Ha muerto Tania Doris. Bajo ese nombre artístico la valenciana Dolores Cano hizo una larga carrera de vedette. Gracias a mi amistad con Luis Cuenca la conocí a ella y al que fue su pareja durante muchos años, el empresario de revista Matías Colsada. Con Luis Cuenca trabajé en mis primeras tres películas, y habrían sido más, todas, si con su muerte el actor no se hubiera contratado en exclusiva en esa comedia inacabable llamada eternidad. Luis Cuenca ejerció durante más de 40 años de cómico de variedades y en sus años finales encarnó al pícaro flaco de goma al costado de la belleza kilométrica de Tania Doris. Durante el franquismo, el género de la revista había sido el más popular en los teatros. Con la llegada de la democracia, y, sobre todo, con el arranque de las televisiones privadas, su público encontró en el salón de casa los mismas reclamos que antes lo arrastraban a los locales. El humor picante, las chicas emplumadas, las piernas al aire y los corpiños ajustados. Sus mecanismos narrativos se transplantaron intactos a gran parte de las galas y series televisivas de más éxito. En las últimas décadas se puede reconocer el aire de revista en las grandes apuestas de la industria musical. Es imposible mirar a muchas cantantes de hoy sin sospechar que, subterráneamente, la vedette sigue siendo el modelo de éxito popular.
Tania Doris fue una mujer empoderada, ese ‘palabro’ que usamos para definir a la mujer que, tras largo tiempo sometida, logra hacerse con la riendas de su propia vida
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Tania Doris fue una mujer empoderada, ese ‘palabro’ que usamos para definir a la mujer que, tras largo tiempo sometida, logra hacerse con la riendas de su propia vida

EFE

Ha muerto Tania Doris. Bajo ese nombre artístico la valenciana Dolores Cano hizo una larga carrera de vedette. Gracias a mi amistad con Luis Cuenca la conocí a ella y al que fue su pareja durante muchos años, el empresario de revista Matías Colsada. Con Luis Cuenca trabajé en mis primeras tres películas, y habrían sido más, todas, si con su muerte el actor no se hubiera contratado en exclusiva en esa comedia inacabable llamada eternidad. Luis Cuenca ejerció durante más de 40 años de cómico de variedades y en sus años finales encarnó al pícaro flaco de goma al costado de la belleza kilométrica de Tania Doris. Durante el franquismo, el género de la revista había sido el más popular en los teatros. Con la llegada de la democracia, y, sobre todo, con el arranque de las televisiones privadas, su público encontró en el salón de casa los mismas reclamos que antes lo arrastraban a los locales. El humor picante, las chicas emplumadas, las piernas al aire y los corpiños ajustados. Sus mecanismos narrativos se transplantaron intactos a gran parte de las galas y series televisivas de más éxito. En las últimas décadas se puede reconocer el aire de revista en las grandes apuestas de la industria musical. Es imposible mirar a muchas cantantes de hoy sin sospechar que, subterráneamente, la vedette sigue siendo el modelo de éxito popular.
Tania Doris fue una mujer empoderada, ese palabro que usamos para definir a la mujer que, tras largo tiempo sometida, logra hacerse con la riendas de su propia vida. Sucedió de esa manera áspera que tiene lo judicial. Nunca han sido fáciles las conquistas naturales de la mujer frente a los rigores del paternalismo masculino y su dominación por decreto y costumbre. Fue Matías Colsada, el todopoderoso empresario, en cuyos dominios no había una pierna cubierta, quien inoculó desde el teatro La Latina de Madrid y el Apolo de Barcelona la idea de sus alegres chicas en la mente calenturienta de los españoles. Pese a que cuando lo conocí me contó que acudía cada año a limpiarse la sangre en una clínica de Lausana, un día llegó su fallecimiento. Tras un proceso escabroso de gestión de la herencia, en el que fueron reconocidas dos hijas fuera del matrimonio, Tania Doris, que había convivido casi tres décadas con el señor Colsada se quedó sin parte del pastel. Su lucha en los tribunales se cerró con un proceso en el que se acreditó la convivencia continuada del empresario con la vedette. El patrimonio bien merecía la disputa porque se dictó que Tania Doris recibiera tres millones de euros en compensación a esa larga relación.
Resulta irónico que la acción decidida de una vedette se pueda relatar en el presente como toda una conquista de derechos. Es inimaginable la cantidad de mujeres que han quedado marginadas a lo largo de los siglos en herencias injustas perpetuadas bajo el manto del sagrado matrimonio. Tania Doris ha muerto en su retiro discreto y nos obliga a recordar a todos los que regalaron horas de gozo a aquellos que no encontraron en el matrimonio formal eso que andaban buscando. La vedette protagonizó espectáculos de revista como Yo soy la tentación o La dulce viuda, cuyos títulos parecen explicar una parte irrenunciable de su propia biografía. Aunque no respondiera al perfil convencional de la activista, su reivindicación trajo una conquista que corona ese significado etimológico de la palabra vedette que señala a la que se hace ver, la que destaca.
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