
Arrasaron en el año 2000 en la MTV con un título que recogía bien el Zeitgeist de su época: Jackass. En castellano, gilipollas. La serie iba de eso, de una cuadrilla de gilipollas (todos hombres y casi todos blancos, quizá una premonición del trumpismo) haciendo el ídem. Retos de borrachos, descerebramientos, golpes, fracturas, tortazos sin ton ni son… Al público le chifló ver a esta panda de veinteañeros comportarse como cenutrios en los escenarios más diversos. La franquicia ha llegado hasta hoy: se acaba de estrenar la última película, Jackass: lo mejor para el final.
Hemos tratado con seriedad, casi como un desafío a la libertad de expresión, lo que no era más que una gamberrada
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Hemos tratado con seriedad, casi como un desafío a la libertad de expresión, lo que no era más que una gamberrada
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Arrasaron en el año 2000 en la MTV con un título que recogía bien el Zeitgeist de su época: Jackass. En castellano, gilipollas. La serie iba de eso, de una cuadrilla de gilipollas (todos hombres y casi todos blancos, quizá una premonición del trumpismo) haciendo el ídem. Retos de borrachos, descerebramientos, golpes, fracturas, tortazos sin ton ni son… Al público le chifló ver a esta panda de veinteañeros comportarse como cenutrios en los escenarios más diversos. La franquicia ha llegado hasta hoy: se acaba de estrenar la última película, Jackass: lo mejor para el final.
El director, Jeff Tremaine, tiene 60 añazos y ya no está para pegarse cabezazos contra los campanarios, pero sus musos Johnny Knoxville y Jason Wee Man Acuña andan por los 55 y se comportan como si acabaran de matricularse en la universidad de Juergalandia. Más o menos como los cuarentones que se van de tardeo y avergüenzan a sus hijos cuando estos se los encuentran borrachos de aperol spritz a las siete de la tarde en la plaza del pueblo.
Cada vez que veo a Vito Quiles, pienso en Jackass. No creo que la inspiración de estas moscas cojoneras de la ultraderechita cobarde sea el periodismo o algún tipo de agitación política, sino el espíritu de Jackass, que se ha terminado de revelar en el último episodio de fuga y entrega del intrépido reportero en los juzgados y en la traición de su amigo Bertrand Ndongo. La respuesta de Quiles ante el abandono de su otrora aliado es digna del mejor Jackass: “Eres un completo subnormal”, le dijo, entre pucheros.
Hemos tratado con seriedad, casi como un desafío a la libertad de expresión, con discusiones deontológicas —e incluso ontológicas— acerca del periodismo lo que no era más que una gamberrada. En mi época de instituto, pocos años antes de Jackass, unos amigos y yo nos metimos en un lío a cuenta de un fanzine fotocopiado que editábamos. Solíamos poner muchas burradas en sus páginas, pero hubo un número especialmente bestia que ofendió al claustro, al AMPA, al barrio y a todos los que lo hojearon. Nos expedientaron y nos obligaron a pedir disculpas en un nuevo número en el que recogimos, para que no decayera la guasa, las impresiones de algunos profesores sobre nuestra salida de tono. El de Historia del Arte nos regaló la mejor: “Es como el acné, una típica adolescentada”.
Nos ha faltado el estoicismo generoso de aquel profesor. No deberíamos haber reaccionado de otro modo.
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