James Bond se abre paso entre las muy bien vestidas multitudes que observan un torneo de ajedrez, en el Grand Carpathian Hotel, en los Altos Tatras, unas montañas de Eslovaquia. 007 no lleva su esmoquin, es más, va vestido de chófer, ni hay un martini en sus manos, ni siquiera ha sido aún identificado por sus icónicos tres dígitos: el militar británico está descubriendo el mundo del espionaje en esta revisión de su historia de origen.
James Bond se abre paso entre las muy bien vestidas multitudes que observan un torneo de ajedrez, en el Grand Carpathian Hotel, en los Altos Tatras, unas montañas de Eslovaquia. 007 no lleva su esmoquin, es más, va vestido de chófer, ni hay un martini en sus manos, ni siquiera ha sido aún identificado por sus icónicos tres dígitos: el militar británico está descubriendo el mundo del espionaje en esta revisión de su historia de origen. Seguir leyendo
James Bond se abre paso entre las muy bien vestidas multitudes que observan un torneo de ajedrez, en el Grand Carpathian Hotel, en los Altos Tatras, unas montañas de Eslovaquia. 007 no lleva su esmoquin, es más, va vestido de chófer, ni hay un martini en sus manos, ni siquiera ha sido aún identificado por sus icónicos tres dígitos: el militar británico está descubriendo el mundo del espionaje en esta revisión de su historia de origen.
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