
El 17 de junio de 2024, el madrileño teatro de La Latina acogió una charla sobre la que fue su propietaria, Lina Morgan. Lo hizo con motivo del estreno del documental Lina, de Movistar Plus, y reunió en el escenario a unas cuantas personas dispuestas a hablar de ella y, de paso, a homenajearla. Estaban Joaquín Reyes, Manuela Velasco, Samantha Hudson, Pepa Rus, Goizalde Núñez y Paz Padilla, moderados por Nerea Pérez de las Heras. Porque el objetivo era ese, hablar de Lina Morgan y de lo que supuso para la cultura de este país, aunque quien acaparó el micrófono y lo convirtió casi en monólogo fue Paz Padilla. La gaditana disertó sobre la genial cómica, pero su locuacidad la llevó a lugares algo más incómodos a juzgar por las miradas de sus compañeros de tablas y las de parte del público. La nostalgia por otros tiempos, en los que apenas había derechos laborales, por ejemplo, con esa manía que tienen algunos por cogerse vacaciones. Quizá Padilla iba con la mejor de las intenciones ese día, dispuesta a que nos descacharráramos de risa, pero aquello fue, digamos, intenso de más.
Nos ha hecho reír a casi todos, pero cuando le dio por hablar de la parca fue cuando España, una vez más, se partió en dos. “Básicamente es hiperactiva, tiene agotados a todos por camerinos”, dice Alberto Caballero
El 17 de junio de 2024, el madrileño teatro de La Latina acogió una charla sobre la que fue su propietaria, Lina Morgan. Lo hizo con motivo del estreno del documental Lina, de Movistar Plus, y reunió en el escenario a unas cuantas personas dispuestas a hablar de ella y, de paso, a homenajearla. Estaban Joaquín Reyes, Manuela Velasco, Samantha Hudson, Pepa Rus, Goizalde Núñez y Paz Padilla, moderados por Nerea Pérez de las Heras. Porque el objetivo era ese, hablar de Lina Morgan y de lo que supuso para la cultura de este país, aunque quien acaparó el micrófono y lo convirtió casi en monólogo fue Paz Padilla. La gaditana disertó sobre la genial cómica, pero su locuacidad la llevó a lugares algo más incómodos a juzgar por las miradas de sus compañeros de tablas y las de parte del público. La nostalgia por otros tiempos, en los que apenas había derechos laborales, por ejemplo, con esa manía que tienen algunos por cogerse vacaciones. Quizá Padilla iba con la mejor de las intenciones ese día, dispuesta a que nos descacharráramos de risa, pero aquello fue, digamos, intenso de más.
Padilla ha hecho de todo en la vida. Nació con ese superpoder extraordinario que es el humor, y de él hizo escuela y con él hizo cuenta corriente. Ha presentado programas como Sálvame y El último viaje, y ha sido también colaboradora; presentó las campanadas en Canal Sur y en Telecinco y es empresaria de una marca de moda con su hija. Ha participado en películas como Marujas asesinas y A todo tren, en series de televisión como¡Ala…dina!, Mis adorables vecinos y La que se avecina, y ha hecho teatro. También le ha dado tiempo a escribir libros hablando de humor, de madres y, en dos de ellos, ha puesto palabras al duelo por la muerte de su segundo marido, Antonio Vidal, que falleció en julio de 2020 a causa de un tumor cerebral. Dos obras tituladas El humor de mi vida yAlzar el duelo, editadas por Harper Collins. Del primero se vendieron más de 300.000 ejemplares y fue la obra de no ficción más vendida en España en 2021.
Porque Paz nos ha hecho reír a casi todos, pero cuando le dio por hablar de la parca fue cuando España, una vez más, se partió en dos. “A mí me llaman la doctora muerte”, le contó a Toñi Moreno, medio en serio, medio en broma, durante una entrevista en el programa El hilo verde, de Canal Sur. Desde entonces hubo una España que empatizó y que lloró con ella, y ese duelo lo hizo suyo. Y hubo otra España que torció el gesto y lo interpretó como morbo, como espectáculo, como el inicio de una carrera hacia lo espiritual en la que sigue.
Cuando Mediaset canceló su último programa, El show de Paz, que apenas duró dos meses en emisión, citó a Buda en su discurso de despedida. Tiempo atrás había dicho en una entrevista: “Todas las muertes tienen un sentido” y fue sonora su bronca con Belén Esteban en Sálvame por las vacunas del coronavirus. “Es el claro ejemplo de lo malas que son las pseudociencias. Lo mismo te limpia el aura que te cuenta un chiste. Es la versión 2.0 de Anne Germain”, dice un compañero de Telecinco que prefiere no decir su nombre. Otra compañera, que ha formado parte del equipo de El Show de Paz, dice que, aunque en el trato con ella ha sido “correcta y maja”, no vio pasar a Padilla ni un solo día a saludar al equipo, aunque “quiera vender constantemente la idea de que todos nos tenemos que querer”.

Lo que no se cuestiona es su capacidad de trabajo. Alberto Caballero, uno de los creadores de la serie La que se avecina, donde interpreta a La Chusa, destaca de ella: “Básicamente es hiperactiva, tiene agotados a todos por camerinos. No para de grabarse vídeos para redes e intenta meter ahí a todo el mundo. Y es muy cariñosa. Tienes la sensación de que se preocupa genuinamente si te pasa algo, y te llama, y te pregunta. Me parece una persona sincera. Pero vamos, si preguntas al resto de actores, ¡los tiene fritos!”
El perfil de Instagram de Paz Padilla es un continuo parque de atracciones, pero con las bajadas bruscas de la montaña rusa. Se ríe de todo y de todos, empezando por ella misma. Quiere gritarle al mundo y al algoritmo que el amor todo lo puede, y el humor también. Aunque haya compañeros que adviertan de que con el tiempo ese carácter ha cambiado en las distancias cortas, y que se ha vuelto mucho más desconfiada. “¡Te quiero!”, dicen que grita a la mínima, aunque no te conozca. Intensa de más.
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