En una mañana lluviosa de finales de septiembre, en los salones del sótano de un coqueto hotel de Nueva York, como si de sus personajes se tratara, los protagonistas de La diplomática se sientan a charlar con la prensa. Las cuatro temporadas que han pasado juntos se notan. Antes y después de las preguntas de los medios, bromean, comen un dulce y, al salir, alguno que otro se cambia los zapatos por unas cómodas zapatillas de hotel. La confianza entre ellos y en lo que hacen está claramente establecida.
La cuarta temporada de la ficción protagonizada por Keri Russell vuelve a Netflix con su primer Emmy bajo el brazo
En una mañana lluviosa de finales de septiembre, en los salones del sótano de un coqueto hotel de Nueva York, como si de sus personajes se tratara, los protagonistas de La diplomática se sientan a charlar con la prensa. Las cuatro temporadas que han pasado juntos se notan. Antes y después de las preguntas de los medios, bromean, comen un dulce y, al salir, alguno que otro se cambia los zapatos por unas cómodas zapatillas de hotel. La confianza entre ellos y en lo que hacen está claramente establecida.
Una más entre ellos es Debora Cahn, la creadora de la ficción de Netflix que en su recorrido ya ha logrado 10 nominaciones a los premios Emmy (precisamente hace unas semanas ganó el de actriz de reparto Allison Janney) y siete a los Globos de Oro por su retrato certero de la vida profesional y personal de una diplomática metida de lleno en la arena política. Aunque menos acostumbrada a hablar con los periodistas, buena parte de las preguntas son para ella, y el elenco no para de alabarla y de valorar la capacidad de su escritura para crear personajes complejos, en ocasiones gélidos, y siempre brutalmente honestos.
Unos minutos antes de la conferencia, Cahn charla con EL PAÍS y con un par de medios más, entre el simplón café americano y las galletas del hotel, contenta y orgullosa de haber llegado hasta aquí. Hay una pregunta clara que hay que hacerle, cuando ha creado y escribe desde hace cuatro años una serie de diplomacia, de espías, de las tripas de lo que pasa en el mundo. ¿De dónde salen sus locas ideas por las que quita y pone presidentes, en las que hay accidentes, atentados, momentos jamesbondianos? ¿La inspiración viene de la también caótica e increíble realidad?

No puede evitar suspirar y reírse. Pero también, inmediatamente, ponerse muy seria. La respuesta la repetirá en la conferencia de prensa, contundente: “Si me inspirara en la realidad, tendríamos una película de Marvel”. La guionista, que ha trabajado en otras series como Anatomía de Grey (en casi 200 episodios) y, con la actualidad política muy presente, en Homeland y en El ala oeste de la Casa Blanca, es especialista en analizar el poder desde la pluma de la ficción. “Estamos siendo arrastrados por un cambio radical del orden mundial tal y como lo conocemos”, explicaba ante los medios internacionales. “Así que no voy a intentar seguirle el ritmo, porque fracasaría”.
En el fondo, el mundo real genera cierta inspiración, porque Cahn sabe que al público le gusta entender los tejemanejes de lo que se cuece en el poder. Y, aunque sea ficcionado, eso trata de contar en sus historias. “Lo que buscamos es una forma de intentar averiguar cuáles son las principales preocupaciones geopolíticas de la gente que vive en este mundo. Ya sabes, qué vamos a recordar y decir: ‘Esta década se caracterizó realmente por esto”, reflexiona. “Cuando estaba en Homeland, se trataba de la guerra contra el terrorismo. Ahora estamos en un mundo unipolar que está pasando a ser multipolar. Se lo comenté una vez a un ejecutivo y me dijo: ‘Pero va a ser entretenido, ¿no?“, ríe: “¿Que sea sexy, no?“, pincha el actor Bradley Whitford. ”Exacto, pero entretenido», se mofa.
Cahn explica que, al fin y al cabo, lo que trata con La diplomática y ha buscado en la escritura de sus series es que el público comprenda ciertas cuestiones del poder y, además, como le pedía aquel ejecutivo, que sean entretenidas para el gran público. “Al final, buscamos cuáles son las grandes preguntas que se hace la gente que trabaja en este ámbito”, reflexiona.
“Durante los últimos años, los diplomáticos se han estado haciendo la misma pregunta cada día: ‘¿Cuándo se va a permitir entrar en la sala a alguien que sepa cómo hacer esto?“, comenta para explicar su estrategia narrativa. Por eso juegan tanto con la realidad, con escenarios auténticos. Por ejemplo, en la nueva temporada aparecerá el castillo británico de Windsor. Pero Cahn le quita magia: ”Oh, dios, Windsor fue rodado en dos continentes y como en 11 localizaciones distintas. Fue increíble ver a nuestro director montándolo todo como un puzzle, solo lo entendía él en su cabeza», ríe.
Como explica la actriz Keri Rusell, que da vida a la diplomática del título, la serie en sí “está pensada como una carta de amor al servicio exterior, al cuerpo diplomático”. “Tener la oportunidad de sentarme a charlar con algunas de estas personas… son increíbles. Son tan inteligentes, tan curiosas, tan eficaces… Podrían estar haciendo cualquier cosa, pero han dedicado su vida al servicio de los demás. Así que he aprendido muchísimo sobre este mundo, sobre lo duro que es y sobre lo mucho que trabajan».

Por todo ello, Cahn reconoce que contar las historias de la serie es importante en el panorama actual, del que no hay quien escape. “Salir corriendo de la realidad estaría bien”, bromea la creadora. “Es muy fácil caer en el cinismo respecto al servicio público, y eso nos ha llevado a una situación muy difícil en el planeta. Así que a menudo pienso que, pase lo que pase en la serie, se está ofreciendo una visión, sin ironía alguna, heroica y, en mi opinión, realista del difícil y necesario trabajo que realizan estas personas. Y creo que esa conciencia también debe estar presente en el público”.
La diplomacia de La diplomática llega a todo. También a sus relaciones personales. La serie está basada en los juegos de poder de cuatro personas, que al final forman dos matrimonios: el de los Wyler, Kate (Keri Russell) y Hal (Rufus Sewell) y el de los Penn, Grace (Allison Janney) y Todd (Bradley Whitford). Así que, al ser preguntados los cinco sobre si la cuestión amorosa es a su vez un asunto diplomático, el gran conflicto de interés de la trama, Cahn responde, con retranca: “Es un desastre”, entre las risas de sus cuatro protagonistas. “¿Pero no lo hemos dejado claro? Llevamos cuatro años intentando dejarlo bien claro», ríe.

Los actores achacan el éxito de la serie, que temporada tras temporada se coloca entre las más vistas de Netflix, a la escritura del guion de Cahn y su equipo. “La buena escritura hace todo el trabajo por ti”, afirma Keri Russell, que asegura que no les cuesta ningún trabajo volver, tras meses de parón, a meterse en la piel de sus personajes. Allison Janney la refrenda: “Sí, cuando volví en la tercera temporada, en mi primera aparición, fue muy emocionante volver a meterme ahí. No fue nada difícil poner la cabeza de nuevo en ello”.
Erigida en portavoz del cuarteto, Russell afirma que “el guion es el héroe de esta serie, de lejos”. “Debora es lista, inteligente, divertida, y eso no siempre va de la mano con tener esperanza. Y es curioso porque no está desilusionada con las relaciones ni con el matrimonio… ni con el país, al fin y al cabo. Y eso es algo único sobre su voz”, reflexiona. “Además, es capaz de coger estas grandes ideas, cosas de las que nos preocupamos en el mundo, y hacerlas más accesibles, divertidas y hace fácil que te identifiques con ello. Y sobre Debora… no creo que hoy en día baste con ser excelente en lo que haces. Creo que necesitamos líderes, y Debora lo hace con una elegancia absoluta”.
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