El pasado, dicen Faulkner y Cercas, no existe. El pasado, en efecto, es el presente. Y al revés. No Other Land, de Basel Adra y Yuval Abraham, habla de la Cisjordania de hoy. El documental ganador del Oscar en 2025 relata la erradicación de manera persistente, sistemática y cruel, casi a cámara lenta, de los habitantes del poblado Masafer Yatta. La voz de Hind, de la directora tunecina Kaouther Ben Hania, cuenta un episodio de ayer mismo, uno de los más sangrantes del genocidio siempre a la vista de Gaza. El 29 de enero de 2024, la niña del título, Hind Rajab, de seis años de edad, era asesinada junto a sus dos tíos y sus cuatro primos por el ejército israelí en el barrio gazatí de Tel al-Hawa. Y, sin embargo, nada de lo narrado en estas dos producciones pese a su visceral y evidente crueldad es nuevo, viene de atrás, procede de un tiempo borrado, un tiempo cuyo relato se ha silenciado, callado o, más corto, censurado. Esta es la tesis de Todo lo que fuimos, una película histórica que habla del pasado y que, sin embargo, se antoja puro presente. El pasado, en efecto, es el presente. Y hasta el futuro.
La directora Cherien Dabis reivindica la legitimidad de un relato sistemáticamente censurado por la narrativa dominante israelí empeñada en deshumanizar a todo un pueblo
El pasado, dicen Faulkner y Cercas, no existe. El pasado, en efecto, es el presente. Y al revés. No Other Land, de Basel Adra y Yuval Abraham, habla de la Cisjordania de hoy. El documental ganador del Oscar en 2025 relata la erradicación de manera persistente, sistemática y cruel, casi a cámara lenta, de los habitantes del poblado Masafer Yatta. La voz de Hind, de la directora tunecina Kaouther Ben Hania, cuenta un episodio de ayer mismo, uno de los más sangrantes del genocidio siempre a la vista de Gaza. El 29 de enero de 2024, la niña del título, Hind Rajab, de seis años de edad, era asesinada junto a sus dos tíos y sus cuatro primos por el ejército israelí en el barrio gazatí de Tel al-Hawa. Y, sin embargo, nada de lo narrado en estas dos producciones pese a su visceral y evidente crueldad es nuevo, viene de atrás, procede de un tiempo borrado, un tiempo cuyo relato se ha silenciado, callado o, más corto, censurado. Esta es la tesis de Todo lo que fuimos, una película histórica que habla del pasado y que, sin embargo, se antoja puro presente. El pasado, en efecto, es el presente. Y hasta el futuro.
Se trata de un drama histórico y, como le gusta decir a su directora, «de algo más». La cinta cuenta la historia de tres generaciones de una familia palestina. Desde 1948 a 2022 con paradas en 1978 y 1988. El devastador impacto de la Nakba es relatado y retratado con una grave profundidad entre el dolor, la rabia y una extraña y muy amarga lucidez. La cineasta que debutara con Amerrika y que lleva años entregada a la realización de series como Orzak y Ramy hizo que todas las miradas del festival de Sundance de 2025 se volvieran hacía ella y hacia su película. Por primera vez quizá, el pueblo palestino aparecía como tal, con su historia, sus padeceres, sus errores incluso. Es decir, con su propio pasado que, de nuevo, es su presente.
Protagonizada por la propia directora y por Saleh Bakri, Todo lo que fuimos arranca con un joven herido de manera fatal en plena intifada, en 1988. Desde ahí salta hacia atrás, al momento de la formación del Estado de Israel poco después de que los británicos abandonaran la que era su colonia. La película se coloca del lado de la historia mínima, de la historia cotidiana, de cada uno de los llantos diminutos de cada uno de los miembros de una familia que se ve obligada a abandonar el lugar en el que nació para, poco a poco, convertirse, todos ellos, en prisioneros en su casa, en extranjeros de sí mismos, en prófugos de una vida de nadie.
Dabis opta por el relato transparente, frontal y crudo por momentos muy cerca del melodrama, a ratos a distancia escasa de la crónica sencilla. Su puesta en escena evita sutilezas, giros narrativos o despliegues de estilo. El cine es presentado (o utilizado, incluso) casi como una herramienta para asuntos tales como la comprensión, el diálogo o la simple información. A nadie se le escapa, y mucho menos a su directora de origen palestino y residente en el país que en buena parte financia la ruina de su gente, que una película en su modestia, además de recrear hechos, confecciona emociones, sentimientos y hasta realidades. No es tanto denuncia, que también, como simple memoria, una memoria que, de nuevo está ahí para recordarnos ella misma que el futuro solo tiene sentido desde el pasado, que es el presente. Lo dicen Faulkner, Cercas, Cherien Dabis y viceversa.
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Directora: Cherien Dabis. Intérpretes: Cherien Dabis, Saleh Bakri, Mohammed Bakri. Duración: 145 minutos. Nacionalidad: Palestina.
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