Las profesoras comenzamos un camino de huelga indefinida para visibilizar nuestras horas de preparación junto con las jornadas donde damos clase y a la vez hacemos de psicólogas, informáticas, policías, madres y más allá. Los estudiantes te necesitan también en el recreo y en los pasillos. La educación pública no puede sostenerse sobre el agotamiento, la vocación y los cuerpos de quienes la hacen posible. Nos faltan recursos, tiempo y condiciones dignas. Cuando no hay respuestas, no podemos limitarnos al silencio. Nos negamos a que cuidar signifique sacrificarse hasta desaparecer. Una educación que enseña a vivir no debería obligar a quienes la sostienen a olvidarse de sí mismos.
Los mensajes de los lectores tratan la huelga de profesores en Madrid, el regreso de lo analógico, los discursos de campaña de los partidos y ‘El cuento de la criada’
Opinión de un lector sobre una información publicada por el diario o un hecho noticioso. Dirigidas al director del diario y seleccionadas y editadas por el equipo de opinión
Los mensajes de los lectores tratan la huelga de profesores en Madrid, el regreso de lo analógico, los discursos de campaña de los partidos y ‘El cuento de la criada’
Las profesoras comenzamos un camino de huelga indefinida para visibilizar nuestras horas de preparación junto con las jornadas donde damos clase y a la vez hacemos de psicólogas, informáticas, policías, madres y más allá. Los estudiantes te necesitan también en el recreo y en los pasillos. La educación pública no puede sostenerse sobre el agotamiento, la vocación y los cuerpos de quienes la hacen posible. Nos faltan recursos, tiempo y condiciones dignas. Cuando no hay respuestas, no podemos limitarnos al silencio. Nos negamos a que cuidar signifique sacrificarse hasta desaparecer. Una educación que enseña a vivir no debería obligar a quienes la sostienen a olvidarse de sí mismos.
Belén Quejigo Sánchez-Guijlado. Madrid
Hacia el futuro analógico
Ahora quiero comprar libros físicos, tomar apuntes con bolígrafo y tener un carrete de fotos que revelar al final del verano. Y no soy la única. Las costumbres de llevar una novela en el bolso, apuntar las tareas pendientes en una agenda de papel o enviar una postal están recuperando popularidad. Son escapes de la pantalla y el scroll infinito. Queremos encontrar formas de concentrarnos, de disfrutar del tiempo libre. Lo analógico obliga a ir un poco más despacio. Es evidente que la tecnología seguirá formando parte de nuestras vidas, pero ¿eso significa que deba sustituirlo todo? No volvemos al pasado, sino que estamos buscando otra forma de vivir el presente.
Judith Frías. Barcelona
Ornitología política
Cuando llegan las elecciones, cuervos, águilas, buitres y urracas buscan cobijo. La política española parece un aviario con distintos cantos. Algunas especies mudan de plumaje; otras confunden el estruendo de sus alas con la admiración ajena. De pronto, nuestra desazón merece discursos, nuestras dificultades inspiran propuestas y quienes nunca miraron hacia abajo descubren que existen raíces. Los ciudadanos volvemos a ser imprescindibles. Después de contar los votos, las aves recuperan su altura y nosotros, nuestro lugar en el suelo. Conocemos sus estrategias; nos hemos convertido en expertos ornitólogos, capaces de distinguir cada graznido. Su mayor victoria es convencernos de que elegir quién ocupa las alturas equivale a decidir el destino del bosque. Recordemos que no estamos aquí solo para avistarlas.
Mónica Prieto Martínez. Barcelona
Normalizar los derechos
¿Qué pasaría si mañana perdiéramos derechos que hoy damos por sentado? No dejo de pensarlo mientras miro la adaptación del libro El cuento de la criada, de Margaret Atwood.La serie muestra una realidad en la que a las mujeres les han quitado toda la libertad, su identidad y la capacidad de decidir sobre su cuerpo. Lo más inquietante, además de la violencia que sufren las protagonistas, es cómo la sociedad acaba aceptando esa situación y ya ni la cuestiona. Parece extremo, pero ahí está la fuerza de la historia. Nos olvidamos de que nuestros derechos no siempre han existido. No se trata de pensar que acabaremos en un mundo como Gilead, sino de reflexionar sobre lo que podría pasar si desprotegemos aquello que ha costado conseguir.
Ariadna Casas Hernández. Sabadell (Barcelona)
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