En los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf, levantados tras el éxodo de 1975, viven unas 173.000 personas atrapadas en un limbo que dura ya medio siglo y cuya vida cotidiana depende de una ayuda humanitaria cada vez más precaria En los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf, levantados tras el éxodo de 1975, viven unas 173.000 personas atrapadas en un limbo que dura ya medio siglo y cuya vida cotidiana depende de una ayuda humanitaria cada vez más precaria
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En los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf, levantados tras el éxodo de 1975, viven unas 173.000 personas atrapadas en un limbo que dura ya medio siglo y cuya vida cotidiana depende de una ayuda humanitaria cada vez más precaria
Mònica Torres
En la imagen, dos mujeres acompañadas de dos niñas con batas escolares posan en el campamento de refugiados saharauis de Auserd, en la provincia argelina de Tinduf.
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Actualmente, alrededor de 40.000 de ellos asisten a la escuela en los cinco campamentos. “Para los niños, el colegio no es solo un aula. La educación es un salvavidas: les permite aprender habilidades para la vida, crecer, cuidar su salud mental, relacionarse con otros niños, jugar e imaginar un futuro mejor”, explica Abu Saham. Su educación es posible gracias al trabajo de 2.000 docentes y profesionales del ámbito educativo, todos ellos voluntarios de la propia comunidad saharaui. “Nuestro principal reto es garantizar que los niños tengan acceso a una educación de calidad. Alrededor del 60% de las escuelas necesitan mejoras en el suministro de agua y en los servicios de saneamiento, mientras que el 80% requiere distintos niveles de reparación y rehabilitación”, explica. Algunas tienen ya 35 años y cuentan con infraestructuras muy básicas que no fueron concebidas para ser permanentes y que sufren con frecuencia el impacto de las tormentas de arena, las inundaciones y de las altas temperaturas. En la imagen, una clase de quinto de primaria en uno de los colegios del campamento de Auserd. Mònica Torres
«Hay poca evidencia sobre ese impacto. Sin embargo, sabemos que muchos niños, según observan, por ejemplo, los profesores o los padres, muestran signos de ansiedad y estrés. Y esto está relacionado con vivir en las duras condiciones del desierto, además de estar expuestos a numerosos fenómenos climáticos extremos que, realmente, ningún ser humano debería tener que afrontar de forma habitual. A eso se suman las condiciones básicas de vida que tienen y el hecho de saber que probablemente seguirán viviendo como refugiados hasta que se encuentre una solución para ellos», explica.
Esta situación, subraya, no solo condiciona el presente, sino que puede tener consecuencias a largo plazo. «Cuando ese niño crezca y se convierta en joven y después en adulto, ¿cómo será realmente su dimensión emocional? La salud mental y el bienestar en su conjunto son, para nosotros, una verdadera preocupación», añade.
Mònica Torres
Este sector ha sido uno de los más afectados por los recortes en la financiación de la ayuda humanitaria. Eduardo Irigoyen Soria, director de ATTsF, explica que en 2023 la flota estaba formada por 36 camiones cisterna. En 2025, Acnur financiaba 26 vehículos, además de los salarios de los conductores, los mecánicos y las labores de mantenimiento. Esa financiación desapareció en enero de 2026. Durante varios meses, el sistema operó con tan solo 10 cisternas, aunque un acuerdo con la Dirección General de Protección Civil y Operaciones de Ayuda Humanitaria de la Comisión Europea (ECHO, por sus siglas en inglés) permitió ampliar el servicio hasta 16 vehículos, una cobertura garantizada hasta marzo de 2027.
De cara a la campaña de verano, la flota ha aumentado hasta las 28 cisternas gracias a la incorporación de cuatro vehículos financiados por entidades locales navarras y otros 12 camiones cisterna aportados por el Gobierno de Argelia, explica Irigoyen. En la imagen, uno de los camiones cisterna rellena los depósitos en una casa de Auserd.Mònica Torres
Además, casi uno de cada tres niños presenta retraso en el crecimiento y alrededor de dos de cada tres padecen anemia. La falta de hierro también afecta al 60% de las mujeres embarazadas, lo que aumenta la probabilidad de tener un embarazo y un parto de riesgo y de que el bebé tenga anemia al nacer. Debido a esto, el bebé tiene más probabilidad de sufrir infecciones desde que nace y a lo largo de la vida, advierten desde Médicos del Mundo. «Otro gran reto es que hay numerosas personas, entre un 11% y un 20%, con enfermedades crónicas que necesitan tener un seguimiento que ahora mismo no está siendo adecuado. También tenemos bastante inseguridad alimentaria, un 67% de inseguridad alimentaria», resume Sanz. En la imagen, un sanitario entra en uno de los departamentos del Hospital Nacional Bachir Saleh en Rabuni, en el centro administrativo de los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf.Mònica Torres
En la fotografía, tomada el 29 de abril, la ginecóloga de la brigada de médicos cubanos María Ofelia Benítez atiende a una mujer embarazada de gemelos en una de las consultas del Hospital Nacional Bachir Saleh, en Rabuni, centro administrativo de los campamentos de refugiados saharauis en Tinduf, Argelia. Mònica Torres
Sentado encima de una alfombra de piel de animal, este hombre de ojos claros que aún guarda su DNI español, recuerda con gesto sereno cómo el 31 de diciembre de 1984 perdió las dos manos y a uno de sus compañeros. Ese día se encontraba con otros dos militares en la zona de Zamour, cercana a la frontera con Mauritania. Se habían parado a descansar bajo la sombra de unos árboles. Encendieron una hoguera y, de repente, todo saltó por los aires. Ahmed perdió las dos manos, uno de sus compañeros murió y el otro sufrió heridas leves. Desde hace años vive en este centro, que hoy acoge a medio centenar de pacientes, la mayoría hombre mayores, según explica su director, Moulud Saklma.
Mònica Torres
Desde finales de 2020, Marruecos y el Frente Polisario han librado un conflicto de baja intensidad en el Sáhara Occidental que alcanzó sus cotas más elevadas el pasado mes de junio, cuando un ataque con drones marroquíes cerca del muro de arena construido por Hassan II mató a tres combatientes saharauis, entre ellos Lahbib M. Abdelaziz, de 37 años, dirigente y mando militar del Frente Polisario e hijo del exlíder saharaui Mohamed Abdelaziz, quien dirigió el movimiento independentista entre 1976 y 2016.
Semanas antes, se había producido otro incidente, tras el ataque con artillería del Polisario contra una base militar marroquí en Smara, al noreste del Sáhara Occidental, sin víctimas.
En la imagen, un grupo de militares del Frente Polisario escolta a los visitantes y a las autoridades durante la celebración del FiSahara el pasado mes de mayo.Mònica Torres
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