El neerlandés Tom Six (Alkmaar, 52 años) querría pasar a la historia como una de las figuras más libres y radicales del cine, además de hábil analista de la cultura pop. Y puede que finalmente su legado se restrinja a lo segundo, porque el impresionante eco mediático que obtuvo con su trilogía El ciempiés humano no le abrió las puertas de Hollywood. Ni siquiera ha logrado que nadie le estrene su penúltimo filme, The Onania Club (2019). Por eso, en venganza a la “cortedad de miras de la industria” y porque, de paso, ha desvelado que sufre desde hace 14 años esclerosis múltiple, que le mantiene encerrado en su casa desde hace seis, ha dedicado 12 meses a un documental, The End of Tom Six, que se estrenó el pasado sábado en YouTube. Con esos 98 minutos, Six se despide del cine, ajustando cuentas con todo el mundo, empezando por él mismo. “Qué gran oportunidad para hacer el ridículo total. Bueno, soy cinturón negro en demolición de ego”, suelta a las primeras de cambio.
El filme, disponible en YouTube y rodado durante un año porque el cineasta no puede trabajar más de una hora diaria, ajusta cuentas con la industria por su falta de apoyo
El neerlandés Tom Six (Alkmaar, 52 años) querría pasar a la historia como una de las figuras más libres y radicales del cine, además de hábil analista de la cultura pop. Y puede que finalmente su legado se restrinja a lo segundo, porque el impresionante eco mediático que obtuvo con su trilogía El ciempiés humano no le abrió las puertas de Hollywood. Ni siquiera ha logrado que nadie le estrene su penúltimo filme, The Onania Club (2019). Por eso, en venganza a la “cortedad de miras de la industria” y porque, de paso, ha desvelado que sufre desde hace 14 años esclerosis múltiple, que le mantiene encerrado en su casa desde hace seis, ha dedicado 12 meses a un documental, The End of Tom Six, que se estrenó el pasado sábado en YouTube. Con esos 98 minutos, Six se despide del cine, ajustando cuentas con todo el mundo, empezando por él mismo. “Qué gran oportunidad para hacer el ridículo total. Bueno, soy cinturón negro en demolición de ego”, suelta a las primeras de cambio.
El ciempiés humano fue la saga que le dio la fama a Tom Six. En realidad, su concepto es tan grotesco y asqueroso que se convirtió en un filme de culto que se vio poco en salas, aunque tuvo un largo y fructífero recorrido posterior en plataformas o vídeo bajo demanday ha dejado una larga huella en la cultura pop. Todo gracias a la historia de un científico loco alemán, que secuestra a tres turistas, dos chicas estadounidenses y un japonés, y los une quirúrgicamente en una cadena, boca con ano. “La idea se me ocurrió cuando oí la poca condena que había recibido un pederasta y pensé que deberían haberlo castigado cosiendo su boca al ano de un camionero obeso”, recuerda Six en pantalla.

La primera se estrenó en 2009 y rápidamente devino en título gore de culto. Sus siguientes entregas, en 2011 —con mucho, la más bestia— y 2015 —que se desarrolla en una prisión y juega más a lo políticamente incorrecto— le otorgaron la fama mundial. “Una vez fui un bon vivant, un artista infame con una carrera cinematográfica próspera y siete largometrajes”, se define.
Pero en mitad de esos rodajes empezó a sentir cosquilleos constantes en manos y pies, que le llevaron a la consulta de un neurólogo hace 14 años. El diagnóstico: esclerosis múltiple, una enfermedad degenerativa que en su caso se ha acelerado por el estrés provocado al no lograr estrenar The Onania Club, que acabó en 2019 y por cuyo lanzamiento aún lucha. “En realidad, estoy demasiado jodido para esto. Estoy exhausto, soy un puto rayos X andante, mis pensamientos son huevos revueltos”, explica en The End of Tom Six.

El documental —en blanco y negro, estrenado en YouTube en acceso gratuito aunque al inicio se muestran varias plataformas para pagar por verlo lo que se quiera— se ha rodado en el salón de 40 metros cuadrados de la casa de Six durante un año. Recrea el rodaje de una entrevista, con Six dando vida a la vez al documentalista y a sí mismo, y acompañado de su pareja, la productora Maartje Willems, vestida de femme fatale; del actor Servaes Nelissen como un censor nazi que salta a cada comentario de Six; de Edwin Alofs, intérprete con acondroplasia, dando vida a tres personajes: el cámara, el sonidista y el mayordomo, y de Demian Kurosa, un gigante con todo el cuerpo tatuado y que habla con un laringófono, como el asistente de dirección. En realidad, su montaje rápido, sus juegos de discusiones, problemas técnicos y cabreos porque los personajes fuman y beben constantemente sirven para que no se convierta en otro filme de cabeza parlante.

Todo eso esconde que Six solo puede trabajar una hora al día. Desde hace seis años vive recluido en su apartamento en Ámsterdam, del que solo sale dos veces al día a tomar un café descafeinado en un bar de al lado, “como una prostituta que solo quiere mimos”. Amante de los trajes de lino, hoy exclusivamente soporta llevar pijamas de seda fina, come únicamente pollo al curry, mantequilla de cacahuete y mousse de chocolate (no tolera otros alimentos), se pasa el día reclinado en una cama de opio china viendo películas noir del Hollywood clásico y atiborrado de opioides, pero se permite fumar puros caros: “Son como si un ángel meara en tu boca. Total, voy a morir pronto. Ya no puedo caminar, me veo obligado a arrastrarme por mi casa como una maldita gárgola. Soy un grotesco amasijo de carne intocable y aullante”.

Sin embargo, The End of Tom Six no está rodada para buscar compasión, aunque al inicio grite: “La miseria vende”. “Odio ser una víctima y que me tengan lástima”. El director, realizador de las primeras temporadas de Gran Hermano, algo por lo que pasa de puntillas, quiere reivindicarse como “experto en el mecanismo que impulsa a la cultura pop”. Un artista a la altura de John Waters, Andy Kaufman o Bret Easton Ellis, ya que referencias a El ciempiés humano han aparecido en programas, series y películas como South Park, Los Simpson, Saturday Night Live, Unbreakable Kimmy Schmidt, Deadpool 2 o Beavis y Butt-Head y hasta en el vídeo de Childish Gambino de su tema Bonfire. “Mi cine es un cóctel de sátira, comentario social y humor negro”, insiste. “Aún hoy recibo propuestas de matrimonio y amenazas de muerte por mi saga”.

Y, sobre todo, se lamenta de no lograr estrenar The Onania Club, protagonizada por una mujer con su matrimonio destrozado que se une secretamente al Onania Club, cuyas integrantes, mujeres fuertes, con dinero e independientes de Los Ángeles, se excitan ante la miseria de los demás. En realidad, “todo metafórico de forma segura”, horror junto a sátira con “millones de referencias”.
Tom Six se pregunta si ya no hay sitio para películas como la suya, transgresora. Y, además, ¿qué dice eso de la imperante cultura actual? “No se admiten emociones fuertes ni estirar los límites”, asume puro en mano, riéndose de la repetitiva respuesta “el mercado ha cambiado” que ha recibido de distribuidores de todo el mundo. ¿Queremos películas que sorprendan, hagan pensar y en las que ocurran cosas, o el producto actual adocenado nacido de las plataformas y de Hollywood?
Según Maartje Willems, en la nota de prensa que acompañaba el lanzamiento del documental, “la batalla prolongada y extremadamente estresante [por intentar llevar al público The Onania Club] aceleró su enfermedad y devastó por completo su cuerpo hasta el punto de que ahora se acerca al final de su vida”. En pantalla, Six, que ha quemado cinco guiones de los que pudieran haber sido sus siguientes trabajos, espeta a su público: “He sido feliz por mis películas. Ahora soy todo ruinas. Soy un objeto sin sentido, inútil”.
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