, la idea de hacer el libro me vinode la cantidad de solicitudes que me hicieron docentes de América Latina porque utilizaban mi podcast en su aula ―enviaban fotos desde Colombia, Brasil o Cuba― y buscaban material. Hay mucho interés por parte de los afrodescendientes, porque hay una vuelta a la identidad africana, que me parece muy bien. Pero también puede ser un peligro: cuando algo está de moda, hay un riesgo de que se despolitice. Por ejemplo, hace poco escuché a [el presidente de Francia, Emmanuel] Macron decir que ellos son los verdaderos panafricanistas. Para mí es un peligro escuchar a un dirigente de un país colonizador decir esto; más cuando sabemos que el panafricanismo lucha precisamente contra el colonialismo y la emancipación de África.
Hay mucho interés por parte de los afrodescendientes, porque hay una vuelta a la identidad africana, que me parece muy bien. Pero también puede ser un peligro: cuando algo está de moda, hay un riesgo de que se despolitice
P. Este año, la ONU adoptó una resolución que reconoce la esclavitud como el “crimen más grave contra la humanidad”. ¿Cree que será clave para educar mejor sobre la historia del continente?
R. La resolución está bien, pero llega tarde. Es un ejemplo del nuevo paradigma, en el que los países del sur están planteando cada vez más debates que son vitales para ellos. Pero tenemos que salir de ese reconocimiento simbólico y pasar a lo material, a que se le dé a África una voz y un lugar importante dentro del sistema internacional. La reparación monetaria es importante, pero reparar también tiene ver con que África tenga voz, con temas de educación, con restituir el patrimonio cultural.
P. ¿Por qué cree que en Occidente hay tanta ignorancia sobre África?
R. La mayor parte de la historia ha hablado sobre África sin África: ocurrió en la Conferencia de Berlín, cuando se repartió el continente o en la Ilustración, que nos pintó como un continente estático y del que nada bueno puede salir ―al mismo tiempo que se hablaba de la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano―. Esto se ha ido transmitiendo en Occidente de generación en generación y es lo que explica esa mirada racista, infantilizada y paternalista. En el propio continente también se encargaron de que los africanos vieran su historia relegada a un segundo plano.
P. En el prólogo, Joseph Nkongo dice que la historia de África se ha contado “como un apéndice de la historia” de las metrópolis europeas.
R. Exacto. Una de las labores que hemos hecho es traer a la luz lo que había antes en África. Cuando lees Naciones negras y cultura del autor senegalés Cheikh Anta Diop, te das cuenta de que la historia de África no empieza cuando el primer hombre blanco pisa África. Europa para entenderse como una identidad tiene que remontarse a la historia de Grecia y Roma. ¿Entonces, por qué nuestro relato tiene que empezar con la Conferencia de Berlín o con la esclavitud? Resignificar nuestra dignidad tiene que ver con entender qué fueron los imperios, los sultanatos, las diferentes fuentes del derecho, la economía y la filosofía africanos. Una vez que entendemos esto, es más fácil reconstruirnos como sujetos activos.
EL PAÍS
