<p>Las trayectorias de <strong>Anders Zorn</strong> y <strong>Vilhelm Hammershøy</strong> bien podrían calificarse como una secuela de <i>Vidas paralelas</i>, de Plutarco. El historiador griego escribió las vidas de personajes célebres de la antigüedad, emparejando sus biografías. Tal es la similitud de las experiencias vitales y creativas de ambos artistas, que estos días se prolongan en una feliz coincidencia en el Paisaje de la luz madrileño.</p>
Las exposiciones en la Fundación Mapfre y en el Museo Thyssen desvelan a los madrileños el preciosismo del arte escandinavo contemporáneo
Las trayectorias de Anders Zorn y Vilhelm Hammershøy bien podrían calificarse como una secuela de Vidas paralelas, de Plutarco. El historiador griego escribió las vidas de personajes célebres de la antigüedad, emparejando sus biografías. Tal es la similitud de las experiencias vitales y creativas de ambos artistas, que estos días se prolongan en una feliz coincidencia en el Paisaje de la luz madrileño.
La Fundación Mapfre dedica una gran exposición al pintor danés Anders Zorn (1860-1920), al mismo tiempo que el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza inaugura una retrospectiva del sueco Vilhelm Hammershøy (1864-1916).
Ambos vivieron en fechas parejas entre el XIX y el XX, los dos fallecieron relativamente jóvenes. Ambos fueron grandes viajeros que, al final de sus vidas regresaron a su tierra natal. Ambos alcanzaron una maestría absoluta y tuvieron el reconocimiento de su época.
Tras la Gran Guerra, la aparición de las vanguardias pictóricas arrumbó sus figuras, que cayeron en el olvido. En los 80, cuando el trabajo de ambos fue reconocido, se instalaron en el olimpo pictórico de sus respectivos países. El público español no sabe nada de ellos. De hecho, no hay ninguna pintura de Hammershøy en colecciones públicas ni privadas de España y muy pocas de Zorn.
«Tenemos la exposición de un tal Hammershøy, un perfecto desconocido para la mayor parte del público español. Aunque no lo fue para sus contemporáneos», señaló en la presentación de Hammershøy. El ojo que escucha, Guillermo Solana, director artístico del Thyssen. Se trata de la primera gran retrospectiva dedicada en nuestro país del pintor danés. Reúne 70 obras de las 400 que produjo. Junto a ellas, 19 piezas de creadores contemporáneos, «Fueron amigos suyos y contextualizan su obra», sostiene la comisaria Clara Marcellán.
Hammershøy lleva con su perfección al enigma. Cada etiqueta que se le asigna se enreda en contradicciones. «Existen coincidencias en su obra con la pintura de Antonio López y otros miembros de la Escuela de Madrid, pero cuando repite una y otra vez los mismos escenarios, su pintura se vuelve irreal», argumenta Solana.
Pintor de mirada lenta, del tiempo suspendido y el silencio, Hammershøy también es el pintor de la luz. Una luz nórdica, bien diferente a la de este Paisaje de la Luz, donde brilla metafísica y fría. Luz tamizada, pero presencial hasta atrapar las motas de polvo, suspendidas en el aire de la habitación de su apartamento. Composiciones austeras, las más de las veces piezas vacías, otras con la intrigante presencia de Ida, su mujer y musa, casi siempre de espaldas.
Hammershøy también pintó la naturaleza y los espacios rurales y urbanos daneses, iguales en la ausencia de personajes y quietud bajo la luz tenue. Su paleta frugal, poco más que blancos, negros, grises y pardos, relata una pintura de soledad y melancolía que llevan a Hopper y Vermeer.
Por su parte, la propuesta de la Fundación Mapfre, encuadrada bajo el título Recorrer el mundo, recordar la historia, reivindica la obra de Anders Zorn, que, a pesar de ser el más importante pintor de Suecia, es igualmente ignorado en España.
«Esta exposición va a ser un descubrimiento para el público. Zorn es un desconocido, apenas representado en las colecciones españolas», señala Casilda Ybarra, comisaria de la muestra, en sincronía con las palabras de Solana a propósito de Hammershøy.
La retrospectiva reúne 130 obras del sueco, con especial atención a sus acuarelas y retratos. Nacido en un entorno humilde, hijo de madre soltera, Zorn se crió en la granja de sus abuelos, en contacto con la naturaleza y el mundo rural, que marcaron su vida. Sus primeros años se dedicó a la acuarela, alcanzando un virtuosismo insuperable.
Gran viajero, estuvo en España en nueve ocasiones. «Le atrajo la imagen romántica que en Europa se tenía de España. Se interesó especialmente por la mujer española«, señala Ybarra. Velázquez fue una de sus referencias y mantuvo amistad con Joaquín Sorolla y Ramón Casas. La maestría como retratista y capacidad de reflejar la luz de este pintor muestran influencia de los maestros españoles.
Después de viajar por Europa, en 1888 se estableció en París, donde se convirtió en el retratista favorito de magnates y personalidades. Realizó hasta siete viajes a Estados Unidos para cumplir con sus compromisos. Por fin regresó a su tierra natal, donde inició diversas iniciativas sociales que, al igual que sus últimas pinturas, buscan ensalzar la naturaleza, costumbres y tradiciones de Suecia.
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