En la habitación, de absoluto negro y con pelo recogido en una tersa coleta, aparece Jennifer Connelly (Nueva York, 1970). Y la pregunta es: ¿es ella realmente? ¿Qué versión de la actriz está aquí delante ahora mismo? ¿Es la estudiante que le valió un Oscar de Una mente maravillosa? ¿Es la adicta a la heroína de Réquiem for a dream? ¿es la camarera de Top Gun? ¿Es todas ellas? ¿O ninguna? ¿Esta habitación existe? ¿Qué universo es este en el que estamos?
La actriz neoyorquina es una de las protagonistas de la segunda temporada de ‘Materia oscura’, que se estrena el viernes en Apple TV
En la habitación, de absoluto negro y con pelo recogido en una tersa coleta, aparece Jennifer Connelly (Nueva York, 1970). Y la pregunta es: ¿es ella realmente? ¿Qué versión de la actriz está aquí delante ahora mismo? ¿Es la estudiante que le valió un Oscar de Una mente maravillosa? ¿Es la adicta a la heroína de Réquiem for a dream? ¿es la camarera de Top Gun? ¿Es todas ellas? ¿O ninguna? ¿Esta habitación existe? ¿Qué universo es este en el que estamos?
Las preguntas parecerán excesivas -y, de hecho, lo son-, pero el fondo de esos interrogantes es el que cimenta la segunda temporada de Materia oscura, la serie de Blake Crouch basada en su propia novela, que se estrena este viernes en Apple TV. El principio cuántico de la superposición -las cosas existen en distintas formas y lugares al mismo tiempo- y el trillado multiverso para desarrollar una historia familiar que navega entre la ciencia ficción y el thriller.
Pongamos, pues, que es Jennifer Connelly quien está aquí sentada en una de las salas de la tercera planta del hotel Four Seasons en el centro de Madrid. Que es ella quien intenta desentrañar algunos de los debates que desde lo científico propone este proyecto en lo social. Y que es ella quien suelta una tímida carcajada al ser preguntada sobre si la posibilidad de perder lo mundano de la vida -como le sucede a su personaje- es algo que ella haya experimentado con la fama.
«Siendo sincera, no siento que no me pueda relacionar con la gente de una forma normal. A veces veo que la gente tiene prejuicios, como si tuviera que ser de cierta manera o tener ciertas características, pero eso nos lo hacemos unos a otros por diferentes motivos. No creo que yo sea famosa en el sentido de no poder hacer lo que hacía normalmente con mi familia, con mis hijos, con mis amigos… Hay algo especial en la gente que sigue simplemente con su vida», expone. Y vuelve: «Quiero decir, hay gente para la que es diferente. Yo lo he visto cuando he estado con Tom Cruise. Hay gente tan famosa que es innegable, pero yo no soy famosa. Puedo ir caminando por la calle».
-Uno de los puntos centrales de Materia oscura es la importancia de la identidad humana. Quiero saber si este proyecto le ha hecho reflexionar sobre esto, en un momento en el que se ha convertido en un debate habitual en este mundo.
-Es curioso porque al rodar la serie no pensaba en esas cosas en absoluto. Ahí no puedes interpretar esos conceptos más abstractos. Yo pienso: ‘¿Dónde está Daniela? ¿Qué hace en esta escena? ¿Cuál es mi objetivo? ¿De qué tengo miedo? ¿Qué intento conseguir de la persona con la que hablo?’ Me centro en cosas concretas, pero al hablar de este proyecto, al verlo y reflexionar sí surgen todas esas preguntas. Todos esos elementos son los que hacen divertida esta serie. Es la construcción de un mundo alucinante y la imaginación que hay tras ello, pero también esos conceptos tan provocadores de la identidad, el compromiso, la elección y la memoria.
La actriz, al igual que su compañero protagonista, Joel Edgerton, ejerce además como productora ejecutiva de esta ficción. Un movimiento que desde hace años se ha profundizado en Hollywood con figuras como Brad Pitt, Margot Robbie, Leonardo DiCaprio o Emma Stone como una forma de controlar sus carreras y de implicarse en los proyectos que lideran. «No puedo hablar en nombre de nadie ni hacer afirmaciones generales sobre las motivaciones de otras personas. En mi caso es para formar parte de la conversaciones más conceptuales, no tanto de la estructura con los creadores. Simplemente de nuestro argumento, nuestros personajes y la relación matrimonial principal. Es algo así como compartir la responsabilidad, ser los guardianes del personaje», remarca Connelly.
Ese personaje, Daniela, está explorando en este caso si, en mitad de ese multiverso y de esa superposición cuántica, puede sobrevivir el amor, las relaciones personales… «Creo que hay algo romántico en esa idea, aunque pueda parecer poco romántica, de la elección y el compromiso. Hay algo hermoso en decir ‘este es el camino que he elegido y mi viaje no consiste en buscar algo diferente, más fácil o mejor, he elegido esta persona, este camino y me he comprometido’. Hay algo hermoso en reconocer que la felicidad viene de dentro, de nosotros mismos y de lo que hacemos con lo que tenemos», afirma Connelly.
Si es que fuese ella.
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