
Hace unos años, Barbra Streisand rememoró el día en que fue a cantar al show de Judy Garland con ella. A modo de introducción, sobre el escenario se lanzaron unas divertidas pullas: “Tenemos todos tus discos en casa y eres tan buena que te odio”, arrancó la anfitriona. “Oh, Judy, eres muy dulce, eres tan genial que llevo años odiándote. De hecho, mi ambición es ser lo suficientemente genial para que me odien tantos cantantes como a ti”. A pesar de su juventud entonces —tenía 21 años—, o más bien gracias a ella, la Streisand tenía una seguridad en sí misma arrolladora que le impidió comprender los miedos de Garland. “Ella bebía vino blanco y le temblaban las manos, y se agarraba a mí. Y pensé: ¿De qué va esto? Cuando uno se hace mayor, ¿qué es este miedo? Lo comprendo ahora”. Judy moriría seis años después.
La vocación como salvavidas, tan desmitificada y denostada ahora, tiene varias particularidades cuando uno se dedica a la comedia 
Hace unos años, Barbra Streisand rememoró el día en que fue a cantar al show de Judy Garland con ella. A modo de introducción, sobre el escenario se lanzaron unas divertidas pullas: “Tenemos todos tus discos en casa y eres tan buena que te odio”, arrancó la anfitriona. “Oh, Judy, eres muy dulce, eres tan genial que llevo años odiándote. De hecho, mi ambición es ser lo suficientemente genial para que me odien tantos cantantes como a ti”. A pesar de su juventud entonces —tenía 21 años—, o más bien gracias a ella, la Streisand tenía una seguridad en sí misma arrolladora que le impidió comprender los miedos de Garland. “Ella bebía vino blanco y le temblaban las manos, y se agarraba a mí. Y pensé: ¿De qué va esto? Cuando uno se hace mayor, ¿qué es este miedo? Lo comprendo ahora”. Judy moriría seis años después.
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