Probablemente, Pedro Almodóvar haya conseguido que unos cuantos rescaten Peces del montón de libros pendientes. El director admitió en el Festival de cine de Nueva York que le gustaría adaptar la última novela de Eva Baltasar, pero que no está claro que consiga encontrar a dos actrices dispuestas a asumir la exigencia física de interpretar la pareja de mujeres protagonistas, que mantienen una relación amorosa y muy sexual que, para entendernos rápido, llamaremos tóxica. Que al director le haya interesado la novela no es sorprendente, porque tiene mucho de lo que le suele gustar: la idea de peligro en el deseo y la intimidad, homosexualidad sin demasiado trauma, cierto barroquismo visual (una de las protagonistas vive en una casa abarrotada de objetos raros), y una escritora con una crisis creativa. No sabemos si tendremos la versión almodovariana de La vida de Adèle (el claro referente) porque por ahora no hay más certeza que este comentario, así que de momento hablemos sobre el libro.
‘Peces’, la novela que ha interesado a Pedro Almodóvar, narra la historia de amor tortuoso entre una escritora y una vendedora de pescado ambulante
Probablemente, Pedro Almodóvar haya conseguido que unos cuantos rescaten Peces del montón de libros pendientes. El director admitió en el Festival de cine de Nueva York que le gustaría adaptar la última novela de Eva Baltasar, pero que no está claro que consiga encontrar a dos actrices dispuestas a asumir la exigencia física de interpretar la pareja de mujeres protagonistas, que mantienen una relación amorosa y muy sexual que, para entendernos rápido, llamaremos tóxica. Que al director le haya interesado la novela no es sorprendente, porque tiene mucho de lo que le suele gustar: la idea de peligro en el deseo y la intimidad, homosexualidad sin demasiado trauma, cierto barroquismo visual (una de las protagonistas vive en una casa abarrotada de objetos raros), y una escritora con una crisis creativa. No sabemos si tendremos la versión almodovariana de La vida de Adèle (el claro referente) porque por ahora no hay más certeza que este comentario, así que de momento hablemos sobre el libro.
Eva Baltasar ocupa un lugar singular en el sistema literario catalán, porque su obra es capaz de mantener un aura comercial y periférica a la vez. Es decir, ella tiene una reputación de autora plácidamente mainstream, con el lugar garantizado en las listas de los libros más vendidos, pero también el respeto de la crítica, cierta opacidad y una ambición lírica que bebe de su pasado como poeta, con un estilo que es a veces recargado pero también preciso e incluso glacial, y que nunca cae en el hermetismo. La autora cuenta también con el mérito de ser la única escritora catalana en haber llegado a la short-list del Booker internacional y es finalista del próximo premio Médicis Étranger.
Ocupa un lugar singular en el sistema literario catalán, porque es capaz de mantener un aura comercial y periférica a la vez
Baltasar se dio a conocer con Permafrost (2018), la primera novela del llamado Tríptico que también componen Boulder (2020) y Mamut (2022). Es un grupo que tiene algo de arbitrario, porque las dos novelas posteriores, Ocaso y fascinación (2024) y Peces, podrían añadirse a la secuencia sin desencajar del todo. Las cinco novelas están protagonizadas por mujeres sin nombre y algo solitarias, que con diferentes grados de extrañeza o brutalidad chocan y tratan de sobrevivir a las expectativas sociales y personales de lo que tiene que ser madurar, trabajar, procrear o desear.
Peces es la más contenida hasta ahora, al menos por lo que respecta a la trama. Una mujer, por primera vez escritora como la autora, conoce a una vendedora de pescado ambulante en uno de sus viajes para asistir a un club de lectura. Enseguida empieza una especie de obsesión mutua, que se va convirtiendo en opresora para la narradora, que se acaba dando cuenta que ha vivido algo distinto al amor: “Es como si Victoria, en lugar de amarme, me hubiese infectado. Como si el amor fuese una transmisión y no una creación”. La sencillez argumental no impide la exuberancia estilística y de hecho le juega a favor a la novela. La ausencia de tramas más complejas como la de Permafrost o de sentencias filosoficopolíticas como las de Ocaso y fascinación deja todo el espacio para el lirismo, y la novela se plaga de metáforas corporales y referencias (“Los sentimientos tienen esporas y a través del aliento, de boca en boca, se pueden propagar”; “Son las cinco de la tarde y el cielo se apresura a oscurecerse, es un cielo triste que no conoce los peces, incapaz de amar”). Quizás Almodóvar necesite una voz en off.
Dicen que Eva Baltasar escribe enfrentada a un espejo y quizás sea por eso que su prosa tiene siempre algo de violenta, como si escribiendo pretendiera vengarse del peso de todas esas expectativas mirándolas a la cara. En esta novela, por primera vez, la autora puede ser más explícita con su idea de literatura, porque la narradora es una escritora de éxito (como Baltasar) que trata de escribir otra novela, pero la historia con Victoria se impone en la vida y también en la escritura. Eso le permite a la autora arremeter contra lo que el lector buscará en su obra (y de paso contra ciertas hipocresías de las presentaciones y clubes de lectura): “Lo digo y lo repito: la escritura no te libra de nada”; “El mundo está lleno de manos que condenan la escritura a galeras”. Y el mejor resumen: “Nada te doy, despliego mi historia, que es un altar investido de imágenes”.

Peces
Eva Baltasar
Traducción de Unai Velasco
Random House, 2026
128 páginas, 18,90 euros

Peixos
Eva Baltasar
Club Editor, 2026
186 páginas, 19,50 euros
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