En 1982, cuando apenas contaba con 18 años, un australiano de modales rudos, mandíbula troquelada y flequillo rockabilly lanzó un single titulado I Just Wanna Be Like Marlon Brando (es decir, Yo solo quiero ser como Marlon Brando). No lo compró mucha gente, pero ahí quedó. No era muy bueno, pero a nadie pareció molestar. Con el correr del tiempo, apenas 19 años después, aquel cantante lograba no un Emmy sino un Oscar. Aquel músico era en verdad un actor. Y muy bueno. Más datos. Entre 2000 y 2002, el joven que ya no lo era tanto logró lo que solo una decena de intérpretes ha conseguido en la historia: ser nominado a los premios de la Academia de Hollywood tres años de forma consecutiva. En la lista de oro, en efecto, Marlon Brando y el protagonista de esta historia, que no es otro que el del título de arriba del todo: Russell Crowe. Por cierto, las películas de las que hablamos fueron y son El dilema, Gladiator (con la que ganó el Oscar) y Una mente maravillosa.
El actor presenta en el Festival de Venecia What Love Builds, un autorretrato, que también es reivindicación y hasta venganza, del músico que siempre ha acompañado a su faceta de intérprete
En 1982, cuando apenas contaba con 18 años, un australiano de modales rudos, mandíbula troquelada y flequillo rockabilly lanzó un single titulado I Just Wanna Be Like Marlon Brando (es decir, Yo solo quiero ser como Marlon Brando). No lo compró mucha gente, pero ahí quedó. No era muy bueno, pero a nadie pareció molestar. Con el correr del tiempo, apenas 19 años después, aquel cantante lograba no un Emmy sino un Oscar. Aquel músico era en verdad un actor. Y muy bueno. Más datos. Entre 2000 y 2002, el joven que ya no lo era tanto logró lo que solo una decena de intérpretes ha conseguido en la historia: ser nominado a los premios de la Academia de Hollywood tres años de forma consecutiva. En la lista de oro, en efecto, Marlon Brando y el protagonista de esta historia, que no es otro que el del título de arriba del todo: Russell Crowe. Por cierto, las películas de las que hablamos fueron y son El dilema, Gladiator (con la que ganó el Oscar) y Una mente maravillosa.
Pero como sea que la vida da vueltas y nadie en la Tierra se conforma con lo que tiene por mucho que sea, el viernes se dejó ver en Venecia el que quería ser Marlon Brandon para anunciarnos que lo que le gustaría ahora es ser, por ejemplo, Eric Clapton u otro tan grande en la música como Brando lo fue en la interpretación. No lo dijo así, pero como si sí. «Me lo preguntan mucho y lo único que puedo decir es que para mí no hay diferencia entre la interpretación y la música. Las dos provienen de la misma fuente creativa; las dos se encuentran interconectadas y diría incluso que son la misma cosa», dijo Russell Crowe como preámbulo y presentación de What Love Builds, una peculiar autobiografía convertida en documental de toda una vida como músico, que no como actor, del propio actor/músico.
Para situarnos, la película recoge 45 años de imágenes familiares, grabaciones sobre el escenario y documentos de aquí y allá recopilados casi con voluntad de testamento. O de manifiesto. El propio Crowe comenta, ordena y clasifica cada centímetro de celuloide se diría que con la intención de reivindicar su faceta más olvidada, más criticada y, llegado el caso, ridiculizada. La película lo muestra todo con la devoción debida hacia el protagonista, pero sin descuidar el sentido y oportunidad de la ironía. Y ello desde sus inicios como Russ le Roq a su banda actual Indoor Garden Party pasando por 30 Odd Foot of Grunts. «Tengo que reconocer», dice en un momento de What Love Builds, «que no soy muy bueno eligiendo nombres para mis grupos». No solo se le escucha cantar y cantar (quizá más de la cuenta), sino que se recupera algunas de sus apariciones estelares en late shows, portadas de periódicos y series diversas. Y entre todas ellas, la más divertida de todas en la serie South Park convertido en el más cabreado y más desafinado de los sujetos sobre el planeta. Y él se ríe. Y se canta, claro.
«El cine es genial. Es una aventura intelectual. Construyes la actuación en tu sala de estar, vas y haces tu trabajo, y luego, un año o año y medio después, ves el efecto, la serie de momentos emotivos que quizás planeaste y si lograste conectar con el público o no. El rock and roll es inmediato, es totalmente instantáneo, y eso es lo emocionante. En verdad, uno y otro lo hago pensando en el público. Aunque también es verdad que no soy un esclavo del público», dice por aquello de dejar claro que ni cuando lo intenta Russell Crowe deja de ser Russell Crowe. Y sigue: «No creo que haya gestionado muy bien mi relación con la industria. Pero aún así no me ha ido tan mal. Soy consciente de que mi sentido del humor me ha generado algún que otro problema. De donde vengo, acostumbramos a decir las cosas de manera muy directa y esa forma de ser no se ha apreciado mucho». Pausa. «Resumiendo, diré que siempre he hecho lo que me ha apetecido y lo que he sentido que debía hacer…». Queda claro. y queda aún más claro que ahora es la música.
What Love Builds tiene bastante de venganza. No lo disimula. Entre confesiones sentidas, declaraciones de amor a la familia y un repaso más bien somero por los otros aspectos de su vida, donde la película se detiene es en el escenario. Y ahí se queda a vivir. Las alusiones a sus críticos son constantes y es desde ellas desde donde Crowe se atreve a versionar Romeo and Juliet, de Dire Straits, en una interpretación rota, bronca y completamente despegada de cualquier amago de melodía. Crowe canta, pero también sabe cómo golpear las canciones.
Cuenta que aún le quedan proyectos, deseos y ganas de ser aún más grande que el propio Russell Crowe. Cuenta que jamás ha tenido un solo plan en toda su carrera, que no sabe siquiera qué sea eso de una carrera. Cuenta que su prioridad ahora es estar con sus hijos el mayor tiempo posible. Cuenta que habrá gira de su grupo por Europa de Este en 2027. Cuenta que dentro de poco estrena película en Netflix. Y mientras cuenta sonríe con una leve mueca tan indisimuladamente narcisista como ligeramente autodestructiva. Hasta en eso cada día que pasa se parece más y más a Marlon Brando. Brando no cantó, pero algo sí que cantuvo. Como Crowe, exactamente igual.
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