Carla Bruni (Turín, 58 años) ya no oculta el impacto que las adicciones han tenido en su vida. En el pasado contó que empezaron ya en la infancia, cuando era adicta al azúcar. Ahora, la modelo, cantante y ex primera dama francesa se ha sincerado sobre cómo durante años el alcohol y el tabaco le sirvieron como un refugio, y cómo aún lidia con esa dependencia, una batalla que requiere su atención constante.
“Durante mucho tiempo, el tabaco y el alcohol me permitían anestesiar ciertas emociones, ciertos dolores, y mantenerme en pie”, recuerda la artista en el último proyecto de la cantante y actriz Elisa Tovati
Carla Bruni (Turín, 58 años) ya no oculta el impacto que las adicciones han tenido en su vida. En el pasado contó que empezaron ya en la infancia, cuando era adicta al azúcar. Ahora, la modelo, cantante y ex primera dama francesa se ha sincerado sobre cómo durante años el alcohol y el tabaco le sirvieron como un refugio, y cómo aún lidia con esa dependencia, una batalla que requiere su atención constante.
Con la perspectiva del tiempo, Bruni describe en el libro Merci pour le non, de la cantante y actriz Elisa Tovati, lo que estos hábitos representaban realmente para ella: “Durante mucho tiempo, mis adicciones al tabaco y al alcohol fueron para mí un verdadero apoyo. Me permitían anestesiar ciertas emociones, ciertos dolores, y mantenerme en pie. Aunque se pueda disfrazar de placer, la adicción tiene un matiz morboso que no se puede ignorar…”, dice en el libro que tiene como una de sus premisas responder a la pregunta: ¿y si los momentos en los que la vida nos dice no fueran, precisamente, aquellos que más nos forjan?
Para mantenerse sobria, la artista hoy se apoya, entre otras cosas, en los principios de Alcohólicos Anónimos, aunque aclara que nunca ha seguido directamente este programa. “El único tratamiento real contra las adicciones es la abstinencia y la sobriedad. En el caso del alcohol, la terapia de los 12 pasos propuesta por Alcohólicos Anónimos ya ha salvado miles de vidas. Nunca la he seguido directamente, pero utilizo su técnica y sus enseñanzas para mantenerme sobria, y experimento un gran placer en la sobriedad. Porque la adicción es una enfermedad mental que adopta la forma de una especie de rito, sagrado y venenoso”, explica en uno de los fragmentos del libro que recoge la publicación francesa Closer. Según dice, se niega a considerar que el problema ha quedado definitivamente atrás: “No me he liberado por completo de mis adicciones, pues esta enfermedad no es una cuestión de circunstancias externas, sino, por el contrario, de una situación interna. Es un asunto de uno consigo mismo…”. Para ella, mantenerse sobria se ha convertido en una disciplina diaria.
En el libro, en el que también cuentan sus historias otros artistas, deportistas o chefs y cómo esos momentos difíciles y sus decisiones han cambiado el rumbo de sus vidas, Bruni también habla de sus años como primera dama de Francia y, aunque pueda parecer lo contrario, asegura que, durante el tiempo que estuvo en el Elíseo mientras Nicolas Sarkozy era presidente, la presión para ella fue menor que cuando se convirtió en una reclamada modelo en la década de los noventa. “Cuando estuve en el Elíseo, la presión no aumentó. Al contrario, disminuyó un poco, porque mi marido fue una enorme fuente de protección para mí, y eso alivió una ansiedad que arrastraba desde hacía tiempo. Mi marido es muy protector con su familia, y aunque el Elíseo no es un lugar apacible que invite a la serenidad, me sentía segura”, explica a Tovati.
El pasado mes de junio ya contó en el podcast de Judith Beller, Sens et confidences, que le había prometido a su hija Giulia, nacida en octubre de 2011, no beber alcohol durante un año. En esa entrevista insistió en que el alcohol lo cambia todo y lo comparó con un “veneno delicioso pero indigesto”. Y ahora en el libro de Tovati asegura que también se mantiene vigilante con esas adicciones por sus hijos, Aurélien Enthoven, nacido en 2001 fruto de su relación con el filósofo Raphaël Enthoven, y Giulia. “Sigo alerta y activa frente a la adicción, porque no quiero transmitir esta enfermedad a mis hijos… Mi hijo parece estar a salvo, lo cual me alegra mucho, y me aseguro de no transmitírsela a mi hija, que todavía es pequeña”.
En el nuevo libro de Tovati, publicado la semana pasada, Bruni también recuerda el cáncer de mama que le fue diagnosticado en 2019, y los motivos por los que lo mantuvo en privado hasta octubre de 2023, cuando participó en una campaña con el único fin de concienciar sobre la importancia de las mamografías. En Merci pour le non explica por qué los primeros años guardó silencio respecto a su enfermedad. “No quería verme reducida a eso. No quería ser vista como una enferma. Quería seguir existiendo como artista, como mujer, como ser vivo. Pero ocultarlo también te aísla. Es una forma de aislamiento. Y cuando ya tienes un historial, la soledad es muy violenta”, reconoce. “El diagnóstico siempre es brutal. Incluso cuando crees que eres fuerte. Incluso cuando crees que puedes afrontar esa mirada”, explica sobre el momento en el que conoció su diagnóstico.
Desde entonces, se ha convertido en un altavoz para concienciar sobre la enfermedad y sobre la importancia de la detección precoz. Precisamente una de sus últimas publicaciones en Instagram es con motivo del mes de sensibilización sobre el cáncer de mama. “Durante esta campaña de Octubre Rosa contra el cáncer de mama, tengo un solo mensaje para ustedes, amigos: ¡háganse pruebas de detección!”, dice a sus 1,3 millones de seguidores en la red social. Fue en la misma plataforma en la que celebró el fin de su tratamiento: “Hoy, sábado 20 de diciembre de 2025, termino cinco años de hormonoterapia tras haber sido diagnosticada a finales de 2019 con cáncer de mama. Cirugía, radioterapia, hormonoterapia: ese es el camino que debemos seguir para curar este tipo de cáncer”.
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