Pocas sensaciones se hacen tan familiares como la pérdida. Un fallecimiento cercano parece la situación más tradicional. Pero también lo son un despido y hasta una ruptura amorosa. «Nos resistimos demasiado a que las cosas cambien, que se desmoronen. Yo quería hacer un elogio a esa pérdida, a soltar, a la posibilidad de cambiar y volver a empezar». Quien habla es Noemi Rodríguez, directora y protagonista de Al final de las cosas, la nueva pieza teatral que ocupará los escenarios del Teatro María Guerrero. «Quería que dentro de esa oscuridad hubiera una grieta que dejase pasar una luz», agrega. Sobre esa idea se construye la obra.
La directora gallega estrena en el Teatro María Guerrero Al final de las cosas, una pieza sobre las rupturas amorosas que reflexiona sobre la pérdida y todos los sentimientos que la acompañan
Pocas sensaciones se hacen tan familiares como la pérdida. Un fallecimiento cercano parece la situación más tradicional. Pero también lo son un despido y hasta una ruptura amorosa. «Nos resistimos demasiado a que las cosas cambien, que se desmoronen. Yo quería hacer un elogio a esa pérdida, a soltar, a la posibilidad de cambiar y volver a empezar». Quien habla es Noemi Rodríguez, directora y protagonista de Al final de las cosas, la nueva pieza teatral que ocupará los escenarios del Teatro María Guerrero. «Quería que dentro de esa oscuridad hubiera una grieta que dejase pasar una luz», agrega. Sobre esa idea se construye la obra.
Rodríguez reflexiona sobre la pérdida. Sobre el amor, y el desamor. Sobre encontrarse y perderse por el camino. Convierte la obra en una pieza hiperrealista al recrear una situación para nada ajena. Su proceso de escritura se remonta un año -y muchas lágrimas- atrás y ella, que es actriz, directora, dramaturga y hasta pedagoga, toma inspiración de todas sus vertientes para dar con la clave en esta nueva propuesta. Al final de las cosas, dice, atraviesa una situación de crisis amorosa, ese momento en el que quedarse parece tan mala idea como abandonar la relación. «Es una comedia trágica sobre el desmoronamiento de las promesas que esta pareja se había hecho», reflexiona. No sorprende, entonces, que la pieza incluya una amplísima paleta de emociones, desde lo bello hasta lo desgarrador: «Esto es riquísimo a nivel teatral y de una humanidad radical», asegura. Y añade: «Cuando tiene lugar esta situación de resistencia dejas de ser la persona que eras antes para convertirte en otra, lo cual es un proceso de desgarro y de pérdida de identidad fortísimo en el que hay una deformación que es fea, bella, sublime patética y ridícula».
La obra, representada hasta el 15 de noviembre en la Sala de la Princesa, se enmarca en esta dicotomía entre la ternura y la crueldad. Los protagonistas se enfrentan a todas las fases del duelo emocional, pero lo hacen desde el plano físico. Fue durante un taller de interpretación cuando esa idea llegó a manos de la directora. «Poco se habla del dolor de cuerpo», se dijo entonces. Porque el dolor de una pérdida amorosa parece arrasar con todo a su paso y se habla demasiado poco de lo fisiológico cuando el impacto emocional cobra más importancia. La pieza utiliza el cuerpo de los actores para contar una realidad emocional, sí. Pero también utiliza su comicidad para hacer frente a una tragedia. Rodríguez lo explica mejor: «La comedia es la mejor forma de tratar situaciones difíciles. Cuanto más tristes estamos, más usamos el humor para enmascarar nuestra tristeza, porque nos relaja y nos hace más permeables».
Al final de las cosas aterriza en el María Guerrero con la fuerza de todas las emociones. Y lo hace con unos decorados y una estética que guían toda la conversación: «La escenografía apela a un universo de La Vegas, un poquito decadente, que refleja un amor que ya está en la fase de descenso mientras condensa cualidades de la pieza como la irreverencia, el desenfado, la frescura y la promesa de lo romántico», auspicia. Porque para la directora y actriz principal, «la imagen es el ADN del teatro» y este solo se puede entender a través de la emoción.
Directora, actriz, dramaturga y pedagoga. Noemi Rodríguez repasa su extensa formación -la española y la que recibió en el extranjero- y los acontecimientos que le han llevado hasta ese Al final de las cosas que hoy se estrena ante el público. «Me he dado cuenta de que la gente responde de igual manera aun sin entender el significado de las palabras. Porque en el teatro operan distintas maneras de llegar al público que no son solo el significado del texto, como la música y, sobre todo, la emoción».
Patetismo, ternura, violencia. Belleza, en definitiva. Adjetivos que describen la obra y que la propia actriz repite incansable. La pieza va llegando a su fin. Noemi Rodríguez representa, junto a Alejandro Jato una dualidad compleja sobre el escenario. El final, dice, es una novedad de la directora. Acostumbrada a los comieron perdices, esta vez apuesta por un salto al vacío, un desenlace inconcluso. Queda claro que la historia es de ficción, que los actores principales sólo interpretan un papel. Aun con ello, lo que muestran se convierte poco a poco en una realidad. «Esto sucede siempre en el teatro ¿no? Aunque sabes que todo es mentira, hay cosas que se sienten como verdades aplastantes».
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