Aimar Bretos (San Sebastián, 39 años) es de esas personas que parecían conocer su camino antes de saber caminar. Quiso ser dj de Los40 en la adolescencia, pero en cuanto se interesó por el mundo, se matriculó en Periodismo y adoptó como ídolo a Carles Francino, cuyo rostro decoraba su cuarto universitario en Pamplona. Poco después de graduarse, envió una grabación a la Cadena SER [propiedad de Prisa Media, editora de EL PAÍS]. Le contrataron. En estos 18 años ha hecho de todo y en todas partes, de boletines nocturnos de fin de semana a trabajar con su antiguo ídolo y Pepa Bueno o dirigir Hora 25. Este lunes se estrena al frente de Hoy por hoy, un espacio que nació dos meses antes que el propio Aimar Bretos y que acumula 30 años de liderazgo radiofónico. Sustituye a Àngels Barceló, que dejó el espacio por diferencias con la empresa al final de la temporada pasada. Bretos llega con algunos cambios bajo el brazo, mucho nerviosismo por la responsabilidad y la felicidad de haber alcanzado una cima que siempre quiso. Seguirá, eso sí, fiel a su fórmula de siempre: precisión quirúrgica en la información y escucha atenta del mundo. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, será su primer entrevistado.

El periodista se estrena al frente de ‘Hoy por hoy’, en la Cadena SER, con una entrevista al presidente del Gobierno
Aimar Bretos (San Sebastián, 39 años) es de esas personas que parecían conocer su camino antes de saber caminar. Quiso ser dj de Los40 en la adolescencia, pero en cuanto se interesó por el mundo, se matriculó en Periodismo y adoptó como ídolo a Carles Francino, cuyo rostro decoraba su cuarto universitario en Pamplona. Poco después de graduarse, envió una grabación a la Cadena SER [propiedad de Prisa Media, editora de EL PAÍS]. Le contrataron. En estos 18 años ha hecho de todo y en todas partes, de boletines nocturnos de fin de semana a trabajar con su antiguo ídolo y Pepa Bueno o dirigir Hora 25. Este lunes se estrena al frente de Hoy por hoy, un espacio que nació dos meses antes que el propio Aimar Bretos y que acumula 30 años de liderazgo radiofónico. Sustituye a Àngels Barceló, que dejó el espacio por diferencias con la empresa al final de la temporada pasada. Bretos llega con algunos cambios bajo el brazo, mucho nerviosismo por la responsabilidad y la felicidad de haber alcanzado una cima que siempre quiso. Seguirá, eso sí, fiel a su fórmula de siempre: precisión quirúrgica en la información y escucha atenta del mundo. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, será su primer entrevistado.
Pregunta. ¿Es de esos periodistas que detestan las preguntas?
Respuesta. Detesto recibirlas. Me encanta hacerlas. Los periodistas dedicamos buena parte de nuestro tiempo a hacer preguntas, pero también a contestar las preguntas que se hacen los oyentes.
P. ¿Le pesa más el nerviosismo o la ilusión?
R. La ilusión lo marca todo y el nerviosismo, siendo enorme, no se diferencia mucho del nerviosismo de cada día, que se mantiene cada vez que se enciende el pilotito rojo. Si no existiese, estaríamos muertos. Nos tendríamos que dedicar a otra cosa.
P. ¿Qué diferencias hay entre el primer gran informativo del día y el último?
R. Hora 25 tenía la obligación de hacer un análisis pausado de lo que había sucedido, un primer relato del día cuando el día ya se estaba apagando. Hoy por hoy es completamente distinto, tiene la obligación de poner los raíles y dar las coordenadas informativas del mundo al que se enfrentan ese día en que se despiertan. Es una responsabilidad descomunal.
P. ¿Qué va a tener el Hoy por hoy de Aimar Bretos que no tenía el de Àngels Barceló?
R. Creo que Hoy por hoy es algo muy grande, que trasciende a la persona que lo dirige. Al final esto lo elabora un equipo muy grande apoyado por una red de emisoras enorme; por lo tanto, la esencia va a ser la misma. Nosotros somos directores de orquesta que podemos poner un poco más de perejil por un lado u otro, pero al final Hoy por hoy es lo que lleva siendo desde hace 40 años.
P. ¿Se puede ser rupturista en un programa que lidera la audiencia desde hace 30 años?
R. Precisamente por eso tenemos la obligación de ser rupturistas. Soy un firme convencido de que los líderes tienen la obligación de romper, cambiar, reformar y liderar esa transformación de la radio.
P. ¿Cómo va a transformarlo?
R. Las dinámicas de escucha de los oyentes de hoy no son las mismas que las de hace 40 años. El español medio se despierta antes, escucha la radio en ambientes donde no la escuchaba entonces y nosotros tenemos que ser permeables a sus exigencias. Tenemos que replanteárnoslo todo. ¿Por qué la frontera entre la información y el magacín está a las 10.00 de la mañana? ¿Hasta las diez menos diez uno no se lo podía pasar bien? ¿A las diez y diez uno no puede seguir informándose? Son preguntas que tenemos que hacernos y modular el programa e introducir nuevos contenidos.

P. ¿Esa barrera temporal cambiará entonces?
R. Vamos a jugar con ella. Vamos a introducir más actualidad de 10 a 11, actualidad no es política, eh, esto es muy importante, la política es una parte importante de la actualidad y de nuestra vida, pero hay actualidad sobre cosas que nos pasan que trascienden a la política y eso tiene que tener un espacio. Una cosa que me obsesiona mucho es que el programa sea reflejo de lo diferente que es la sociedad, incluso desde el punto de vista generacional. En el equipo y en la audiencia conviven de forma virtuosa los zetas y los boomers. El programa tiene que estar abierto a reflejar eso.
P. La salida de Àngels Barceló fue controvertida. ¿Cómo vivió la marcha de su compañera?
R. Todo el respeto hacia la decisión de una compañera de la que he aprendido muchísimo escuchándola. A partir de ahí, la SER es una cosa tan grande que trasciende a las personas. Al primero es a mí. Esto es un equipo con cientos de los mejores periodistas de España que hacen cada día su trabajo y que nos trasciende a quienes estamos al frente.
P. ¿Sobra tertulia en la radio?
R. No sobra tertulia, pero el concepto tiene que evolucionar. Considero un sacrilegio preguntarle al mejor cronista parlamentario de España por el estrecho de Ormuz y eso pasa en las tertulias. Tenemos que luchar contra eso. Al tramo de las tertulias lo vamos a llamar El pulso de Hoy por hoy, donde estarán los comentaristas políticos y expertos en áreas temáticas. Creo que el oyente desde hace mucho tiempo está pidiendo a todo el ecosistema mediático que dejemos atrás la tertulia, que es una fórmula que durante 30 años ha funcionado muy bien y que mudemos hacia otra cosa.
P. ¿La tertulia ha contribuido a enrarecer el ambiente político y la convivencia?
R. Creo que hay tertulias y tertulias. En algunas se prima al que convierte eso en un ring de boxeo y hay tertulias en las que se premia a quien convierte eso en un diálogo que dé pie a la generación de nuevas ideas. Yo siempre he enfocado así las conversaciones en los programas que he dirigido. Lo bueno es que se parezcan lo más posible a una conversación con alguien a quien respeto y piensa distinto a mí. Los espacios de la radio y la tele tienen que resguardar ese clima de diálogo. No enfoquemos el periodismo como una cuestión de trincheras en las que el que piensa distinto a mí es mi enemigo a batir.
No nos queda otra que hacer un periodismo de primerísima calidad
P. Es hacia lo que se tiende. ¿Ve riesgos en la convivencia en este país?
R. Sería de ciegos decir que la convivencia en este país no está enrarecida y en algunos puntos de forma peligrosa. A partir de ahí, creo que los que tenemos un micrófono tenemos una responsabilidad también para luchar contra eso, para contener eso y sobre todo, no echar gasolina.
P. Vuelve al espacio donde todo empezó.
R. Efectivamente, llegué en 2008 y estuve unos meses en el equipo de informativos de fin de semana haciendo los boletines horarios de noche y a los pocos meses empecé a trabajar con Hoy por hoy. Estuve cuatro años con Francino y siete con Pepa Bueno. Este es el lugar donde nací radiofónicamente, 11 años de madrugada, me había prometido que no le iba a dar más madrugadas de mi vida a la radio y aquí estamos.
P. ¿A qué hora se levantará?
R. Al principio a las 2.30 para estar aquí a las 3.10. Levantarme, ducharme y el café ya me lo pongo aquí. Si con el tiempo veo que podemos ir achicando las horas, lo haremos, pero mi prioridad es darle todo al programa y llegar a las seis de la mañana con el programa muy atado.
P. En este tiempo, ¿su vida se para?
R. Bueno, cambia. En Hora 25 yo desaparecía de mi vida personal de tres de la tarde hasta la medianoche. Ahora voy a poder comer, estar por las tardes. Cambia.

P. En estos 18 años que han pasado desde que llegó a esta casa, ¿qué ha cambiado más: la radio o España?
R. Cuando le preguntan a Iñaki Gabilondo por la radio del futuro, dice: “dime cómo será la sociedad del futuro, dame 10 minutos y te diré cómo será la radio”. España ha cambiado mucho, la radio también. A todos nos han pasado muchas cosas. Nos ha pasado una pandemia que nos obligó a aprender a hacer la radio a través de un aparatito pequeñito instalado en nuestras casas. Durante cinco meses estuve acompañando a Pepa [Bueno] en Hora 25 desde una habitación de mi casa. La radio se puede hacer desde cualquier parte del mundo sin una gran inversión. No somos conscientes del privilegio que es que un contenido de radio que yo hago en el estudio en Madrid pueda llegar ahora mismo a Corea del Sur sin que tengamos un poste de emisión en Corea del Sur, nuestras capacidades de llegar a nuevos públicos se han disparado en los últimos 10 años y la exigencia de esos públicos hacia nosotros, también. El público te puede decir que ese contenido no le gusta, hay más feedback.
P. ¿Hay que hacer la radio que le gusta al oyente?
R. Hay que hacer la radio al servicio del oyente. Eso no tiene por qué ser siempre la radio que le gusta, pero procura que le guste, claro que sí.
P. ¿Y la radio en directo tiene futuro?
R. Todo. No hay nada más enriquecedor como oyente que saber que estás compartiendo en directo con una comunidad, saber que a esta hora muchos compatriotas y yo estamos haciéndonos las mismas preguntas, es algo que no consigue de la misma manera el audio bajo demanda. Ojo, no digo que una cosa sea mejor que la otra. De hecho, estamos diseñando mi programa para que compagine las dos escuchas, para que lo puedas escuchar en directo y para que, si no has podido, lo puedas escuchar el sábado por la mañana mientras haces los baños en tu casa.
P. ¿Cuáles son los ingredientes del estilo Aimar?
R. Yo creo que el oyente nos exige precisión quirúrgica en la información y esa es la base de todo. Después llega el análisis, el entretenimiento, pero los cimientos son la precisión quirúrgica en la información. Y también creo que el sello de un periodista de la radio está mucho más en cómo escucha que en cómo habla. Si conjugamos esas dos cosas, la precisión quirúrgica en la información y cuidar mucho cómo escuchamos el mundo, creo que en esa mezcla puede estar la receta.
P. Cuando anunció su fichaje para dirigir Hoy por hoy, prometió hacer un periodismo independiente. ¿Es más difícil hacer periodismo independiente hoy que cuando nació el programa?
R. No creo que sea más difícil, pero creo que no nos queda otra. El oyente, el lector, el espectador tienen muchísimas más opciones y facilidades para decirnos “no me creo lo que me estás diciendo y me voy a otro sitio”. Ahora el receptor tiene muchísimas más opciones y a nosotros no nos queda otra que hacer un periodismo de primerísima calidad, que el oyente detecte y premie esa independencia.
P. El periodismo ha perdido influencia y prestigio. ¿Cómo se puede recuperar?
R. Los periodistas somos muy cenizos hablando del estado del periodismo. Si hiciéramos una auditoría externa del periodismo en España, el resultado nos diría que es excelente. Claro que convivimos en un ecosistema complicado con otra gente que no hace periodismo pero que se disfraza de periodista y tenemos que competir por la atención de nuestros oyentes con esa gente. Yo creo que la mejor manera de salir al mercado de la atención es con un contenido de calidad. El oyente es lo suficientemente inteligente para detectar quién le está colando una cosa que se disfraza de periodismo y quién le ofrece un periodismo honesto. No tenemos que ser cenizos, tenemos que defender la calidad del periodismo que hacemos. Soy un militante de eso.
P. Su programa en La Sexta recibió buenas críticas, pero con audiencia modesta. ¿Ya no hay público para los programas que no buscan la estridencia?
R. Cuando le conté a un amigo el programa que íbamos a hacer, me dijo “olé tú y espero que asumas que ese programa es necesariamente minoritario”. Ese concepto de necesariamente minoritario se me quedó. Hemos hecho activismo de la escucha, hay entrevistas que se pueden hacer en televisión sin que pasen muchas cosas ni muchas sorpresas. Estamos muy orgullosos del programa que hicimos.
P. ¿Habrá segunda temporada?
R. Ahora mismo es imposible, dirigiendo el principal programa de la radio en España, con seis horas y veinte de directo al día, sería hasta irresponsable pensar en hacer cualquier otra cosa.
P. La pasada primavera se describía como “un tío feliz”. ¿Esto ha pasado a mejor vida?
R. En absoluto. Todo lo que está pasando lo que hace es subrayar con rotulador el momento de tío feliz en el que estoy.
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