La magia duró cuatro sorbos de Nesquik y un paquete de Dinosaurus. Mi amigo Juanma había diseñado con mimo un viaje al pasado para recrear uno de los desayunos veraniegos de su infancia: ver Xena, la princesa guerrera mientras se zampaba un vaso de leche con sus galletas favoritas. Los preparativos le llevaron varios días, pero el ansiado deleite no se alargó más de un cuarto de hora. Las armas con reflejos de plastiquete, los anticuados efectos especiales o “la trama tan simple” del capítulo desinflaron enseguida el esperado “paraíso de diversión” con el que había soñado. Y cuando eso pasó, Juanma regresó al presente, tenía escarcha en el pelo y una carpeta con informes del trabajo le esperaba en su escritorio.
Esta es una de esas series que nos trae recuerdos endulzados de desayunos con Krispies y mañanas de piscina con amigos. Y, sin embargo, no me atrevo a volver a verla
La magia duró cuatro sorbos de Nesquik y un paquete de Dinosaurus. Mi amigo Juanma había diseñado con mimo un viaje al pasado para recrear uno de los desayunos veraniegos de su infancia: ver Xena, la princesa guerrera mientras se zampaba un vaso de leche con sus galletas favoritas. Los preparativos le llevaron varios días, pero el ansiado deleite no se alargó más de un cuarto de hora. Las armas con reflejos de plastiquete, los anticuados efectos especiales o “la trama tan simple” del capítulo desinflaron enseguida el esperado “paraíso de diversión” con el que había soñado. Y cuando eso pasó, Juanma regresó al presente, tenía escarcha en el pelo y una carpeta con informes del trabajo le esperaba en su escritorio.
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