Que una película quede finalmente redondeada no con sus imágenes ni con sus diálogos, sino con una información escrita, sobreimpresionada en la pantalla tras su evocador último plano, podría ser uno de los mejores ejemplos del anticine. Y sin embargo, aunque todo esto ocurra en los últimos segundos de Omaha, opera prima del estadounidense Cole Webley acerca del poder de la familia y de los lazos de sangre, es solo entonces cuando todo se acaba de entender y de pulir hasta las más puras emociones: la del dolor; también la de la esperanza y, sobre todo, la de la compasión hacia sus personajes.
El filme narra la historia de un padre que una penosa mañana despierta a sus hijos para iniciar en su destartalado coche un largo viaje hacia lo que parece ninguna parte
Que una película quede finalmente redondeada no con sus imágenes ni con sus diálogos, sino con una información escrita, sobreimpresionada en la pantalla tras su evocador último plano, podría ser uno de los mejores ejemplos del anticine. Y sin embargo, aunque todo esto ocurra en los últimos segundos de Omaha, opera prima del estadounidense Cole Webley acerca del poder de la familia y de los lazos de sangre, es solo entonces cuando todo se acaba de entender y de pulir hasta las más puras emociones: la del dolor; también la de la esperanza y, sobre todo, la de la compasión hacia sus personajes.
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