Una noche de invierno de 1981, cuatro días después de su vigésimo sexto cumpleaños, la escritora Siri Hustvedt acudió con un amigo a un recital de poesía en Nueva York. Al terminar, vio a un hombre en el vestíbulo. Era Paul Auster, su futuro marido. En aquel momento ignoraba su identidad. “La atracción que sentí fue como un golpe seco en la nuca”, confiesa en Historias de fantasmas, un libro conmovedor sobre el duelo escrito tras el fallecimiento de Auster y publicado hace unos meses en castellano por Seix Barral.
Hay algo en las vacaciones de verano que despierta al ejército de posibilidades que habitan en cualquiera de nosotros
Una noche de invierno de 1981, cuatro días después de su vigésimo sexto cumpleaños, la escritora Siri Hustvedt acudió con un amigo a un recital de poesía en Nueva York. Al terminar, vio a un hombre en el vestíbulo. Era Paul Auster, su futuro marido. En aquel momento ignoraba su identidad. “La atracción que sentí fue como un golpe seco en la nuca”, confiesa en Historias de fantasmas, un libro conmovedor sobre el duelo escrito tras el fallecimiento de Auster y publicado hace unos meses en castellano por Seix Barral.
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