
“Sean indulgentes”, dijo Cristina Pardo al arrancar La mesa, el programa que estrenó este miércoles en Antena 3. Me gustó esa petición al respetable, porque es tan fácil asomar la daga cuando es para otros, salvo para uno mismo. La periodista se mostró nerviosa al principio, en un plató sobrio y con una escenografía y una luz que enguapece a cualquiera. Dijo también al empezar que se hablaría de lo importante y de lo frívolo, que para la que escribe no son necesariamente cosas distintas. Y también me gustó. La mesa que preside, dijo, tiene vida propia y será como Kit, su propio Coche fantástico. Aquí pensé que la referencia quedaba antigua, pensé en la Generación Z, pero inmediatamente después me acordé de la edad de los que vemos televisión en directo, y supe que no hacían falta más explicaciones.
La periodista se mostró nerviosa al principio, en un plató sobrio y con una escenografía y una luz que enguapece a cualquiera
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La periodista se mostró nerviosa al principio, en un plató sobrio y con una escenografía y una luz que enguapece a cualquiera
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“Sean indulgentes”, dijo Cristina Pardo al arrancar La mesa, el programa que estrenó este miércoles en Antena 3. Me gustó esa petición al respetable, porque es tan fácil asomar la daga cuando es para otros, salvo para uno mismo. La periodista se mostró nerviosa al principio, en un plató sobrio y con una escenografía y una luz que enguapece a cualquiera. Dijo también al empezar que se hablaría de lo importante y de lo frívolo, que para la que escribe no son necesariamente cosas distintas. Y también me gustó. La mesa que preside, dijo, tiene vida propia y será como Kit, su propio Coche fantástico. Aquí pensé que la referencia quedaba antigua, pensé en la Generación Z, pero inmediatamente después me acordé de la edad de los que vemos televisión en directo, y supe que no hacían falta más explicaciones.
“Admiro a la gente que habla con propiedad”, anunció. Y dio paso a los primeros comensales, los periodistas Vicente Vallés e Irene Dorta, el exjefe de Gabinete de Pedro Sánchez Iván Redondo –“Yo no milito en el misterio, milito en la claridad”— y el abogado Javier Nart. ¿El asunto? Ceuta. ¿Me interesa? Muchísimo, pero si llevo escuchando y leyendo sobre el asunto desde las seis de la mañana, digamos que a las 11 de la noche una está ni siquiera para lo frívolo, sino para llevar un buen rato con el retinol haciendo de las suyas en su rostro. Pero quizá sea yo, que soy de acostarme pronto y que no he recenado jamás en mi vida.
Luego llegó Carlos Alsina, que como es una persona que siempre me interesa y a la que quiero, no debo juzgar en estas cuatrocientas palabras.
Mi interés creció en la conversación en la que se habló de la fama. Con Pepe Navarro, Máximo Huerta —que no se quiso sentar en la silla de Iván Redondo porque le daba “mal rollo” y llamó “tramposo” al presidente del Gobierno—, Ivana Rodríguez y Rocío Domingo. Como también creció con las entrevistas a Inma del Moral y a Valerie Tasso. Por no estar quemadas, y porque a estas alturas lo que una le pide a la vida, por muy difícil que parezca, es gente poco previsible. La audiencia premió este debut y obtuvo un 13,1% de share, líder en la noche del miércoles. A cambio, me castigó con peores ojeras de las que ya me acompañan. Veremos qué sucede el miércoles que viene.
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