En la canción Pájaros mojados, Quique González incluye un verso que dice “se escapa otro verano en un furgón blindado”. Todos los estíos se van para no volver, pero hay uno que lo hace de una forma tan contundente y brutal que solo te das cuenta de lo que ha pasado cuando ha transcurrido el tiempo necesario para asimilarlo. Ese verano del que jamás se vuelve es el que hace de bisagra entre la infancia y la adolescencia. Porque en esos meses suceden tantas cosas de tanto calado que marcan el camino a seguir. Conoces a personas que comparten tus gustos e intereses, descubres canciones o libros que suenan como debía de sonar la invención del mundo —aunque tengan más años que un bosque—, se despiertan en ti unas extrañas sensaciones que resulta que se llaman emociones y que, tras un extraño proceso, se convierten en sentimientos. Todos ellos elementos que aparecen de repente para trastocar el orden en el que creías que ibas a vivir para siempre.
El escritor italiano Sandro Veronesi recrea en una novela el paso de la infancia a la adolescencia
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
El escritor italiano Sandro Veronesi recrea en una novela el paso de la infancia a la adolescencia


En la canción Pájaros mojados, Quique González incluye un verso que dice “se escapa otro verano en un furgón blindado”. Todos los estíos se van para no volver, pero hay uno que lo hace de una forma tan contundente y brutal que solo te das cuenta de lo que ha pasado cuando ha transcurrido el tiempo necesario para asimilarlo. Ese verano del que jamás se vuelve es el que hace de bisagra entre la infancia y la adolescencia. Porque en esos meses suceden tantas cosas de tanto calado que marcan el camino a seguir. Conoces a personas que comparten tus gustos e intereses, descubres canciones o libros que suenan como debía de sonar la invención del mundo —aunque tengan más años que un bosque—, se despiertan en ti unas extrañas sensaciones que resulta que se llaman emociones y que, tras un extraño proceso, se convierten en sentimientos. Todos ellos elementos que aparecen de repente para trastocar el orden en el que creías que ibas a vivir para siempre.
Y luego está el contexto histórico. Dependiendo del año, a ese verano se le añadirán recuerdos emitidos por la televisión o por la radio. Si cae en año par, seguramente tengan que ver con el deporte —por los Juegos Olímpicos, un Mundial, una Eurocopa o una Copa América— y ahí ya será una cuestión de suerte que a la memoria se sumen Los Manolos cantando Amigos para siempre —means you’ll always be my friend— (aunque no la cantaron durante los Juegos) o el ataque terrorista durante la cita olímpica de Múnich.
Al recuerdo del verano de los juegos alemanes vuelve Gigio Bellandi, el protagonista de la novela Septiembre negro (Anagrama), escrita por el escritor italiano Sandro Veronesi y con el mismo nombre que el grupo terrorista. El pequeño Gigio comprueba en el verano de 1972 que todo lo que él consideraba certezas está a punto de desaparecer. Que los trazos firmes y seguros de la existencia empiezan a difuminarse. También descubrirá el amor. Décadas después, recordará aquel verano. Lo hará asumiendo que “todos seleccionamos algunos recuerdos por su valor simbólico, los manipulamos y nos los grabamos en la memoria con tal precisión que se convierten en el emblema de toda una época de nuestra vida”.
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