Aunque han metastatizado todas las formas posibles del entretenimiento, el origen de los superhéroes está en los cómics. En el lejano 1938, con la aparición de Superman, se dio el pistoletazo de salida para que una miríada de personajes ridículos, pomposos, grandilocuentes y psicóticos poblaran las páginas de los tebeos de los Estados Unidos. Tan americanos como la tarta de manzana, el béisbol y la tenencia legal de armas, los cómics de superhéroes han sido retorcidos a través de todo tipo de relecturas y juegos metatextuales, pero su nacionalidad de origen está tan enraizada en el género que sus versiones internacionales (como los kyodai hero japoneses) siempre rozan la parodia. En España lo sabemos bien. Desde Superlópez a Pafman, pasando por los miembros de Iberia Inc., a la hora de abordar las aventuras de unos improbables superhéroes ibéricos ha sido inevitable partir desde el cachondeo más o menos disimulado.
Tres lustros después de su última entrega, la saga de cómics ‘El Vecino’ vuelve a lo grande con un espectacular cómic repleto de acción y violencia desenfrenada
Aunque han metastatizado todas las formas posibles del entretenimiento, el origen de los superhéroes está en los cómics. En el lejano 1938, con la aparición de Superman, se dio el pistoletazo de salida para que una miríada de personajes ridículos, pomposos, grandilocuentes y psicóticos poblaran las páginas de los tebeos de los Estados Unidos. Tan americanos como la tarta de manzana, el béisbol y la tenencia legal de armas, los cómics de superhéroes han sido retorcidos a través de todo tipo de relecturas y juegos metatextuales, pero su nacionalidad de origen está tan enraizada en el género que sus versiones internacionales (como los kyodai hero japoneses) siempre rozan la parodia. En España lo sabemos bien. Desde Superlópez a Pafman, pasando por los miembros de Iberia Inc., a la hora de abordar las aventuras de unos improbables superhéroes ibéricos ha sido inevitable partir desde el cachondeo más o menos disimulado.
Y, en origen, eso fue lo que pasó con El vecino, la obra del guionista y premio nacional del cómic Santiago García (Madrid, 1968) y el dibujante y doctor en Bellas Artes Pepo Pérez (Málaga, 1969), cuya primera aventura fue publicada por Astiberri en 2008. García, un fervoroso amante de los superhéroes, partía de una pregunta sencilla pero efectiva que se dejaba adivinar en la portada del álbum: ¿qué pasaría si tu vecino fuera un superhéroe? Conocíamos así al reparto de la serie: José Ramón, eterno opositor; Lola, periodista intrépida, y Javier, alias Titán, superhéroe por accidente. Al triángulo se le sumaban el Dr. Tentáculos, supervillano asesino (y gentleman) y Rosa, que conquistará el corazón de José Ramón. El vecino es comedia romántica, fresco social y parodia superheroica. Tan sencillos como atractivos, parecía que los derroteros de la serie estaban claros. Hasta su segunda entrega.
El segundo capítulo de la saga lleva a Javier a atravesar su particular infierno personal: se convierte en un homeless y su vida está al borde del abismo. Los aficionados a los superhéroes encontrarán simetrías con el clásico Daredevil: Born again, de Miller y Mazzuchelli, aunque el trabajo de García y Pérez tiene entidad propia. El nuevo rumbo de la serie, más oscuro, dividió a sus lectores. Hasta su tercera entrega.
El vecino 3 duplicaba el número de páginas de sus episodios anteriores y renunciaba al color. Más cercano a la novela gráfica contemporánea que a los álbumes franceses que inspiraron los dos cómics anteriores, el libro presentaba un tour de force narrativo donde las vidas de los protagonistas se entretejían a golpe de diálogo feroz. Tocaba ahora esperar el cuarto episodio de la serie.
A falta de un nuevo cómic, El vecino se convertía en una serie de Netflix, protagonizada por Quim Gutiérrez y Clara Lago. Pese a que pronto se separa de los presupuestos del cómic en el que se basa, se estrenan dos temporadas y provoca que Astiberri publique en un solo volumen las historias cortas que se habían publicado en la desaparecida revista El Manglar, así como un recopilatorio con los tres primeros capítulos aparecidos de la saga. Y así, en 2026, 16 años después, llegó su cuarta entrega, esta vez en un espectacular formato apaisado.
Si El vecino era un tebeo de superhéroes sin superhéroes, El vecino 4 es un festival de acción, mamporros, aventuras, peligros terribles, gore inopinado, gente volando y rescates en el último momento. Un (ahora sí) homenaje al género que Pérez certifica con un ojo puesto en sus grandes maestros, de Neal Adams a Ross Andru, guiado por una paleta de color heredada de las lecciones de Lynn Varley, la colorista de Batman: El señor de la noche contraataca. Pero, por supuesto, también hay comedia marca de la casa, con un par de frenazos en la trama muy del gusto de García y unos diálogos repletos de vida. Mientras el mundo se desmorona a su alrededor debido a una invasión no sabemos si alienígena o ultradimensional (¿acaso importa?), las vidas de los protagonistas de la saga siguen girando, encaminándose hacia su conclusión final. Esperemos que esta vez no haya que esperar otros 16 años para leerlas.
Noticias de Cultura

