¿Qué tiene que ver una pintura de Rembrandt con el cambio climático? Todo, según este thriller del francés Pierre Schoeller. Su heroína es una física nuclear que ve resquebrajadas sus certezas científicas gracias a la extraña conexión que establece al contemplar un cuadro del artista holandés en la National Gallery de Londres.
Una mal resuelta epifanía estética le vale al director Pierre Schoeller para retratar a una nueva heroína del cambio climático ‘El síndrome de Rembrandt’: apocalipsis en el museo | Cine: estrenos y críticas | EL PAÍSIr al contenido
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Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia
Una mal resuelta epifanía estética le vale al director Pierre Schoeller para retratar a una nueva heroína del cambio climático
Tráiler ‘El síndrome Rembrandt’
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Tráiler ‘El síndrome Rembrandt’

¿Qué tiene que ver una pintura de Rembrandt con el cambio climático? Todo, según este thriller del francés Pierre Schoeller. Su heroína es una física nuclear que ve resquebrajadas sus certezas científicas gracias a la extraña conexión que establece al contemplar un cuadro del artista holandés en la National Gallery de Londres.
Puede sonar delirante, pero El síndrome de Rembrandt es un intento interesante de retratar el estado de lúcida locura de una mujer que un día empieza a tomar conciencia de las consecuencias de sus acciones profesionales. Aunque finalmente el arrebato casi místico que experimenta este personaje no acaba de cuajar ni como thriller político de baja intensidad ni tampoco como drama íntimo sobre las consecuencias personales y familiares de este brusco cambio de rumbo.

La imagen de una amenazante planta nuclear es de una potencia visual innegable (y toca un asunto que lleva tiempo siendo un debate nacional en Francia). Enfrentarla al personaje interpretado por Camille Cottin le da una dimensión épica, de David contra Goliat, que la película desarrolla a través de una tensión laboral que Schoeller expresa a través de la perplejidad de los personajes secundarios y, sobre todo, de la dinámica de pareja junto a su marido (Romain Duris), compañero de trabajo en esa central nuclear.
La idea de que un cuadro de Rembrandt sea el detonante de una crisis latente en ella está llena de posibilidades que la película enuncia, pero sin llevarlas lo suficientemente lejos, o quedándose solo en sugerente barniz. A través de la pintura sabemos que algo empieza a desintegrase en la vida de esta acomodada pareja burguesa. Pero esa pata, la más evocadora como símbolo, a la vez acaba siendo la más caprichosa de un thriller que construye a una heroína climática a través de la descomposición de su día a día.
El síndrome de Rembrandt tiene rasgos desordenados de personalidad propia y, aunque está bien interpretada, su ritmo decae. A su manera podría ser el reverso de Night Moves, de Kelly Reichardt, que giraba alrededor de la culpa de unos terroristas medioambientales. Pero la manera de deconstruir los géneros de la directora estadounidense es mucho más honda en su manejo del minimalismo y el silencio, mientras que el intento de Schoeller y su epifanía estética con Rembrandt se queda en las capas superficiales sin llegar a una huella profunda.
El síndrome de Rembrandt
Dirección: Pierre Schoeller.
Intérpretes: Camille Cottin, Romain Duris, Denis Podalydès.
Género: thriller. Francia, 2025.
Duración: 107 minutos.
Estreno: 7 de agosto.
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