Cuando al final del festejo los protagonistas no son los toreros o los toros, algo falla. Y si hay reincidencia aún peor. Hablamos de Pilar Bojó, la presidenta que no se pone delante pero que copa titulares como si de una figura se tratase. Saltarse el reglamento, precisamente, es otra cosa muy distinta a ser figura, pese a figurar. Ya le negó una oreja tras otra en Fallas a Tomás Rufo («Un atraco al viejo Tomás Rufo en la joyería de lujo de Domingo Hernández en Valencia«, tituló Zabala de la Serna) y ayer lo volvió a hacer con Roca Rey, al que negó un trofeo pedido mayoritariamente por el público en su primero y el segundo del sexto pedido también de forma clamorosa.
Pasea una oreja que debieron ser tres y una más corta Alejandro Talavante con la corrida de Juan Pedro Domecq
Cuando al final del festejo los protagonistas no son los toreros o los toros, algo falla. Y si hay reincidencia aún peor. Hablamos de Pilar Bojó, la presidenta que no se pone delante pero que copa titulares como si de una figura se tratase. Saltarse el reglamento, precisamente, es otra cosa muy distinta a ser figura, pese a figurar. Ya le negó una oreja tras otra en Fallas a Tomás Rufo («Un atraco al viejo Tomás Rufo en la joyería de lujo de Domingo Hernández en Valencia«, tituló Zabala de la Serna) y ayer lo volvió a hacer con Roca Rey, al que negó un trofeo pedido mayoritariamente por el público en su primero y el segundo del sexto pedido también de forma clamorosa.
La bronca explotó tras caer el sexto, que pocas expectativas había despertado durante los primeros tercios, pero Roca Rey volvió a demostrar su capacidad para fabricar una faena donde parecía no haberla. Lo recibió con un inicio por estatuarios, muy firme, antes de llevarlo a los medios para ir sometiéndolo con autoridad. A partir de ahí, la labor fue creciendo sobre la base del poder, el temple y una seguridad, ligando tandas de gran profundidad por ambos pitones. El epílogo fue de máximo impacto: metido entre los pitones, enlazó redondos por la espalda, desplantes y pases de enorme exposición que terminaron de incendiar la plaza. Una estocada efectiva parecía poner las dos orejas en sus manos, pero, pese a la petición clamorosa del público, la presidenta denegó el segundo trofeo y privó al peruano de una puerta grande que el coso ya celebraba. Y se armó la mundial.
No fue el único escándalo. El precioso jabonero que hizo tercero atravesó el burladero de capotes con el pitón izquierdo que quedó marcado con la pintura de las tablas. Roca Rey midió su castigo en varas y el Domecq llegó con viveza a la muleta. Su comienzo por estatuarios se vio deslucido por un violento costalazo del toro, que ya repuesto embistió más bruto que sus hermanos anteriores. Fue imposible el lucimiento pese a la insistencia por ambas manos de un Roca Rey que acabó asustando al público metido entre los pitones del toro. Las escalofriantes bernadinas finales terminaron de calentar a los tendidos que pidieron la oreja tras una una gran estocada. La presidenta, incomprensiblemente, no antendio a la petición mayoritaria ni, por tanto, al reglamento.
No se definió en los primeros tercios en que abrió plaza. Tampoco en la apertura de faena de Manzanares. Fue cuando el alicantino le puso la muleta por la derecha cuando el toro respondió, embistiendo con poder, sin terminar de humillar. Se metía por dentro el toro por ese pitón y por ahí se lo pasó más cerca el torero, que soltó bien los vuelos al natural, con las relajo, para volver después en redondo, por donde hizo sonar la música. Un pinchazo previo a una soberbia estocada le dejó sin premio.
El cuarto lució una impresionante estampa. Y desarrolló nobleza en la muleta, pero su embestida careció de transmisión y la larga faena de Manzanares no terminó de explotar pese a la música.
El serio y cuajado el colorao ojo de perdiz de Juan Pedro que hizo segundo apuntó calidad de salida. Y también la fortaleza justa. Consciente de ello, Alejandro Talavante no dudó en comenzar directamente al natural una faena inspirada y, sobre todo, bien cimentada. Porque administró a la perfección los tiempos el extremeño y eso fue clave para la duración del toro, al que toreó con gusto por ambas manos. Lo mató por arriba y se ganó la primera oreja de la tarde.
La lucidez de Talavante quedó patente de nuevo frente al quinto, que bajó un punto en presencia y que embistió descompuesto a las telas. Lo mimó con paciencia hasta lograr levantar algo que parecía imposible. Tanto se gustó que se pasó de faena y se complicó el tiro para matar. Y se esfumó la oreja.
Plaza de toros de Valencia. Viernes, 17 de julio de 2026. Segunda de la Feria de Julio. Más de tres cuartos de entrada. Todos de Juan Pedro Domecq, bien presentados y de juego desigual; nobles 1, 4y 6; de gran calidad el 2; desclasado el 3, descompuesto el 5.
José María Manzanares, de azul marino y oro. Pinchazo y gran estocada. Aviso (ovación). En el cuarto, media estocada y descabello. Aviso (silencio).
Alejandro Talavante, de corinto y oro. Estocada (oreja). En el quinto, pinchazo y estocada corta (ovación).
Roca Rey, de azul celeste y oro. Gran estocada. Aviso (ovación tras fuerte petición). En el sexto, estocada (oreja con fortísima petición de la otra y dos vueltas al ruedo).
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