El buen cine de verano es el que recoge sus diminutos placeres, pero el mejor es el que trata, además, su final; la despedida de ese concreto estado de desconexión, disponibilidad para la curiosidad y el hallazgo y calor. Estas cinco películas hablan de ello, cada una a su manera, y ayudan a afrontar la transición de nuestro relajado yo estival a la dura y angulosa rutina.
El buen cine de verano es el que recoge sus diminutos placeres, pero el mejor es el que trata, además, su final; la despedida de ese concreto estado de desconexión, disponibilidad para la curiosidad y el hallazgo y calor. Estas cinco películas hablan de ello, cada una a su manera, y ayudan a afrontar la transición de nuestro relajado yo estival a la dura y angulosa rutina. Seguir leyendo
El buen cine de verano es el que recoge sus diminutos placeres, pero el mejor es el que trata, además, su final; la despedida de ese concreto estado de desconexión, disponibilidad para la curiosidad y el hallazgo y calor. Estas cinco películas hablan de ello, cada una a su manera, y ayudan a afrontar la transición de nuestro relajado yo estival a la dura y angulosa rutina.
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