
Revisito el primer programa con el que Aimar Bretos inicia su andadura en La Sexta. Dice el donostiarra que el tiempo de pantalla que dura La noche de Aimar debe servir para aparcar las prisas, las notificaciones del día, las últimas horas. Nos pide ponernos en modo avión y segundos después asoma por la pantalla la quijotesca cara de José Sacristán sentado frente al periodista. Recién arrancada la charla, con esas dos voces que son calor y ASMR, Bretos le pregunta al actor, con cara de asombro, cómo es eso de vivir sin teléfono móvil. Y Sacristán responde con un larguísimo y pausado “maravillosamente”. “Es una gozada que no te puedes ni imaginar, una satisfacción enorme”, añade.
Aimar Bretos le pregunta a José Sacristán, con cara de asombro, cómo es eso de vivir sin móvil. Y el actor responde con un larguísimo y pausado “maravillosamente”
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Aimar Bretos le pregunta a José Sacristán, con cara de asombro, cómo es eso de vivir sin móvil. Y el actor responde con un larguísimo y pausado “maravillosamente”


Revisito el primer programa con el que Aimar Bretos inicia su andadura en La Sexta. Dice el donostiarra que el tiempo de pantalla que dura La noche de Aimar debe servir para aparcar las prisas, las notificaciones del día, las últimas horas. Nos pide ponernos en modo avión y segundos después asoma por la pantalla la quijotesca cara de José Sacristán sentado frente al periodista. Recién arrancada la charla, con esas dos voces que son calor y ASMR, Bretos le pregunta al actor, con cara de asombro, cómo es eso de vivir sin teléfono móvil. Y Sacristán responde con un larguísimo y pausado “maravillosamente”. “Es una gozada que no te puedes ni imaginar, una satisfacción enorme”, añade.
Aprieto el botón de pausa del mando a distancia. La villana que habita en mí me avisa de mi desconfianza hacia las personas que rechazan la tecnología como si eso les colocara en un escalón superior. Me digo a mí misma que ya quisiera yo vivir y haber vivido sin grupos de Whatsapp del trabajo, de padres y madres avisando de fechas de exámenes y cumpleaños, ese mensaje que te avisa de que te va a llegar la compra de la semana antes de las tres de la tarde. Me digo después que no hace falta ponerse así, así que guardo mi mecha corta y sigo escuchando. Sacristán reconoce que lo suyo es un lujo y me relajo, para volverme a poner en guardia con lo que dice a continuación: “Me soluciona la papeleta mi mujer”.
Días después, la actriz María Galiana charla para la Cadena SER. Manifiesta su admiración por Sacristán, y entonces sale el tema de la vida sin móvil. “Debe vivir maravillosamente bien. De trabajo material no hace nada, y claro, debe disfrutar muchísimo del tiempo libre. Yo también, pero menos, porque soy mujer”, cuenta.
Entonces imagino un día sin centrifugados, sin saber si el programa del lavavajillas es el corto o el largo, sin ocuparse de meter bien la sábana bajera, sin las malditas notificaciones, inútiles o no. Y pienso entonces en la vida con una avisadora al lado. Quien te soluciona papeletas y te notifica no con un pitido, sino desde el otro lado de la cama. “Tienes una cena”, “a las seis de la tarde hay ensayo”, “mañana vienen los de la revisión del gas”. Debe de ser esa una vida buena. Quizá en otra nos toque la buena suerte.
“Vive en el mejor de los mundos, yo lo envidio muchísimo”, cuenta Galiana. Quién no.
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