
Hay una señora en Cuenca que se ha cansado de que la tomen por tonta. En realidad, no es una señora cualquiera, es La Señora de Cuenca, y se ve que los directivos de los canales de televisión en abierto la conocen mejor que ella misma. Esta señora era famosa en los despachos (y seguramente, todavía lo es en algunos). Cuando se preparaba un programa o una serie, era fundamental que lo pudiera entender todo “la señora de Cuenca”. Representaba lo que creían que era el público medio de la televisión en España: mujer, de unos 50 o 60 años y ama de casa. ¿Y por qué de Cuenca? Nadie sabe bien. Imagino que fue una ocurrencia de un señoro en una reunión llena de ejecutivos trajeados y encorbatados y que, como todos rieron el chascarrillo, así se quedó. Había que hacer las cosas facilitas, bien masticaditas y ligeritas para que esa señora se enterara de todo. Ese concepto machista, clasista y edadista ha regido muchas tomas de decisiones en nuestra televisión. A él se agarraban (y se agarran todavía) los directivos para no correr riesgos. Y de aquellos polvos, estos lodos.
El público mayor pasa cada vez más tiempo en las plataformas y eso debería preocupar a los directivos de la televisión en abierto
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado
El público mayor pasa cada vez más tiempo en las plataformas y eso debería preocupar a los directivos de la televisión en abierto
El audio de esta noticia utiliza una voz sintética generada por Inteligencia Artificial y podría tener algunas inconsistencias.


Hay una señora en Cuenca que se ha cansado de que la tomen por tonta. En realidad, no es una señora cualquiera, es La Señora de Cuenca, y se ve que los directivos de los canales de televisión en abierto la conocen mejor que ella misma. Esta señora era famosa en los despachos (y seguramente, todavía lo es en algunos). Cuando se preparaba un programa o una serie, era fundamental que lo pudiera entender todo “la señora de Cuenca”. Representaba lo que creían que era el público medio de la televisión en España: mujer, de unos 50 o 60 años y ama de casa. ¿Y por qué de Cuenca? Nadie sabe bien. Imagino que fue una ocurrencia de un señoro en una reunión llena de ejecutivos trajeados y encorbatados y que, como todos rieron el chascarrillo, así se quedó. Había que hacer las cosas facilitas, bien masticaditas y ligeritas para que esa señora se enterara de todo. Ese concepto machista, clasista y edadista ha regido muchas tomas de decisiones en nuestra televisión. A él se agarraban (y se agarran todavía) los directivos para no correr riesgos. Y de aquellos barros, estos lodos.
Pero la señora de Cuenca ha comenzado su venganza. Se ha cansado de que le pongan variaciones de la misma serie una y otra vez, de ver las mismas caras en los magacines y se está hartando de los concursos de famosos haciendo cosas. Más le vale a la televisión cuidar a los espectadores mayores (y a los que un día, con suerte, lo seremos). Si Antena 3 es líder hoy es, entre otras cosas, porque el público de programas como Pasapalabra, La ruleta de la suerte o El hormiguero tienen una edad media que ronda los 60 años.
Pero ojo, las señoras y los señores de Cuenca, Murcia, Liverpool o Indianápolis ven cada vez más plataformas. Eso sí les debería preocupar a los directivos de la televisión en abierto. Aunque la edad media del espectador del streaming todavía está unos 15 o 20 años por debajo de la televisión en abierto, la diferencia empieza a reducirse. Como contaba The Hollywood Reporter con datos de la auditora Nielsen, algunas de las series de plataformas más vistas en los primeros meses del año recibieron más del 60% de sus visionados de espectadores con más de 50 años. El público maduro es mayoritario en El agente nocturno, El abogado del Lincoln, Landman, The Pitt, Un lugar para soñar o Rancho Dutton. Porque si se subestima a las señoras de Cuenca —y a las de Milwaukee—, ahora tienen otra opción. Y su venganza será terrible.
Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos
Archivado En
Feed MRSS-S Noticias
