¿Puede la realidad ser un spoiler? Supongo que sí. Para algunos espectadores, las series basadas en hechos reales son una manera de conocer esos hechos a través de la ficción. Pero uno puede disfrutar también de una serie que reflexiona sobre realidades que conoce. Incluso realidades cercanas. Todos los giros de Creednos están ampliamente documentados, sobre todo en la prensa británica. El escándalo del taxista violador, campando a sus anchas durante años por culpa de unos protocolos policiales igualmente escandalosos, es muy famoso en Reino Unido. Ver la serie que lo recuerda es una manera de mantener viva la alerta para que algo así no se repita. Pero Creednos también es un ejercicio de pura y buena televisión. Jeff Pope, su creador, estaba detrás de Sospechoso: el asesinato de Jean Charles de Menezes, una serie con espíritu muy similar. Como Sospechoso, Creednos cuenta todo el ciclo del delito: desde su comisión hasta las consecuencias de su juicio. En ambas series el juicio no es el obvio: se juzga al sistema. A un sistema real.
Yo, que no conocía el desenlace de esta historia, y su detonante solo me sonaba vagamente, flipé con su desarrollo. Desde su segundo episodio, ‘Creednos’ juega a que, ejem, creamos que su trama está cerrada
¿Puede la realidad ser un spoiler? Supongo que sí. Para algunos espectadores, las series basadas en hechos reales son una manera de conocer esos hechos a través de la ficción. Pero uno puede disfrutar también de una serie que reflexiona sobre realidades que conoce. Incluso realidades cercanas. Todos los giros de Creednos están ampliamente documentados, sobre todo en la prensa británica. El escándalo del taxista violador, campando a sus anchas durante años por culpa de unos protocolos policiales igualmente escandalosos, es muy famoso en Reino Unido. Ver la serie que lo recuerda es una manera de mantener viva la alerta para que algo así no se repita. Pero Creednos también es un ejercicio de pura y buena televisión. Jeff Pope, su creador, estaba detrás de Sospechoso: el asesinato de Jean Charles de Menezes, una serie con espíritu muy similar. Como Sospechoso, Creednos cuenta todo el ciclo del delito: desde su comisión hasta las consecuencias de su juicio. En ambas series el juicio no es el obvio: se juzga al sistema. A un sistema real.
Creednos comienza con una víctima imperfecta. La violación de Sarah (una desarmante Aimee-Ffion Edwards) termina en un cajón de la policía londinense. La noche en cuestión Sarah había consumido alcohol y drogas y sus recuerdos son borrosos. Ella sospecha que el taxista que la llevaba a casa adulteró la copa de champán que le ofreció durante el trayecto. «¿Y por qué se la bebió?», le preguntan los policías. Laila (Aasiya Shah) pasa por lo mismo: la bebida extraña y la pregunta pertinente que se vuelve impertinente. Su violación tampoco tendrá demasiado recorrido policial. La vida sigue porque qué otra cosa puedes hacer. Y entonces una casualidad (en la serie, un «este modus operandi me suena» dicho en comisaría) abrirá la caja de Pandora: no solo nuevas víctimas «reaparecen», sino que docenas de mujeres denuncian delitos casi idénticos. Detienen al taxista. Lo juzgan. Pasan más cosas.
El caso del taxista John Worboys, juzgado en 2009, causó una gran conmoción social y política. Los medios siguieron el tema de cerca. Pero Creednos no es un reportaje, sino una ficción basada en hechos reales. La serie de Jeff Pope, disponible en España en Movistar Plus+ toma una importante decisión, narrativa y moral: son Sarah, Laila y, por extensión, el resto de víctimas, las protagonistas. Paralelamente, Pope no convierte a Worboys, interpretado por Daniel Mays, en un ser fascinante. Retratado como un beneficiario circunstancial de un sistema perverso, el violador apenas tiene interés. Sí lo tienen las mujeres que, tras ser atacadas por él, fueron tratadas fatal: ¿bebes a menudo? ¿te consideras promiscua? ¿por qué te pintas las uñas de rojo? Todas habían pasado por una situación (dos, contando el proceso de denuncia) similar, pero cada una la había vivido de una manera distinta. Creednos sigue a tres de ellas. Carrie, la tercera, es Miriam Petche, la Sweetpea de Industry. Cada una a su manera, llegaron hasta el final de un camino que terminó con un monstruo entre rejas.
Yo, que no conocía el desenlace de esta historia, y su detonante solo me sonaba vagamente, flipé con su desarrollo. Desde su segundo episodio, Creednos juega a que, ejem, creamos que su trama está cerrada. Hasta el final del cuarto y último siguen sucediendo cosas. Y sigues alucinando con que eso que te están contando ocurriese en la realidad. Y no precisamente hace cien años. Spoiler: Sarah, Leila, Carrie y las demás cambiaron el sistema.
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